Giuseppe Caffulli
(ZENIT Noticias – Asia News / Milán, 18.08.2026).- ¿De dónde proceden realmente los Rollos del Mar Muerto? Es una de las preguntas más fascinantes que, desde hace más de setenta años, acompaña a la investigación sobre los manuscritos hallados en las cuevas de Qumrán. ¿Fueron todos ellos elaborados por la comunidad religiosa que habitaba el asentamiento de Qumrán? ¿O acaso la denominada «biblioteca de Qumrán» reunía textos copiados en distintos lugares de Judea y posteriormente ocultados en las cuevas durante las guerras contra Roma?
Para intentar dar respuesta a este enigma, llega ahora una de las investigaciones internacionales más innovadoras jamás dedicadas a los Rollos del Mar Muerto. Se trata del proyecto «Tracing Scribes and Scrolls», financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC) con una dotación de 2,5 millones de euros para un periodo de cinco años. Dirigida por Mladen Popović, de la Universidad de Groninga (una de las principales universidades neerlandesas), en colaboración con la Autoridad de Antigüedades de Israel y varios laboratorios de investigación europeos, la investigación tiene como objetivo reconstruir la procedencia de los manuscritos mediante una combinación inédita de arqueometría, química analítica, paleografía, codicología e inteligencia artificial.
La principal novedad es la creación de la primera gran base de datos de la «huella química» de los Rollos. No solo se estudiarán las palabras escritas en los pergaminos, sino también su materia: la composición de las pieles animales, el colágeno, los residuos de las técnicas de elaboración, las tintas y las sustancias orgánicas conservadas en los fragmentos. De este modo, cada manuscrito podrá asociarse a una especie de huella digital capaz de revelar vínculos con otros rollos y, tal vez, indicar entornos de producción comunes.
El papel de la IA
La Universidad de Pisa, socio científico de la iniciativa, desempeña un papel importante en el proyecto, ya que aportará sus conocimientos en el estudio de materiales antiguos. Los investigadores de Pisa se encargarán de realizar análisis químicos de los pergaminos y las tintas, utilizando técnicas avanzadas y, en su mayoría, no invasivas, con el fin de preservar estos documentos tan frágiles y, al mismo tiempo, obtener nueva información sobre su origen.
La inteligencia artificial tendrá la tarea de integrar miles de datos diferentes: características de la escritura, análisis químicos, información arqueológica y comparaciones entre manuscritos. No sustituirá el trabajo de los estudiosos, sino que ofrecerá una herramienta capaz de detectar conexiones difíciles de percibir a simple vista. Si los resultados confirman las expectativas, la investigación podría cambiar la forma de ver los Rollos del Mar Muerto: ya no serían solo textos para leer, sino objetos con su propia «biografía material», capaces de contar quién los produjo, dónde circularon y cómo llegaron hasta las cuevas de Qumrán.
Los primeros Rollos del Mar Muerto salieron a la luz en 1947, cuando unos pastores beduinos de la tribu de los Ta’amireh entraron en una cueva situada en las paredes rocosas del desierto de Judá, cerca de Khirbet Qumrán. Allí se hallaron los primeros siete rollos, conservados en vasijas de terracota. En los años siguientes, entre 1949 y 1956, las exploraciones en las cuevas de la zona sacaron a la luz fragmentos pertenecientes a unos 950 manuscritos diferentes, repartidos en una decena de cuevas.
Era el comienzo de lo que se definiría como uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo XX. Los textos, que datan aproximadamente entre el siglo III a. C. y el siglo I d. C., están escritos principalmente en hebreo, pero también en arameo y griego. Incluyen copias de libros bíblicos, textos apócrifos, comentarios, normas comunitarias, composiciones litúrgicas, textos sapienciales y documentos relacionados con la vida religiosa de la época. Son especialmente valiosos porque incluyen los manuscritos más antiguos que se conocen de numerosos libros de la Biblia y permiten observar de cerca el pluralismo del judaísmo en el periodo del Segundo Templo.
El scriptorium de Qumrán
Hoy en día, los manuscritos y los más de 25.000 fragmentos de la colección se conservan y estudian en su mayor parte en la Autoridad de Antigüedades de Israel, en Jerusalén. Algunos de los rollos más famosos, en cambio, se exponen en el Santuario del Libro, en el Museo de Israel: entre ellos, el Gran Rollo de Isaías, el Rollo de la Guerra, el Rollo de la Regla de la Comunidad y el Comentario a Habacuc.
Pero el lugar del hallazgo ha planteado un problema desde el principio: ¿por qué se concentró y ocultó una cantidad tan extraordinaria de textos precisamente en las cuevas del desierto?
