Murió el sacerdote Heriberto Vázquez, «héroe» popular en Paraguay

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Pacificó a las familias enfrentadas durante la guerra civil

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ASUNCIÓN, lunes, 10 diciembre 2007 (ZENIT.org).- El pasado 4 de diciembre falleció en San José de los Arroyos, a unos 80 kilómetros Asunción, Paraguay, a los 93 años, el sacerdote Heriberto Vázquez, quién durante la guerra civil que sufrió el país, en 1947, se encargó de pacificar a las familias enfrentadas entre sí, en el mismo epicentro de la revolución, informa a Zenit desde Paraguay Victor Miguel Pizzurno.

Vázquez es recordado, entre muchas cosas, explica Pizzurno, principalmente porque durante los enfrentamientos armados entre compatriotas, siendo él, párroco de Villa Real de la Concepción, capital del primer departamento y cuna de la revolución, «cuando venían los milicianos para tomar con violencia la ciudad, ante la prédica del entonces joven padre Vázquez, que les salió al paso, retornaban a sus hogares sin registrarse derramamiento de sangre».

Monseñor Vázquez nació en San Pedro del Ycuamandyyú (en guaraní= fuente del algodón), fue en su tiempo el sacerdote más joven de Paraguay, ordenado a los 23 años, y era más conocido como pa’i (padre en guaraní) Vázquez.

En sus setenta años de sacerdocio, fue párroco 17 años en Concepción y en la localidad de San José de los Arroyos. Otros tantos años cumplió funciones sacerdotales en la basílica de Caacupé, capital espiritual del Paraguay.

Al mismo tiempo de su labor pastoral, ejerció la docencia. En San José se le recuerda cuando iba en bicicleta, y con un megáfono, invitaba a la gente a participar en las celebraciones eucarísticas, y sobre todo, por realizar grandes obras, principalmente centros educativos, que sirvieron para el desarrollo y progreso de la localidad de San José de los Arroyos y de otras ciudades.

«Las obras del monseñor Vázquez –afirma Pizzurno– son un ejemplo de vida digna de admiración, fundamentalmente por su alto espíritu de cooperación y de lucha en favor de los necesitados, una vocación que siempre le identificó desde sus inicios sacerdotales».

Y concluye: «Con justificados méritos es el padre espiritual de las comunidades de Concepción, San José de los Arroyos y Caacupé, donde dejó profundas huellas de amor. Desde 1989, año en que se retiró oficialmente, vivió en San José, en una casa construida por los católicos sanjosianos».

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ZENIT Staff

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