(ZENIT Noticias / Ciudad de México, 24.07.2026).- Una de las prioridades del Papa actual es la unidad. No se trata de una declaración de intención sino de pasos buscados en orden a la comunión en la Iglesia. El estado de la Iglesia católica en que León XIV la recibió evidenciaba la necesidad. La polarización social también tenía sus propias manifestaciones de polarización eclesial. Un episodio reciente en uno de esos dos sentidos es la ordenación sin mandato pontificios de obispos por parte de la Fraternidad San Pío X. Pero en la otra dirección lo son también los muchos gestos que de modo individual realizan diferentes personas constituidas en dignidad eclesiástica, algunos de ellos obispos.
Es útil presentar la evidencia de los hechos, ver sus interpretaciones posibles y mirar la doctrina que no ha cambiado como faro que ilumina las incongruencias. También es importante evidenciar el flaco favor que algunas decisiones hacen a la conciliación.
El obispo de Ávila, España, prohibió a un capellán de un grupo con sensibilidad litúrgica hacia la misa en latín, celebrarla para un grupo de peregrinación estadounidense. El padre João Silveira, sacerdote misionero que reúne comunidades para la celebración de la Misa en latín en todo el mundo, publicó en X el 15 de junio que un grupo de peregrinos estadounidenses pidió la reserva de una capilla en la ciudad de Ávila. Al expresar en la curia episcopal que la Misa sería en latín, se les requirió autorización del obispo: «Esa misa está prohibida en esta diócesis». La orden vino del obispo Jesús Rico García, nombrado por el Papa Francisco en 2023.
Hecho semejante protagonizó el obispo F. William Medley, de Owensboro, Kentucky, prohibiendo el 18 de mayo la misa tradicional en latín al padre David Kennedy, que celebraba según el Misal Romano de 1962, citando instrucciones previamente recibidas de la Santa Sede.
Los casos se dan en diferentes países y regiones. Y es oportuno recordar que el motu proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI en 2007, reconoció el Misal Romano de 1962 como «forma extraordinaria» del Rito Romano y concedió a todo sacerdote la libertad de celebrarlo sin necesidad de permiso especial de su obispo. El documento enmarcaba la liturgia tradicional no como una reliquia del pasado, sino como una expresión viva del culto de la Iglesia, capaz de enriquecer a todo el mundo católico.
El motu proprio Traditionis Custodes, del Papa Francisco en 2021, cambió ese enfoque y declaró que la liturgia reformada por Pablo VI después del Concilio Vaticano II como «expresión única» del rito romano y la celebración de la forma antigua quedaba bajo estricto control episcopal (para celebrar se requeriría autorización explícita y a menudo restringida a entornos no parroquiales).
Hay dos visiones eclesiosológicas en ambos documentos: uno de pluralismo litúrgico dentro de la unidad y otro de uniformidad litúrgica como condición para la comunión eclesial. El pluralismo fue establecido por el Concilio Vaticano II al pedir la adaptación en el Documento Sacrosantum Concilium en los números 38 al 40. Y el Papa León pidió el 27 de mayo el equilibrio entre conservar la tradición e impulsar la renovación.
Seguimos con el repaso de gestos: cuando el arzobispo de Detroit elogió el 5 de junio la nueva mezquita construida en la ciudad, expresó: ‘No hay lugar donde sienta mayor bondad’. La afirmación de Edward Weisenburger fue considerada por algunos como escandalosa por referir que en un templo musulmán ‘sentía muy plenamente la sensación de la presencia divina’.
A muchos llamó la atención que el arzobispo Edward Weisenburger asistiera a la inauguración de una mezquita y a la sede del Instituto Islámico de América. ¿Erró al afirmar que musulmanes y católicos adoran al mismo Dios? La declaración conciliar Nostra Aetate aprobada por los obispos del Vaticano II y promulgada por Pablo VI el 28 de octubre de 1965 marcó que «la Iglesia también mira con estima a los musulmanes que adoran al único Dios, vivo y subsistente, misericordioso y todopoderoso, creador del cielo y la tierra, que ha hablado a los hombres (…). Aunque no reconocen a Jesús como Dios, lo veneran como profeta; honran a su madre virgen, María, y a veces incluso la invocan con devoción”.
