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Oración y procesión para dar comienzo al Sínodo de la Amazonía © Vatican Media

Mons. Felipe Arizmendi: “Cuestionamientos al Sínodo Amazónico”

“Demostremos nuestro amor a los marginados”

+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

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Se ha iniciado en Roma el Sínodo Especial de los Obispos sobre la Amazonía, con el objetivo de encontrar, con la luz del Espíritu Santo y escuchando sus voces en la comunidad eclesial, nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. Tiene tres puntos centrales: la evangelización, los indígenas y el cuidado de la casa común en esa región. Lo que salga de este Sínodo, iluminará también a otras regiones del planeta, que viven circunstancias semejantes.

Participan 185 “Padres sinodales”, con voz y voto, casi todos obispos y cardenales, más muchos otros invitados especiales, expertos, “auditores” y ayudantes, que sólo tienen voz, no voto; sin embargo, su palabra es muy importante, tanto en el aula general, como en los grupos de trabajo. Están 35 mujeres y 17 indígenas, que podrían haber sido más. Con voz y voto, son 113 de la región panamazónica: 3 de Antillas, 6 de Venezuela, 13 de Colombia, 7 de Ecuador, 57 de Brasil, 11 de Bolivia y 10 de Perú. Como Brasil tiene la mayor parte de la Amazonía, en total de ese país participan 120 personas, pero sólo 57 con voz y voto; de todos modos, será notable su influencia.

El Papa convocó a este Sínodo con más de dos años de antelación; así, hubo oportunidad de hacer amplias consultas a las comunidades locales, sobre todo a los pueblos indígenas. El fruto de esa consulta se plasmó en el Instrumentum laboris, que es como el Cuaderno de Trabajo. Es como una base para las discusiones, pero cada quien tiene plena libertad para aportar su punto de vista. Al final, se elaboran unas propuestas, que pueden ser aprobadas por la mayoría, pero aún no es el documento final. Este lo hará el Papa, y hasta entonces sabremos qué se decidió en este Sínodo; lo que se diga antes, son sólo opiniones y propuestas, expresadas con la libertad que nos da el Espíritu.

Se han hecho varios cuestionamientos a este Sínodo, a partir del Instrumentum laboris. Se dice que se ponen como punto de referencia las culturas indígenas, como si en ellas todo fuera lo mejor para la humanidad, sin tener en cuenta la realidad de pecado que existe en todas partes, y sin poner a Jesucristo y al Evangelio como criterio final de verdad y de bien. Se dice que se nota una preocupación que califican de excesiva por la ecología, como si ésta desplazara a la evangelización. Se dice que se quiere cambiar a la Iglesia, dando a la mujer y a los indígenas un lugar que pareciera no adecuado. Se dice que, al tratar de dar a la Iglesia un rostro amazónico, de ser una Iglesia autóctona, se pierda lo esencial de la Iglesia y del misterio de Cristo. Son voces que hay que escuchar, porque no todo son exageraciones y malentendidos, pues en nuestra Iglesia hay muchas tendencias, que debemos armonizar, como hay armonía entre los cuatro Evangelios, cada uno con acentos particulares sobre el misterio salvífico.

PENSAR

El Papa Francisco, en su homilía de la Misa inaugural de este Sínodo, dijo: “Sintámonos convocados aquí para servir, poniendo en el centro el don de Dios. El don que hemos recibido es un fuego, es un amor ardiente a Dios y a los hermanos. La Iglesia no puede limitarse en modo alguno a una pastoral de ‘mantenimiento’ para los que ya conocen el Evangelio de Cristo. El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial. Sin embargo, cuántas veces el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto; cuántas veces ha habido colonización en vez de evangelización. Dios nos guarde de la avidez de los nuevos colonialismos. El anuncio del Evangelio es el primer criterio para la vida de la Iglesia: es su misión, su identidad. Anunciar el Evangelio es vivir el ofrecimiento, es testimoniar hasta el final, es hacerse todo para todos. Miremos juntos a Jesús crucificado, su corazón traspasado por nosotros. Comencemos desde allí. Desde allí sintámonos llamados, todos y cada uno, a dar la vida” (6-X-2019).

En la misma línea se expresó en su discurso inaugural: El Sínodo para la Amazonía podemos decir que tiene cuatro dimensiones: la dimensión pastoral, la dimensión cultural, la dimensión social y la dimensión ecológica. La primera, la dimensión pastoral, es la esencial, la que abarca todo. Nos acercamos con corazón cristiano y vemos la realidad de la Amazonía con ojos de discípulo para comprender e interpretarla con ojos de discípulo, porque no existen hermenéuticas neutras, hermenéuticas asépticas, siempre están condicionadas por una opción previa. Nuestra opción previa es la de discípulos. Y también con ojos de misioneros, porque el amor que el Espíritu Santo puso en nosotros nos impulsa al anuncio de Jesucristo, un anuncio que, todos sabemos, no se tiene que confundir con proselitismo. Pero nos acercamos a considerar la realidad amazónica con este corazón pastoral, con ojos de discípulos y misioneros, porque nos apura el anuncio del Señor” (7-X-2019).

Y para los que desconfían del cristocentrismo del Papa Francisco, recordemos lo que afirma en Evangelii gaudium: “Quiero expresar con dolor que la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria” EG 200).

Ya en Aparecida habíamos dicho: “Nuestro servicio pastoral a la vida plena de los pueblos indígenas exige anunciar a Jesucristo y la Buena Nueva del Reino de Dios, denunciar las situaciones de pecado, las estructuras de muerte, la violencia y las injusticias internas y externas, fomentar el diálogo intercultural, interreligioso y ecuménico. Jesucristo es la plenitud de la revelación para todos los pueblos y el centro fundamental de referencia para discernir los valores y las deficiencias de todas las culturas, incluidas las indígenas. Por ello, el mayor tesoro que les podemos ofrecer es que lleguen al encuentro con Jesucristo resucitado, nuestro Salvador… Que ningún pueblo indígena de América Latina reniegue de su fe cristiana, sino que, por el contrario, sientan que en Cristo encuentran el sentido pleno de su existencia” (No. 95). “La Iglesia estará atenta ante los intentos de desarraigar la fe católica de las comunidades indígenas, con lo cual se las dejaría en situación de indefensión y confusión ante los embates de las ideologías y de algunos grupos alienantes, lo que atentaría contra el bien de las mismas comunidades” (No. 531).

ACTUAR

Demostremos nuestro amor a los marginados, ofreciéndoles a Jesús y medios para su vida digna. Cuidemos la casa común, evitando su desgaste innecesario y su destrucción.

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