(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 29.01.2026).- Por la mañana del jueves 29 de enero, el Santo Padre recibió en audiencia, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, a los laicos consagrados del Regnum Christi. La audiencia privada, tuvo lugar en el contexto de las Asambleas Generales de ambas ramas de la Federación Regnum Christi. El Papa artículo su discurso en tres palabras: “Carisma, gobierno y comunión”. Ofrecemos a continuación el texto del discurso del Papa traducido al castellano:
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En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Queridos hermanas y queridos hermanos, ¡buenos días y bienvenidos!
Me alegra encontrarme con ustedes, en ocasión de sus Asambleas Generales, y aprovecho la oportunidad para compartirles una reflexión, que quisiera articular en tres puntos: carisma, gobierno y comunión.

[Carisma]
Acerca del primer punto, el Magisterio nos enseña que «la Iglesia rejuvenece por el poder del Evangelio y el Espíritu continuamente la renueva, edificándola y guiándola “con diversos dones jerárquicos y carismáticos”. [1] El Concilio Vaticano II ha subrayado en repetidas ocasiones la maravillosa obra del Espíritu Santo que santifica al Pueblo de Dios, lo guía, lo adorna con virtudes y lo enriquece con gracias especiales para su edificación». [2]
En estos días han tenido ocasión de reflexionar y dialogar sobre la definición del propio carisma de las respectivas Sociedades de vida apostólica, reconociendo en él un don del Paráclito, ofrecido a la Iglesia para que reavive en ella su vida y dinamice su misión, tanto en su seno como en la sociedad.
Este don, mientras genera vida y vitalidad en el Instituto, le confiere también una identidad específica, que cualifica y hace reconocible la presencia de ustedes en la Iglesia y en el mundo. Hoy más que nunca es necesario saber quiénes somos, si queremos dialogar de manera auténtica con la sociedad sin ser absorbidos o uniformados. Para evangelizar los contextos en los que viven —fin específico de su vocación— es por tanto fundamental que definan su identidad cada vez con mayor claridad.

Toda hermana y todo hermano que recibe el carisma está llamado a mantenerlo vivo en sí mismo, para que no se vuelva algo estático, sino que se convierta en una fuerza vital, que fluye creativa y libremente. Como recordaba el Papa Francisco, «se trata de permanecer fieles a la fuente original, esforzándose por repensarla y expresarla en diálogo con las nuevas situaciones sociales y culturales». [3]
El Instituto, la Sociedad, son un cuerpo vivo donde la energía carismática atraviesa cada célula y cada miembro, de la cual a su vez son portadores y transmisores. Y esta energía debe animar la misión que llevan adelante e iluminar el camino a recorrer, para legarla después como herencia viva a las generaciones futuras, llamadas asimismo a enamorarse de ella y a convertirla en fuente de su servicio.
[Gobierno]
Precisamente para lograr este fin, es importante el segundo tema sobre el cual quisiera que reflexionemos: el gobierno, el cual, para poder comenzar procesos decisionales maduros en un clima de auténtico discernimiento, necesita de la comunión.
Vienen en nuestra ayuda una vez más, a este propósito, los documentos de la Iglesia, donde se dice que «las personas consagradas son llamadas al seguimiento de Cristo obediente dentro de un “proyecto evangélico”, o carismático, suscitado por el Espíritu y autenticado por la Iglesia», [4] y que «en este camino, la autoridad tiene la obligación pastoral de guiar y decidir». [5]

El gobierno es un servicio necesario en las Sociedades de vida apostólica; un auténtico ministerio eclesial, que acompaña a las hermanas y a los hermanos hacia una fidelidad consciente, libre y responsable en el seguimiento de Cristo. [6] Todo Instituto y toda Sociedad, además, están llamadas a reconocer en él un estilo propio, en armonía con su carisma específico y con su espiritualidad.
Un gobierno auténticamente evangélico, por otra parte, siempre está orientado al servicio: sostiene, acompaña y ayuda a cada miembro a configurarse cada día más con la persona del Salvador y, en este sentido, el discernimiento comunitario es el lugar privilegiado en el que pueden madurar decisiones compartidas, capaces de generar comunión y corresponsabilidad.
No tengan miedo de experimentar nuevas formas de gobierno, [7] es más, conviene que tengan siempre presente que la búsqueda conjunta de un estilo propio en el ejercicio de la autoridad abre caminos que no sólo enriquecen a las Sociedades y a sus miembros individuales, sino que también refuerzan el sentido de pertenencia y la participación en la misión común.

[La comunión dentro de la Familia del Regnum Christi]
Y esto nos lleva al tercer tema en el que quiero que nos detengamos: la comunión dentro de la Familia del Regnum Christi. El camino particular de ustedes, insertado en la gran historia de un cuerpo apostólico, lleva las huellas de la acción silenciosa y poderosa del Espíritu Santo, que renueva continuamente a la Iglesia y la hace joven en la esperanza. En este contexto, están llamados a promover una comunión cada vez más profunda en toda la Familia, compartiendo espiritualidad y apostolado, viviendo plenamente la vocación específica a la que Dios los ha llamado como miembros de la Sociedad a la que pertenecen, comprometidos a dar testimonio, con su propia vida, de la fidelidad al carisma recibido.
Como nos recuerda la Exhortación apostólica Vita consecrata, «todos los fieles, en virtud de su regeneración en Cristo, participan de una dignidad común; todos son llamados a la santidad; todos cooperan a la edificación del único Cuerpo de Cristo, cada uno según su propia vocación y el don recibido del Espíritu Santo (cf. Rm 12,3-8)». [8] La unidad en la dignidad bautismal y la diversidad de vocaciones no se contraponen, sino que se iluminan mutuamente. La comunión orgánica en la diversidad es obra del Espíritu Santo, que transforma cada vocación en servicio para los demás, para que el Cuerpo de Cristo crezca en la historia y cumpla su misión en el mundo.

Todos somos vidas en camino, a las que Dios sigue inspirando sus sueños a través de los profetas de ayer y de hoy, para liberar a la humanidad de antiguas y nuevas esclavitudes, involucrando a jóvenes y ancianos, pobres y ricos, hombres y mujeres, santos y pecadores en las obras de su misericordia y en las maravillas de su justicia. El Señor no hace ruido, pero su Reino brota y crece en todos los rincones del mundo. Y en este sentido, muchas ciudades y muchas comunidades necesitan que se les diga: “En verdad no eres la menor” (cf. Mt 2,6).
Sí, el Señor nos sigue sorprendiendo y sigue dejándose encontrar por caminos que no son los nuestros (cf. Is 55,8), y por eso su fidelidad sigue sorprendiéndonos. Mientras respondemos a los dones divinos, encomendémonos a María, Estrella de la mañana.
Muy queridos amigos y amigas, gracias por lo que hacen. Rezo por ustedes y los bendigo de corazón. Gracias.

Notas:
[1] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium (21 noviembre 1964), 4. [2] Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Iuvenescit Ecclesia (15 mayo 2016), 1. [3] Francisco, Discurso a los participantes en la Asamblea general del Movimiento de los Focolares (6 febrero 2021). [4] Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Instrucción El servicio de la autoridad y la obediencia (11 mayo 2008), 9. [5][1] Ibíd. [6] Cf. Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, A vino nuevo, odres nuevos (6 enero 2017), 41. [7] Cf. ibíd., 9. [8] S. Juan Pablo II, Exhort. ap. Vita consecrata (25 marzo 1996), 31.Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.
