(ZENIT Noticias / Brasilia, 28.11.2024).- En un fallo histórico que entrelaza la identidad religiosa y cultural de Brasil, el Supremo Tribunal Federal (STF) decidió permitir que los símbolos religiosos, como crucifijos e imágenes de santos, permanezcan en los edificios públicos. Ocho de los 11 magistrados rechazaron una moción del Ministerio Público Federal (MPF) que buscaba su eliminación, citando como fundamento la separación de la iglesia y el estado.
La decisión del STF refleja un reconocimiento de la rica historia cultural de Brasil, moldeada en parte por la influencia del cristianismo desde la época colonial. El magistrado Cristiano Zanin, juez principal del caso, enfatizó que las tradiciones y los vínculos históricos de Brasil con los valores cristianos están profundamente arraigados y se extienden mucho más allá del mero significado religioso.
Un debate cultural, no sólo religioso
En su opinión, el juez Zanin destacó el legado perdurable del cristianismo, afirmando que su presencia ha desempeñado un papel central en el «desarrollo educativo y moral» de Brasil. Sostuvo que los símbolos no son una imposición de la fe, sino un testimonio de la evolución cultural del país, marcada por días festivos, nombres de lugares e instituciones inspiradas en la herencia cristiana.
«La presencia de símbolos religiosos en espacios públicos», escribió Zanin, «no disminuye la imparcialidad de los administradores públicos o los jueces, ni infringe las libertades individuales de creencia o no creencia». Propuso que estos símbolos reflejan la tradición cultural en lugar de la aprobación estatal de la religión.
Un acto de equilibrio entre el secularismo y la libertad religiosa
Otros jueces se hicieron eco de esta perspectiva, haciendo hincapié en el equilibrio entre un estado secular y el respeto por el pluralismo cultural. El juez Flávio Dino subrayó que el laicismo de Brasil debe promover la coexistencia en lugar de suprimir la expresión religiosa, y afirmó que “el Estado no debe ser indiferente ni hostil a la religión, sino que debe fomentar un entorno en el que la fe pueda coexistir armoniosamente con el pluralismo”.
El juez Edson Fachin aclaró que el laicismo no equivale a borrar la religión de la vida pública. “La separación de la iglesia y el estado no significa aislar a los individuos religiosos en su esfera privada”, argumentó, y señaló que los símbolos como el crucifijo tienen un significado cultural más allá de su significado religioso.
Un voto arraigado en la tradición y la diversidad
El juez Alexandre de Morais destacó la necesidad de tolerancia en una sociedad pluralista. Advirtió contra los abusos del pasado en nombre de la religión, y enfatizó que la libertad religiosa moderna debe abarcar el respeto y la diversidad. “La plena libertad de religión debe garantizar que todas las creencias coexistan sin jerarquías ni exclusiones”, dijo.
La decisión del tribunal reafirma el papel de los símbolos religiosos como artefactos culturales que resuenan a través de las fronteras sociales. También sienta un precedente para futuros casos relacionados con la intersección de la religión, el Estado y la vida pública en Brasil.
Las implicaciones más amplias
El fallo subraya una narrativa más amplia sobre cómo los estados modernos interpretan el secularismo. Al preservar estos símbolos, el poder judicial de Brasil envía un mensaje: el secularismo puede coexistir con el reconocimiento del patrimonio cultural, siempre que respete la diversidad y no imponga la adhesión religiosa.
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