regente de la Penitenciaría Apostólica, monseñor Krzysztof Józef Nykiel Foto: Religión Digital

La confesión no es psicoterapia, dice el Vaticano: 4 claves para una buena confesión

La ponencia de monseñor Nykiel resumió las intervenciones anteriores donde se trazó “un mapa completo —bíblico, espiritual, psicológico-existencial y pastoral— del camino de conversión”.

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(ZENIT Noticias / Roma, 02.11.2026).- El regente de la Penitenciaría Apostólica, monseñor Krzysztof Józef Nykiel, señaló en un seminario celebrado en el Vaticano que la confesión no debe confundirse con la psicoterapia ni reducirse a un sentimiento paralizante de culpa, pues es un momento de regeneración interior.

La Penitenciaría Apostólica organizó el V Seminario sobre la práctica de la confesión sacramental titulado “Celebrar el sacramento de la Reconciliación” en el Palacio de la Cancillería los días 23 y 24 de octubre. La ponencia de monseñor Nykiel resumió las intervenciones anteriores donde se trazó “un mapa completo —bíblico, espiritual, psicológico-existencial y pastoral— del camino de conversión”.

Al subrayar que la contrición auténtica no consiste en recrearse en los propios errores, sino en reconocerlos a la luz del amor de Dios, muestra que el confesor, dijo monseñor Nykiel, “no es un juez de las ruinas”, sino un “siervo de la misericordia”, pues “La contrición no es un precio que hay que pagar, sino el inicio de la nueva creación obrada por el Espíritu Santo”.

El regente del órgano vaticano mostró que “la contrición auténtica no nace del desprecio sobre uno mismo ni de la mera observación del mal cometido, sino de la mirada dirigida hacia la misericordia divina. El ser humano, por tanto, se atreve a mirar su propio pecado porque sabe, ante todo, que es amado y acogido”. Hay que observar que el “sentido de culpa”, cuando es “psicológico, estático y autorreferencial”, “apabulla a la persona en la ilusión de ser culpable” y “conduce al inmovilismo o a confesiones frenéticas por mero alivio emocional”.

Por el contrario, expuso monseñor Nykiel, “el hombre se atreve a mirar su propio pecado porque sabe, ante todo, que es amado y acogido”. Y expresó que no es “un sentimiento de culpa paralizante”, ni “un análisis psicológico estérilmente encerrado en sí mismo”, sino “el encuentro liberador entre la verdad de nuestra fragilidad y la sobreabundancia de la misericordia de Dios”. Desde este principio, “la confesión no debe confundirse con la psicoterapia” y el confesor no actúa como “un juez de las ruinas”, sino como “servidor de la reconstrucción que acompaña al penitente desde la culpa hasta la misericordia”.

También recordó la encíclica Dilexit nos donde el Papa Francisco aclaró el “vínculo indisoluble entre la contrición interior y la reparación externa”, pues la reparación, “no es un mero deber moralista”, sino “el fruto de un corazón traspasado que elige construir sobre las ruinas causadas por el pecado”.

El regente de la Penitenciaría Apostólica manifestó que el seminario era “una escuela de oración y reconciliación” para todos los participantes y que “dé frutos concretos” en la “vida espiritual”. Para lograrlo, sugirió cuatro indicaciones prácticas para participar en el sacramento de la reconciliación.

En primer lugar, “empezar por el amor, no por el tribunal interior”. Se consigue mediante “un buen examen de conciencia (que) no debe partir de una fría lista de fracasos ni de la autocrítica, sino de la contemplación de la misericordia de Dios y del Crucificado”. Además, “solo cuando reconocemos cuánto somos amados, encontramos el valor para mirar la gravedad de nuestro pecado sin justificarnos y sin caer en la desesperanza”.

En segundo lugar, “llamar al pecado por su nombre y superar la autorreferencialidad”, que se obtiene al “superar la trampa del sentimiento de culpa, que nos hace decir ‘no valgo nada’, para abrazar la contrición evangélica, que dice: ‘He herido al Amor, pero deseo volver al Padre’“.

Sigue “prolongar el sacramento en la reparación”, porque “la confesión no se agota en la absolución final: si la contrición mira a Dios, la reparación mira al hermano y a la comunidad”.

La última propuesta de Monseñor Nykiel fue mantener un corazón abierto a la Palabra de Dios, que no juzga a los demás y se abre a la esperanza.

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Rafael Llanes

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