(ZENIT Noticias / Seúl, 08.04.2026).- En una iniciativa que refleja tanto la urgencia tecnológica como la ambición pastoral, la Arquidiócesis de Seúl ha presentado un plan a largo plazo para reestructurar todo su ecosistema informativo, situando la inteligencia artificial en el centro de su futura misión. Anunciada en abril de 2026, la iniciativa —denominada «Proyecto Carlo»— marca un cambio estratégico: de la gestión de herramientas digitales dispersas a la construcción de una infraestructura pastoral integrada y basada en datos.
La elección del nombre es deliberada. Carlo Acutis, fallecido en 2006 a los 15 años, se ha convertido en un símbolo mundial de la evangelización digital. Conocido por utilizar las primeras plataformas de internet para catalogar milagros eucarísticos y promover la devoción católica, su figura encarna una síntesis que la Iglesia busca activamente: fidelidad a la tradición combinada con dominio de las tecnologías emergentes.
A nivel operativo, el reto para Seúl radica menos en la innovación que en la consolidación. A lo largo de los años, la arquidiócesis ha desarrollado múltiples sistemas digitales: servicios de noticias, herramientas de gestión parroquial, plataformas administrativas diocesanas y una amplia gama de sitios web departamentales. Sin embargo, estos sistemas han evolucionado de forma paralela en lugar de coordinada, lo que ha dado lugar a conjuntos de datos fragmentados que limitan tanto la eficiencia como la capacidad de respuesta pastoral.
La información sobre programas de catequesis, actividades de voluntariado y participación en la vida parroquial permanece en gran medida aislada. Según el padre Kim Kwang-doo, director de la oficina de tecnología de la arquidiócesis, esta fragmentación impide que la Iglesia ofrezca servicios coherentes y personalizados a los fieles. En el panorama emergente de la IA, estas limitaciones no son meramente técnicas, sino estructurales. Los sistemas de inteligencia artificial dependen de datos bien organizados e interoperables para funcionar eficazmente. Sin esa base, su potencial se queda en la teoría.
El Proyecto Carlo busca abordar precisamente esta deficiencia. Programada para comenzar en mayo de 2026, la iniciativa se desarrollará en dos fases principales. La primera se centra en la escucha y la arquitectura. Consultores designados por la arquidiócesis se reunirán directamente con los feligreses para evaluar sus necesidades y expectativas. Esta iniciativa refleja una creciente conciencia dentro de las instituciones eclesiales sobre la necesidad de que la transformación digital tenga un fundamento pastoral, más allá de ser puramente tecnológica.
Con base en estos hallazgos, la arquidiócesis comenzará a construir una plataforma de datos integrada, junto con un rediseño integral de su presencia digital. Un elemento central de este esfuerzo es la renovación del sitio web «Buenas Noticias», un portal en línea de larga trayectoria fundado en 1998, que se acerca a su 30.º aniversario. La remodelación, prevista para el período 2027-2028, busca transformar el sitio de un repositorio de contenido en un centro interactivo capaz de soportar servicios impulsados por inteligencia artificial.
Se espera que estos servicios vayan más allá de la simple transmisión de información. El objetivo a largo plazo es crear sistemas capaces de brindar respuestas y orientación de forma autónoma, adaptándose a las necesidades de los usuarios en tiempo real. Si bien los detalles aún son limitados, la dirección es clara: una transición de la comunicación estática a la interacción dinámica, donde las plataformas digitales se convierten en extensiones de la atención pastoral.
El proyecto se desarrolla en el marco de un importante evento eclesial. La Jornada Mundial de la Juventud 2027, que tendrá lugar en Seúl, prevé una gran afluencia de peregrinos internacionales y probablemente contará con la participación del Papa León XIV. El Proyecto Carlo está diseñado, en parte, para apoyar este evento, no solo mediante la mejora de los sistemas de comunicación, sino también impulsando iniciativas globales como la campaña «Mil millones de rosarios» y la ampliación de los programas espirituales en línea.
En este sentido, el proyecto opera en la intersección de la logística y la evangelización. Los eventos a gran escala, como la Jornada Mundial de la Juventud, dependen cada vez más de la infraestructura digital, no solo para la coordinación, sino también para mantener el compromiso antes y después del encuentro. El enfoque de Seúl refleja la comprensión de que la dimensión digital de estos eventos ya no es auxiliar, sino constitutiva.
La segunda fase del Proyecto Carlo, prevista entre 2029 y 2031, extenderá la transformación a los sistemas administrativos de la arquidiócesis. Esta etapa tiene como objetivo modernizar los procesos internos, asegurando que las estructuras de gobernanza se adapten al nuevo entorno digital. Esto nos recuerda que el cambio tecnológico en los contextos eclesiales a menudo requiere tanto adaptación institucional como implementación técnica.
Lo que distingue la iniciativa de Seúl es su intento explícito de integrar la inteligencia artificial en la visión pastoral de la Iglesia sin reducirla a la tecnología. Al fundamentar su estrategia en la organización de datos, la participación de los usuarios y la inspiración simbólica, la arquidiócesis articula un modelo en el que la IA no es un fin en sí misma, sino una herramienta para fortalecer la capacidad de la Iglesia de acompañar a los fieles.
En un panorama católico global donde la transformación digital avanza de manera desigual, el Proyecto Carlo puede ofrecer un atisbo de un futuro más coordinado, uno en el que la presencia de la Iglesia en la esfera digital no sea improvisada, sino diseñada intencionalmente.
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