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Ángelus 26/11/2017

Ángelus 26/11/2017

Ángelus: Dios no es un maestro intolerante, sino un padre lleno de amor

No al miedo que “paraliza” (Traducción completa)

(ZENIT – 19 nov. 2017),- “Dios no es un maestro severo e intolerante, sino un padre lleno de amor, de ternura, de bondad”, ha afirmado el Papa Francisco.

El Santo Padre lo ha dicho en el Ángelus del 19 de noviembre de 2017: “Debemos tener una inmensa confianza en Él”, dijo, advirtiendo contra el miedo que “paraliza” y hace tomar “malas decisiones”.

En presencia de 25.000 personas, desde una ventana del palacio apostólico que da a la Plaza San Pedro, el Papa ha invitado a “reflexionar para descubrir cuál es verdaderamente nuestra idea de Dios”: “No debemos pensar que es un maestro malo, duro y severo que nos quiere castigar. Si en nosotros hay esta falsa imagen de Dios, entonces nuestra vida no puede ser fecunda, porque viviremos en el miedo y no nos llevará a nada constructivo”.

Dios, al contrario, tiene “un interés para que no  desperdiciemos nuestra vida inútilmente”. Dios tiene una gran estima por nosotros”, ha asegurado el Papa.

Esta es nuestra traducción completa de las palabras que ha pronunciado al introducir la oración mariana.

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este penúltimo domingo del año litúrgico, el Evangelio nos presenta la parábola de los talentos (cf. Mt 25, 14-30). Un hombre, antes de partir de viaje, confía a sus servidores talentos, que en ese tiempo eran monedas de un valor considerable: cinco talentos a un servidor, a otro dos, y uno a otro, según las capacidades de cada uno. El servidor que ha recibido cinco talentos es emprendedor y los hace crecer ganando otros cinco. El servidor que ha recibido dos actúa de la misma manera procurándose otros dos. En revancha, el servidor que ha recibido uno excava un hoyo en el suelo y esconde la moneda de su amo.

Es este mismo sirviente que explica al maestro, a su vuelta, el motivo de su gesto, diciendo: “Señor, yo sabía que tú eres un hombre duro: que siegas donde no sembraste, que recoges donde no has esparcido el grano. He tenido miedo, y fui a ocultar tu talento en la tierra” (vv. 24-25). Este servidor no tiene con su maestro una relación de confianza, sino miedo de él, y esto le bloquea. El miedo inmoviliza siempre y a menudo hace tomar malas decisiones. El miedo desanima a tomar iniciativas, lleva a refugiarse en soluciones seguras y garantías, y así se termina por no hacer nada de bueno. Para avanzar y crecer en el camino de la vida, es necesario no tener miedo sino confianza.

Esta parábola nos hace comprender que es importante tener una verdadera idea de Dios. No debemos pensar que es un maestro malo, duro y severo que nos castiga. Si en nosotros hay esta imagen errónea de Dios, nuestra vida no puede ser fecunda porque vivimos en el miedo y este no nos lleva a nada constructivo. Al contrario, el miedo nos paraliza, nos autodestruye. Estamos llamados a reflexionar para descubrir cuál es la verdadera idea que tenemos de Dios. Ya en el Antiguo Testamento, se revela como “Dios tierno y misericordioso, lento a la cólera y lleno de amor y de verdad” (Ex 34, 6). Y Jesús nos ha mostrado siempre que Dios no es un maestro severo e intolerante, sino un padre lleno de amor, de ternura, de bondad. Por consecuencia podemos y debemos tener una inmensa confianza en Él.

Jesús nos muestra la generosidad y la atención del Padre de tantas maneras: por su palabra, por sus gestos, por su acogida de todos, especialmente de los pecadores, de los pequeños y de los pobres – como nos lo recuerda hoy la 1ª jornada mundial de los pobres-; también por sus advertencias, que revelan su interés para que no arruinemos nuestra vida innecesariamente.  De hecho, es una señal de que Dios nos tiene en gran estima: esta conciencia nos ayuda a ser personas responsables en todas nuestras acciones. Por lo tanto la parábola de los talentos nos llama a una responsabilidad personal y a una fidelidad que  nos da la capacidad de llevarnos a nuevos caminos, sin “enterrar el talento”, es decir los dones que Dios nos ha confiado, y de los que nos pide cuentas.

Que la Santísima Virgen interceda por nosotros, para que seamos fieles a la voluntad de Dios haciendo fructificar los talentos que nos ha dado. Así seremos útiles para los demás y, en el último día, seremos acogidos por el Señor, que nos invitará a formar parte de su alegría.

© Traducción de Zenit, Raquel Anillo

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