RUMBEK, 11 mar 2001 (ZENIT.org-).- La situación en el sur de Sudán se ha hecho desesperada: faltan alimentos y las enfermedades extienden entre una población sin defensas. Lo denuncia el obispo de Rumbek, monseñor Caesar Mazzolari, en declaraciones concedidas a la agencia misionera de la Santa Sede, Fides.
«Más de un millón de prófugos sudaneses de la zona que se encuentra entre Mayen Abun y Nyamell corren el peligro de morir de hambre --explica el prelado--. Por otra parte, la sarna cosecha víctimas especialmente entre los niños, debilitados por el hambre. Es un período de gran incertidumbre: hay una tregua, pero se sospecha que los enfrentamientos se reanudarán dentro de un mes, en la estación de lluvias…».
«La situación es gravísima --continúa revelando monseñor Caesar Mazzolari--. Falta agua, faltan alimentos, mantas, telones de plástico, redes contra los mosquitos, contenedores de agua e incluso cazuelas y sartenes».
El obispo de Rumbek denuncia en el SOS lanzado a través de Fides: «La comunidad internacional no parece estar al corriente de este drama… He viajado por toda la región de Malwalkon y Adwemko y he visto solamente un campo de refugiados: los víveres eran transportados por una larga hilera de búfalos. Todos los demás refugiados se encuentran acampados en áreas desiertas, bajo pequeñas cabañas de 1,5 x 1 metros, llenas de mujeres y niños».
Antes esta situación desesperada, la diócesis de Rumbek, explica su guía, «trata de ofrecer su ayuda especialmente a los casos más desesperados. Ahora bien --reprocha--, la tarea principal en la distribución de alimentos y asistencia sanitaria debería correr a cargo de otras organizaciones y del Programa Alimentario Mundial de las Naciones Unidas».
Pero, según informa Fides, la peor emergencia es la falta de agua: los pozos más cercanos se encuentran a 3 ó 4 kilómetros e distancia, pero la gente es demasiado débil para llegar a ellos.
ÚLTIMAS NOTICIAS
Mar 11, 2001 00:00