(ZENIT Noticias / Roma, 29.01.2026).- Se suponía que sería un almuerzo fraternal común y corriente. Sin embargo, se convirtió en un momento cargado de memoria, simbolismo y calidez pastoral.
El jueves 29 de enero, el Papa León XIV hizo una aparición inesperada entre los obispos peruanos reunidos en Roma para su visita ad limina, transformando una comida rutinaria en lo que la Conferencia Episcopal Peruana describió posteriormente como «un gesto de cercanía y comunión» y, para muchos de los presentes, un encuentro profundamente personal.
El momento fue sorprendente. La visita se produjo justo un día antes de la audiencia formal de los obispos con el Papa y en medio de su peregrinación ad limina apostolorum, programada del 26 al 31 de enero. Participan todos los obispos de las 46 jurisdicciones eclesiásticas del Perú, representando a una Iglesia que se extiende desde la costa del Pacífico hasta los Andes y la Amazonia.
Para León XIV, sin embargo, esto fue mucho más que una simple visita.
Antes de convertirse en Papa, Robert Francis Prevost pasó más de dos décadas como misionero en Perú y posteriormente fue obispo de Chiclayo. Su visita sorpresa transmitió el inconfundible tono de un pastor que regresa a su pueblo y que reconecta con una Iglesia que moldeó gran parte de su vida sacerdotal y episcopal.
Según la Conferencia Episcopal Peruana, el Papa acompañó a los obispos durante su «almuerzo fraternal», ofreciéndoles ánimo y oración. El encuentro, compartido en la cuenta X de la conferencia, fue descrito como «agradable e inesperado», reforzando lo que los obispos denominaron la misión pastoral de la Iglesia en Perú.
Oraciones por la paz y el liderazgo
En nombre del episcopado, el obispo Carlos García Camader, de Lurín y presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, describió la peregrinación a Roma en términos explícitamente espirituales.
«Estamos aquí para orar por la paz y por el futuro del Perú», dijo, expresando su esperanza de que la visita fortalezca a los obispos y renueve su compromiso de servir fielmente.
Sus palabras trascendieron los asuntos eclesiásticos y abordaron los desafíos sociales más amplios del país.
“Oramos para que nuestros futuros líderes sean hombres y mujeres de bien que sirvan a la nación, busquen el bien común y, sobre todo, se esfuercen por unir y construir, no por restar ni dividir”, añadió García Camader.
Estas palabras resuenan en un país que ha soportado años de turbulencia política, malestar social y desigualdad económica, realidades que siguen poniendo a prueba el papel de la Iglesia como mediadora, voz moral y compañera de los pobres.
Dones arraigados en la fe peruana
Los obispos también trajeron a Roma muestras tangibles de la herencia católica del Perú. Entregaron al Papa León XIV un mosaico de la Santísima Virgen María y una imagen de Santa Rosa de Lima, la primera santa canonizada de Latinoamérica y un poderoso símbolo de la espiritualidad peruana.
Está previsto que ambas imágenes sean bendecidas e instaladas en los Jardines Vaticanos el sábado 31 de enero, un recordatorio discreto pero perdurable del lugar del Perú en la Iglesia universal.
Una tradición renovada
Las visitas ad limina, ordenadas por el derecho canónico aproximadamente cada cinco años, son momentos en los que los obispos informan sobre la vida de sus diócesis y rezan ante las tumbas de los santos Pedro y Pablo. Las anteriores peregrinaciones de este tipo en Perú tuvieron lugar en mayo de 2017 con el papa Francisco y en mayo de 2009 con el papa Benedicto XVI.
La visita de este año tiene una mayor carga emocional, dada la historia personal de León XIV con el país. Para muchos, su aparición espontánea indica un pontificado marcado no solo por la continuidad institucional, sino también por la cercanía relacional, un estilo forjado en los territorios de misión, más que en los pasillos del Vaticano.
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