A poca distancia de las cuevas se encuentra, de hecho, el asentamiento de Qumrán, en la orilla noroeste del Mar Muerto. Las excavaciones arqueológicas dirigidas por el dominico francés padre Roland de Vaux, de la École Biblique de Jerusalén, sacaron a la luz un complejo de edificios, estanques, almacenes y espacios con diferentes funciones. De Vaux propuso identificar Qumrán con el centro de una comunidad judía ascética, tradicionalmente asociada a los esenios. Según esta interpretación, los habitantes habrían copiado, recopilado y utilizado los textos que posteriormente fueron depositados en las cuevas circundantes.
De ahí surge una de las imágenes más populares y, al mismo tiempo, más controvertidas de la historia de los Rollos: la del scriptorium de Qumrán, una especie de taller de copistas de la Antigüedad, comparado en ocasiones con los amanuenses de los monasterios medievales. La hipótesis se ha basado también en el hallazgo de elementos compatibles con una actividad de escritura y en la presencia, en las cuevas y en el asentamiento, de unas jarras cilíndricas particulares, consideradas por algunos como un indicio significativo de la relación entre el yacimiento y los manuscritos.
Pero esta reconstrucción nunca ha logrado poner de acuerdo a los estudiosos. La propia naturaleza del asentamiento de Qumrán se ha interpretado de diferentes maneras: centro comunitario, lugar de retiro religioso, estructura agrícola, villa o incluso instalación militar. Y, sobre todo, la relación entre el asentamiento y los rollos sigue siendo objeto de debate. La variedad de grafías, fechas, textos y características materiales hace difícil pensar necesariamente en una producción totalmente local.
El problema, por tanto, no es solo determinar quién habitaba en Qumrán, sino comprender de dónde procedían los manuscritos. Una parte de los investigadores considera plausible que al menos algunos se copiaran en el seno de la comunidad; otros, en cambio, consideran posible que Qumrán fuera sobre todo un lugar de conservación de textos procedentes de otros centros de Judea. Jerusalén, en particular, se ha señalado como uno de los posibles lugares de procedencia de una parte de los manuscritos.
Las cuevas podrían haber sido utilizadas como refugio y depósito en una fase de crisis, tal vez en relación con la guerra contra Roma y la destrucción del Templo en el año 70 d. C. En definitiva, la denominada «biblioteca de Qumrán» podría ser una colección formada a través de adquisiciones, copias, intercambios y traslados de manuscritos, que finalmente convergió en el desierto en vísperas de la gran catástrofe que arrasaría Jerusalén y el Templo.
Del contenido al material
Es precisamente aquí donde entra en juego la investigación de Popović. Durante décadas, el origen de los rollos se ha estudiado principalmente a través de su contenido, la lengua, la paleografía —es decir, el análisis de las formas de la escritura— y la codicología. Ahora se añade un nivel completamente diferente: el del material.
Se examinarán unas 250 muestras de pergamino y papiro pertenecientes a la colección de la Autoridad de Antigüedades de Israel. Los investigadores compararán la composición química de los materiales, estudiando también muestras de papiro procedentes de Egipto. El objetivo es comprender si los soportes, las tintas y las técnicas de preparación pueden conservar rastros de áreas geográficas específicas o de diferentes entornos de producción.
El pergamino, en definitiva, ya no es solo el soporte sobre el que alguien escribió un texto hace dos mil años: se convierte él mismo en una fuente histórica. A este acervo de datos se superpondrán las informaciones paleográficas, codicológicas, lingüísticas y arqueológicas. La inteligencia artificial deberá relacionar miles de variables y buscar patrones recurrentes y grupos que podrían pasar desapercibidos en un análisis tradicional.
No es un detalle baladí que una investigación de esta envergadura cuente con el respaldo del Consejo Europeo de Investigación. La financiación pone de manifiesto no solo la importancia que se atribuye a los Rollos, sino también la confianza en la posibilidad de abordar, con nuevas herramientas, una cuestión que ha permanecido sin resolver para generaciones de estudiosos. En torno a Groninga se está creando así una red que incluye a la Autoridad de Antigüedades de Israel, la Universidad de Pisa, la Universidad Federico II de Nápoles, la Universidad del Sur de Dinamarca en Odense, la Universidad de Lovaina e instituciones museísticas y colecciones de papiros en Egipto, Berlín y Turín.
Se trata de un cambio de perspectiva: de la pregunta «¿qué dice este rollo?» a la pregunta «¿qué historia cuenta este rollo incluso antes de ser leído?». El nuevo proyecto pretende reconstruir una geografía del conocimiento en la antigua Judea: dónde trabajaban los escribas, qué materiales utilizaban, cómo circulaban los textos, cuáles eran los centros de producción y cómo manuscritos nacidos en lugares diferentes acabaron en las mismas cuevas.
La respuesta al enigma de Qumrán podría estar oculta en el cuero, en la tinta, en las fibras del papiro y en los mínimos rastros que dejó el viaje de esos manuscritos antes de su último y misterioso destino en las cuevas del Mar Muerto.
Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.




