P. Hitchen
(ZENIT Noticias – LWI / Ciudad del Vaticano, 01.10.2026).- Líderes de la Federación Luterana Mundial (FLM) se reunieron con el Papa León XIV en el Vaticano el 1 de octubre, con la esperanza de explorar las formas en que luteranos y católicos puedan conmemorar juntos el 500 aniversario de la Confesión de Augsburgo en 2030.
El obispo Henrik Stubkjær, presidente de la Federación Luterana Mundial (FLM), encabezó la delegación compuesta por personal de la Oficina de Comunión de Ginebra y vicepresidentes de la FLM en representación de las iglesias miembros de todo el mundo, agradeciendo los reiterados llamamientos del líder católico romano al «desarme, el rechazo de las armas y la necesidad de diálogo», así como las preocupaciones expuestas en su encíclica Magnifica Humanitas sobre el futuro de la inteligencia artificial.
«La Federación Luterana Mundial se concibe como un movimiento dentro del único movimiento ecuménico en pro de la única Iglesia católica», declaró Stubkjær. Recordó la Conmemoración Conjunta de la Reforma, que tuvo lugar «hace exactamente diez años este mes», cuando líderes luteranos se reunieron con el predecesor de León XIV, el Papa Francisco, en las ciudades suecas de Lund y Malmö. «El camino eclesial desde el conflicto hasta la comunión entre católicos y luteranos ha dado frutos significativos, sobre todo en la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación, que sigue inspirando una cooperación ecuménica más amplia», señaló.
Reflexionando sobre cómo luteranos y católicos siguen profundizando ese diálogo hoy en día, el presidente de la Federación Luterana Mundial habló de la Comisión Internacional Luterano-Católica sobre la Unidad, creada hace 60 años y que actualmente se encuentra en su sexta fase, trabajando en una declaración conjunta para conmemorar el 500 aniversario de la Confesión de Augsburgo. Dicho documento, afirmó, «forma parte de la tradición teológica que se remonta a San Agustín. En 1530, fue una propuesta ecuménica a la Iglesia que resaltaba las raíces apostólicas de las reformas y el deseo de la unidad de la Iglesia».
«Nunca tuvo la intención de dividir, sino que buscaba un diálogo para el discernimiento mutuo de la proclamación del Evangelio en su época», afirmó Stubkjær. Si bien no tuvo éxito en el siglo XVI y sobrevino la separación, continuó, «hoy, sin embargo, podemos empezar a contar una historia diferente» al realzar la dinámica ecuménica en el contexto actual.
«Esperamos», insistió, «que católicos y luteranos puedan conmemorar juntos este aniversario el 25 de junio de 2030 en Augsburgo, donde se presentó por primera vez la Confesión».
En sus palabras a la delegación de la Federación Luterana Mundial, el Papa León XIV también compartió su esperanza en el potencial ecuménico del aniversario de Augsburgo. «La comunión renovada en la fe apostólica, en los sacramentos y en los ministerios, es la meta de nuestro camino ecuménico de gracia, que recorremos juntos guiados por el Evangelio», afirmó. «En nuestro camino del conflicto a la comunión», señaló, «hay momentos especiales. El año 2030 […] puede convertirse en uno de esos momentos compartidos: una profunda experiencia ecuménica que puede dar nueva energía y alegría a los pasos que daremos hacia la plena unidad visible».
Tras observar con gratitud las maneras en que católicos y luteranos dan testimonio juntos «en la proclamación y el servicio al mundo», la delegación de la FLM obsequió al Papa León con dos regalos: una copia de la cruz creada para la conmemoración en Lund del 500 aniversario de la Reforma y un cuenco con forma de granada elaborado artesanalmente por jóvenes palestinos en el Centro de Formación Profesional de la FLM en Jerusalén Este.
La forma del cuenco, señaló Stubkjær, simboliza «la vida, la abundancia y la esperanza en Tierra Santa». La decoración exterior, que representa motivos de vides y hojas de olivo, «refleja los valores de reconciliación, resiliencia y responsabilidad» que son fundamentales para el trabajo de la Federación Luterana Mundial en el centro de formación, a través de la Iglesia Evangélica Luterana en Jordania y Tierra Santa, y en el Hospital Augusta Victoria, que proporciona atención oncológica especializada a pacientes palestinos.
«La cruz de Lund», declaró la secretaria general de la Federación Luterana Mundial, la reverenda Dra. Anne Burghardt, «es un símbolo de nuestro compromiso constante con el camino hacia la plena comunión. Agradecemos la labor de la comisión internacional conjunta, que se encuentra en su sexta fase y prepara una declaración común para conmemorar el 500 aniversario de la Confesión de Augsburgo. Como nos recordó recientemente el Papa León XIII, dicho documento tenía como objetivo dar testimonio de la fe de los reformadores en la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Hoy, seguimos trabajando para lograr ese objetivo de reconciliar y renovar nuestra comunión, de modo que luteranos y católicos podamos compartir los sacramentos juntos en la mesa del Señor».
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