(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 14.08.2026).- En ocasión de una conferencia especializada sobre el tema de la liturgia, Papa León XIV ha querido hacerse presente con una carta en la que evidencia su sensibilidad por este campo tan relevante de la vida de la Iglesia y de la relación de la Iglesia con Dios al cual esa liturgia se dirige. Ofrecemos a continuación la traducción al castellano del mensaje del Santo Padre originalmente en lengua inglesa.
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A Su Eminencia el Cardenal Arthur ROCHE
Prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
Envío un cordial saludo a usted y a todos los reunidos en la Abadía de Mount Angel en Oregón, mientras debaten sobre el importante tema de la formación litúrgica del Pueblo de Dios.
En su Carta Apostólica Desiderio desideravi, que describía la belleza de la profundidad teológica y espiritual de la liturgia, el Papa Francisco subrayaba la necesidad de una formación atenta y continua tanto del clero como de los laicos para revitalizar la vida litúrgica de la Iglesia universal (cfr. n. 38). Posteriormente nos recordó que este tipo de formación no es «una especialización para pocos expertos, sino […] una disposición interior de todo el Pueblo de Dios» (Discurso a los participantes en la Plenaria del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 8 de febrero de 2024). Quisiera por tanto animarles a explorar caminos concretos para la formación litúrgica en todos los niveles en el Cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, no debemos excluir «una prioridad en la formación de aquellos que, en virtud del sacramento del Orden, están llamados a ser mistagogos, es decir, a tomar de la mano y acompañar a los fieles en el conocimiento de los santos misterios» (Ibídem).
Las primeras ocasiones concretas de formación litúrgica se presentan en nuestra costumbre de reunirnos cada domingo para celebrar la Eucaristía. Estas celebraciones están ancladas en el ritmo anual del año litúrgico, con el Misterio Pascual en el centro. Por esta razón, es esencial que sean también profundamente formativas, promoviendo una comprensión cada vez más profunda del ars celebrandi, expresado no solo por quien celebra la liturgia, sino también por toda la asamblea (cfr. Desiderio desideravi, n. 54). De este modo, a través de una formación adecuada y un culto devoto, los católicos serán formados para la liturgia y también por la liturgia (cfr. Ibídem, n. 34).
Además, con el fin de promover la celebración digna de los sagrados misterios, debemos subrayar la necesidad de fidelidad a los textos aprobados y a las instrucciones. En mis recientes catequesis sobre la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum concilium, he llamado la atención sobre el respeto que todos los llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, y en particular los sacerdotes, deben mostrar hacia los ritos promulgados por el Papa san Pablo VI y el Papa san Juan Pablo II. Es esencial que este respeto nazca «de la actitud interior de disponibilidad y de confianza en Dios, manifestando humildad ante su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial» (Audiencia general, 27 de mayo de 2026).
Con estos sentimientos, encomiendo sus deliberaciones a María, Sede de la Sabiduría, e imparto con gusto mi Bendición Apostólica a usted y a todos los presentes en este encuentro como prenda de sabiduría y de paz en el Señor.
Desde el Vaticano, 29 de junio de 2026
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