Los musulmanes no aceptan la Trinidad ni consideran a Jesucristo Dios. Pero sí adoran a un único Dios: es un vínculo que permite acercamiento en el cultivo de fe en Dios y en la vivencia de la caridad, muy acentuada entre los musulmanes, donde la Iglesia y el Islam trabajan en el mundo desacralizado que nos rodea a todos. Sin embargo, sin explicar, esto suscita confusión.
La secularización de lugares sagrados se manifestó en las pantallas de televisión instaladas para ver los partidos de futbol del Mundial en la Iglesia de San Antonio de Madrid, España. O en la reunión de gente en la catedral de Innsbruck, Austria, para comer pasta y socializar en una larga mesa frente al altar.
Otro tanto se mostró en el grupo de peregrinos que viajaba con un sacerdote de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro a quien se denegó el permiso para celebrar la misa en latín en tres ciudades diferentes de Italia, obligados a asistir a misa en el sótano de un hotel en San Giovanni Rotondo. Los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro cuentan con el reconocimiento explícito de la Santa Sede.
¿Entraría hoy Cristo destrozando los televisores en el templo? ¿O lo admitiría porque el tabernáculo se cubrió con una cortina roja en la parroquia de San Antonio de Madrid?
La línea que separa el mundo sagrado y el secular requiere agrandar el testimonio cristiano sobre el mundano. El Papa León XIV rescató una cita histórica de San Juan Pablo II en 1975: «Nada es más necesario para un mundo cada vez más secularizado que el testimonio de esta renovación espiritual». El exceso por atraer a los alejados al Evangelio no parece lograrse, pues, desacralizando los espacios de culto.
El acercamiento de la Iglesia al mundo LGTBI llevó al Cardenal Robert McElroy a expresar el 20 de junio en una homilía de una misa en la Universidad de Georgetown que el papado de León XIV ofrece señales de «gran esperanza» para el ministerio de la iglesia a los católicos del grupo LGBTI, como se vive en el ministerio ‘Alcance’ fundado por el jesuita James Martin. Algunas voces juzgaron esta declaración como contraria a la doctrina de la Iglesia y como trasladar expectativas sobre el Papa.
Pareciera que el arzobispo de Washington rebajó la posición del Papa León en la moralidad sexual al recomendar un informe vaticano con un enfoque más pastoral hacia los creyentes con atracción hacia el mismo sexo. El arzobispo expresó: «En una iglesia que con tanta frecuencia ha herido a la comunidad LGBT mediante el juicio y la exclusión, deberíamos encontrar gran esperanza en dos desarrollos importantes que han tenido lugar durante el pontificado del Papa León y que constituyen semillas ricas para el desarrollo del Evangelio en los años venideros”.
En la misma línea que ve disminuida la firmeza ante la inmoralidad de la homosexualidad, se ha criticado la acción de la Arquidiócesis de Florencia, en Italia, con un proyecto de vivienda para jóvenes adultos que se identifican como LGBTI, financiado con la asignación fiscal de Italia a la Iglesia Católica: Caritas Florence ofrece la ‘Casa Andrea’ como servicio residencial y de asesoría para adultos LGBTI de entre 18 y 35 años.
El padre Andrea Bigalli describió así la iniciativa: «Nuestro objetivo es ofrecer diálogo, escucha y apoyo concreto para que los jóvenes LGBTI puedan construir su propio camino vital de forma pacífica, evitando el aislamiento y la discriminación». Esta declaración puede entenderse en el apoyo pastoral a los homosexuales o puede juzgarse como un ataque a la doctrina moral de la Iglesia, según quien interprete la casa de acogida. Independientemente de eso, se trata de una forma muy selectiva de dar apoyos con el dinero de todos los católicos.
