(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 03.04.2026).- En un Viernes Santo marcado por la coincidencia de calendarios religiosos y la intensificación de la crisis en Ucrania, el Papa León XIV asumió un papel familiar, pero cada vez más urgente: el de interlocutor moral en un panorama geopolítico fragmentado. Sus conversaciones telefónicas, el 3 de abril, con Isaac Herzog y Volodymyr Zelenskyy revelan una estrategia vaticana que prioriza los imperativos humanitarios, el diálogo multilateral y la oportunidad simbólica, especialmente ante la proximidad de la Pascua bajo la sombra de la guerra.
El Vaticano confirmó que ambas llamadas incluyeron un intercambio de saludos por la Pascua —tanto cristianos como judíos—, pero rápidamente derivaron en conversaciones sustantivas sobre los conflictos en Ucrania y Oriente Medio. León XIV enfatizó la continuidad de la asistencia humanitaria y reiteró un mensaje que ya había transmitido públicamente el 31 de marzo: la necesidad de un alto el fuego incondicional y, como mínimo, una tregua en Pascua. Este llamamiento parece haber quedado ahora eclipsado por los acontecimientos sobre el terreno.
This morning, I spoke with @Pontifex Pope Leo XIV to exchange greetings for the Passover and Easter holidays.
During our call, we discussed the war with Iran, including the ongoing threat of missile attacks by the Iranian regime and its terror proxies against people of all… pic.twitter.com/TQ1CjLgAUc
— יצחק הרצוג Isaac Herzog (@Isaac_Herzog) April 3, 2026
En su conversación con Herzog, el Papa retomó un principio fundamental del Vaticano: no se debe permitir que la diplomacia se derrumbe, ni siquiera en circunstancias extremas. Según la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ambas partes reconocieron la necesidad de reabrir todos los canales posibles de diálogo diplomático con miras a lograr una paz justa y duradera en todo Oriente Medio. El énfasis no fue meramente procedimental. León XIV también subrayó la protección de los civiles y el respeto al derecho internacional humanitario, un lenguaje que se alinea con la doctrina diplomática vaticana de larga data, pero que cobra mayor relevancia en medio de la escalada de hostilidades.
Herzog, por su parte, ofreció una cruda evaluación del entorno de seguridad regional. En declaraciones públicas tras la llamada, señaló lo que describió como la persistente amenaza que representan Irán y sus grupos aliados, incluidos los ataques con misiles que recientemente impactaron Jerusalén, afectando lugares sagrados para judíos, cristianos y musulmanes. También destacó la continua inestabilidad en la frontera norte de Israel, advirtiendo que Hezbolá sigue siendo una fuerza desestabilizadora que amenaza tanto a la población israelí como a la libanesa, incluidas las comunidades cristianas.
Estos intercambios se produjeron en el contexto de una escalada más amplia que involucra a Estados Unidos e Irán, con Donald Trump manifestando su disposición a intensificar la acción militar. La convergencia de estas tensiones ha ampliado el alcance del conflicto en Oriente Medio, ejerciendo una presión adicional sobre los esfuerzos diplomáticos y complicando los llamamientos del Vaticano a la desescalada.
Cabe destacar la ausencia, sin embargo, de cualquier referencia en los comunicados oficiales a un incidente delicado ocurrido en Jerusalén pocos días antes. El 29 de marzo, según informes, la policía israelí impidió el acceso de Pierbattista Pizzaballa a la Iglesia del Santo Sepulcro el Domingo de Ramos, un episodio que suscitó preocupación por la libertad religiosa en medio de las mayores restricciones de seguridad. Si bien las negociaciones posteriores permitieron un acceso limitado al clero para celebrar liturgias, ni el Vaticano ni la presidencia israelí confirmaron si el tema surgió durante la llamada del Papa con Herzog.
I spoke with His Holiness Pope Leo XIV @Pontifex today. At the very moment of our conversation, the Russians attacked Ukraine yet again – hundreds of “shaheds” and dozens of missiles against our cities and communities. In fact, the attack has been ongoing in waves since last… pic.twitter.com/RWKvjyDt3B
— Volodymyr Zelenskyy / Володимир Зеленський (@ZelenskyyUa) April 3, 2026
Si bien el diálogo sobre Oriente Medio se centró en la diplomacia y la disuasión, la llamada con Zelenskyy se desarrolló bajo la presión inmediata de la violencia en Ucrania. Según relatos ucranianos, las fuerzas rusas lanzaron oleadas de ataques durante las mismas horas de la conversación papal, alcanzando al menos cinco regiones con misiles y causando, según describió Zelenskyy, «cientos de mártires». El momento elegido puso de manifiesto la fragilidad —si no la inutilidad— de las propuestas de un alto el fuego temporal en Pascua.
En ese contexto, el mensaje de León XIV a Kiev combinó la solidaridad pastoral con prioridades humanitarias concretas. El Papa expresó su cercanía al pueblo ucraniano, que ahora vive su cuarta Pascua en condiciones de guerra, y reiteró la urgencia de garantizar la ayuda continua a una población exhausta por el conflicto prolongado. Se prestó especial atención a las iniciativas destinadas a la liberación de prisioneros, un ámbito en el que el Vaticano ha buscado discretamente ejercer influencia diplomática.
Zelenskyy reconoció el papel de la Santa Sede en la facilitación de los esfuerzos humanitarios, incluyendo la asistencia para el retorno de los niños ucranianos deportados y la ayuda invernal para las poblaciones vulnerables. También extendió una invitación para una futura visita apostólica, una idea que, si bien tiene un gran valor simbólico, conlleva importantes implicaciones logísticas y políticas en una zona de guerra activa.
En ambas conversaciones, emerge un patrón constante: el Vaticano se posiciona no como un actor clave en la toma de decisiones, sino como un defensor persistente de las normas humanitarias y el diálogo, incluso cuando estos llamamientos parecen quedar eclipsados por la realidad militar. La insistencia de León XIV en reabrir los canales diplomáticos y proteger a los civiles refleja una continuidad con sus predecesores; sin embargo, la simultaneidad de las crisis —desde Europa del Este hasta el Levante— pone a prueba los límites de este enfoque.
En este contexto, la Pascua se convierte en algo más que un hito litúrgico. Es un punto de referencia retórico y moral, invocado por el Papa como un horizonte de paz, incluso mientras continúan los ataques con misiles.
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