El Papa: Ha llegado la hora de los laicos

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Aclara el papel de seglares y sacerdotes ante miembros del Opus Dei

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CIUDAD DEL VATICANO, 19 mar 2001 (ZENIT.org).- Con el nuevo milenio, ha llegado la hora de que los laicos se conviertan en los auténticos misioneros de la sociedad. Esta fue la convicción que ha confesado Juan Pablo II en un encuentro con miembros del Opus Dei.

El sábado pasado, el pontífice se encontró con unos cuatrocientos sacerdotes y laicos pertenecientes a esta Prelatura personal, quienes llegaron al Vaticano guiados por el obispo Javier Echevarría. Procedían de varios continentes y se encontraban presentes en Roma para participar en unas jornadas de reflexión sobre la «Novo Millennio Ineunte», carta apostólica con la que el pontífice invita a la Iglesia a echarse «mar adentro» en la evangelización del nuevo siglo.

Para alcanzar este objetivo, el pontífice propuso como clave una auténtica colaboración entre sacerdotes y laicos, tal y como prevé la misma «naturaleza jerárquica» del Opus Dei.

Se trata de vivir «una espiritualidad de comunión que debe valorizar al máximo los papeles de cada uno de los miembros de la Iglesia», aclaró, ya sean sacerdotes o laicos.

Los laicos cristianos tienen un papel decisivo en la nueva evangelización –insistió–: deben poner a disposición sus «competencias específicas en las diferentes actividades humanas» para dirigir el empuje misionero de la Iglesia hacia aquellas «nuevas fronteras» que afronta la humanidad.

«Su testimonio directo en todos estos campos mostrará que sólo en Cristo los valores humanos más elevados alcanzan su plenitud», añadió el Papa.

El mismo pontífice respondió a la pregunta sobre los modos y formas con las que los laicos pueden responder a un desafío tan ambicioso: «su celo apostólico, la amistad fraterna, la caridad solidaria permitirán entretejer relaciones sociales cotidianas para despertar en sus semejantes esa sed de verdad que es la primera condición para el encuentro salvífico con Cristo».

Ahora, bien esta nueva conciencia misionera de los laicos no redimensiona ni excluye la misión del sacerdote, constató el Papa. Por el contrario, su «función primaria» consiste en «ayudar a las almas, una por una, en los sacramentos, en la predicación, en la dirección espiritual, para abrirse al don de la gracia».

Esta misión de laicos y sacerdotes sólo tiene sentido si antes cada uno ha llegado a descubrir y encontrarse personalmente con Cristo, concluyó. «No nos salvará una fórmula, sino una Persona y la certeza que nos infunde». Algo que, como el mismo Santo Padre recordó, queda muy claro en «Camino», posiblemente el libro más conocido de Josemaría Escrivá de Balaguer.

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ZENIT Staff

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