Obispos representantes de la Conferencia Episcopal Canadiense, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño Foto: ADN Celam

Obispos de América Latina, Canadá y Estados Unidos se reúnen para orar, dialogar y reafirmar su unidad como una sola Iglesia

Entre los once obispos asistentes se encontraban obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (CELAM), la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos (CCCB) y la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB)

Share this Entry

(ZENIT Noticias / Tampa, 19.02.2026).- Al concluir su encuentro bienal, los directivos y miembros de las Conferencias Episcopales de las Américas se reunieron del 15 al 17 de febrero en un centro de retiro para orar y dialogar sobre su ministerio compartido como pastores. Entre los once obispos asistentes se encontraban obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (CELAM), la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos (CCCB) y la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB). Los obispos emitieron la siguiente declaración conjunta:

***

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Reunidos en un espíritu de profunda comunión, conscientes de que no representamos Iglesias aisladas ni realidades fragmentadas, sino una sola Iglesia en peregrinación por el continente americano, queremos dirigirnos a ustedes con un mensaje de cercanía, de esperanza y de corresponsabilidad.

Hemos vivido días de alegría fraterna, unidos en la oración, el diálogo sincero y el discernimiento pastoral. Damos gracias al Señor por la gracia de este encuentro, que nos ha permitido renovar nuestro compromiso de caminar juntos como Iglesia en las Américas, fortaleciendo los lazos que nos unen más allá de nuestras fronteras y diferencias culturales.

Nuestra oración y nuestras conversaciones se han centrado en cómo guiar mejor al Pueblo de Dios con sabiduría y valentía en un tiempo marcado por profundos cambios y desafíos. Si bien nuestros contextos nacionales son diversos, reconocemos que nuestros pueblos experimentan inquietudes similares y que nuestros ministerios episcopales enfrentan desafíos comunes que requieren respuestas coordinadas, compasivas y profundamente evangélicas.

Conscientes del momento histórico que vivimos y de la complejidad de los desafíos que afectan a nuestras sociedades, hemos renovado nuestro compromiso de caminar juntos de manera sinodal como Iglesia que abraza el norte y el sur del continente, dando testimonio claro y coherente de Jesucristo, crucificado y resucitado, esperanza viva para todos los pueblos.

Entre los temas que hemos considerado están nuestra preocupación por los pobres y vulnerables, la dignidad y los derechos de los pueblos indígenas, el doloroso flagelo de la trata de personas y la narcocultura, la creciente polarización que hiere el discurso público y debilita la cohesión social y, en particular, la extrema vulnerabilidad de los migrantes que viven, transitan y buscan un futuro en nuestros países.

Respecto al fenómeno de la migración, afirmamos claramente: ningún migrante es ajeno a la Iglesia. En cada persona que abandona su patria en busca de seguridad, oportunidades o dignidad, reconocemos a un hermano, a una hermana; reconocemos el rostro mismo de Cristo en movimiento. La movilidad humana no puede reducirse a una cuestión meramente política o económica; es una realidad profundamente humana que interpela nuestra conciencia cristiana y la responsabilidad ética de las naciones.

El viaje del migrante atraviesa países, sistemas y fronteras. Por lo tanto, nuestra acción pastoral no puede fragmentarse. Queremos fortalecer nuestra coordinación continental para que, desde el lugar de origen hasta el tránsito y el destino final, la Iglesia sea un signo concreto de esperanza, un lugar de acogida y protección.

Invitamos a las autoridades civiles a promover políticas que salvaguarden la vida, los derechos y la dignidad de las personas migrantes. Reconocemos la responsabilidad de los Estados de regular la migración y garantizar el bien común; sin embargo, reiteramos que toda legislación debe priorizar la dignidad inalienable de la persona humana y el respeto que esta merece.

Instamos a todo el Pueblo de Dios en las Américas a vivir nuestra unidad de forma concreta y cotidiana: en la acogida generosa de los migrantes, en la defensa de los más vulnerables, en el diálogo respetuoso incluso en medio de las diferencias, en la paciente construcción de puentes. Que nuestras parroquias, comunidades y familias sean signos visibles de que la fraternidad es posible y de que el Evangelio sigue siendo una fuerza transformadora en nuestras sociedades.

Somos una sola Iglesia en las Américas. Desde esta unidad, deseamos servir con mayor dedicación, acompañar con mayor cercanía y proclamar con renovado coraje la esperanza que brota del Corazón del Salvador.

Encomendamos este compromiso a la intercesión de la Santísima Virgen María, Nuestra Madre, quien acompaña a todos los pueblos de nuestro continente bajo múltiples advocaciones. Que ella nos sostenga en comunión y nos inspire a responder juntos, con caridad y valentía evangélica, a los desafíos de nuestro tiempo.

Con afecto fraterno y renovada esperanza,

El liderazgo de las Conferencias Episcopales de Canadá, Estados Unidos y América Latina y el Caribe (CELAM).

Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.

 

Share this Entry

Redacción Zenit

Apoya ZENIT

Si este artículo le ha gustado puede apoyar a ZENIT con una donación

@media only screen and (max-width: 600px) { .printfriendly { display: none !important; } }