El papa León XIV fue claro al afirmar que no prevé cambios en la postura oficial de la Iglesia católica respecto a las personas LGTBI: “Francisco lo dijo muy claramente cuando afirmaba: ‘Todos, todos, todos’ […]. Me resulta altamente improbable, al menos en el futuro próximo, que la doctrina de la Iglesia, en lo que respecta a lo que enseña sobre la sexualidad y el matrimonio, cambie”. (…) “La familia está compuesta por padre, madre e hijos” declaró en la entrevista concedida a la periodista estadounidense Elise Ann Allen en julio de 2025.
También sobre el papel de las mujeres en la Iglesia, ha llamado la atención la propuesta del arzobispo italiano Erio Castellucci, quien invocó el testimonio de Santa María Magdalena sobre la resurrección de Jesús para justificar la proclamación del Evangelio por las mujeres y la predicación durante la Misa.
El arzobispo propuso que las mujeres ‘copresidan’ la misa en la Liturgia de la Palabra y los sacerdotes presidan la consagración eucarística, según el boletín de la Diócesis de Módena-Nonantola del 24 de mayo, durante una conferencia organizada por el grupo feminista Centro Italiano Femminile en Carpi.
La posición del Papa León aparece igualmente en la entrevista con la periodista Elise Ann Allen, donde comentó que el tema de las mujeres en puestos de poder dentro de la Iglesia debe seguir la doctrina de la Iglesia. Sobre la hipótesis de diaconisas, afirmó: “No tengo intención de cambiar la enseñanza de la Iglesia”.
Ante hechos como el protagonizado por Mons. Würtz, último obispo alemán nombrado por el Papa, que se preguntó “¿Qué perdemos si abolimos el celibato obligatorio y qué ganamos?”, pareciera que el debate sobre el celibato sacerdotal obligatorio estuviese en discusión en la Iglesia. El prelado alemán consideró que una eventual modificación de esta disciplina exige valorar con detenimiento tanto aquello que podría perderse como los posibles beneficios de un cambio.
Ane la polémica, el Papa León expresó en dos alocuciones, dirigida una a seminaristas italianos y otra a más de 400 obispos y cardenales reunidos en el Vaticano durante las celebraciones del Año Santo para el clero, que “el celibato constituye un carisma que debe reconocerse, protegerse y educarse”.
¿Por qué tanta polémica en puntos importantes de la vida interna de la Iglesia? ¿Hay una Iglesia dividida, en conflicto o es más el ruido que la paz? ¿Está el Papa inclinado a una tendencia y margina a la otra? La respuesta a estas interrogantes requiere tres aclaraciones para comprender qué sucede hoy en la Iglesia.
Primera, los medios de comunicación difunden los hechos radicales y marginales que llaman la atención, aunque sean minoritarios, callando las posiciones reales de la autoridad que guía a toda la Iglesia y vive la gran mayoría.
Segunda, siempre hubo y habrá individuos o grupos reducidos con propuestas sin fundamento que no representan la universalidad católica y que destacan por su novedad, aunque desaparecen poco tiempo después. La novedad tiene la vida corta.
Y tercera, por la selección de la información, la cual colorea hechos o casos al tiempo que omite otros datos constructivos. Por eso, se agrandan polémicas de unos cuantos obispos y nunca oímos sobre los miles que trabajan en selvas africanas, en rincones montañosos de Sudamérica o en las llanuras asiáticas. O desconocemos el esfuerzo de sacerdotes y laicos que atienden 20 capillas de una parroquia en los bosques de Canadá o cuidan a los enfermos y encarcelados en pequeñas ciudades europeas. La Iglesia hace muchísimo bien desconocido. Y nos alegra reconocerlo.
Sin embargo, es evidente que gestos y palabras que se prestan a confusión poco ayudan a la unidad buscada por el Papa y alimentan a quienes desde el otro lado de la polarización la continúan alimentando evidenciando estos hechos y dichos.
Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.




