Oportunidades y retos de Obama, según los obispos estadounidenses

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Mensaje del presidente del episcopado al inicio del nuevo mandato

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WASHINGTON, lunes, 19 enero 2009 (ZENIT.org).- Los obispos estadounidenses afrontan las oportunidades y retos del nuevo periodo que se abre en el país, con el nuevo mandato presidencial, en sendos mensajes dirigidos tanto al presidente electo Barack Obama como al Congreso.

En las misivas, los prelados católicos prometen “hacer de este periodo de cambio nacional un tiempo de avance hacia el bien común y defender la vida y la dignidad de todos”.

 Firma la carta, presentada como “agenda para el diálogo y la acción”, el cardenal Francis George de Chicago, presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.

Una carta similar fue enviada al vicepresidente Joseph Biden y a cada miembro de la cámara baja del Parlamento.

Entre los temas que toca la carta-agenda está, en primer lugar, el económico.

Los obispos instan a “fuertes, prudentes y efectivas medidas para afrontar el terrible impacto y las injusticias de la crisis económica” y abogan “por una clara prioridad hacia las familias pobres y los trabajadores vulnerables, en el desarrollo e implementación de medidas de recuperación económica, incluyendo nuevas inversiones, al mismo tiempo que un reforzamiento de la red de seguridad social nacional”.

En cuanto al servicio de salud, piden una “cobertura verdaderamente universal de los servicios sanitarios que proteja toda vida humana, incluyendo la vida prenatal” y que incluya “una diversidad de opciones que aseguren el respeto a las convicciones de pacientes y proveedores”.

En cuanto a asuntos internacionales, los prelados subrayan la necesidad de “una transición responsable en un Irak libre de persecución religiosa”. También urgen a que se realicen esfuerzos para “un final del conflicto violento y una justa paz en Tierra Santa” y un liderazgo estadounidense continuado en la lucha contra el VIH-sida y otras enfermedades con modos que sean a la vez “efectivos y moralmente adecuados”.

Los obispos prometen “ser voz de los pobres y los vulnerables de nuestro país y de todo el mundo que serán los más adversamente afectados por todas las amenazas del medio ambiente”.

Urgen la reparación de “un sistema de inmigración roto que daña tanto a nuestro país como a los inmigrantes”.

Afirman que tal reforma “debe incluir un itinerario hacia conseguir la ciudadanía con atención al hecho de que el comercio internacional y las políticas de desarrollo influencian las oportunidades económicas en los países de procedencia de los inmigrantes”.

Subrayan el apoyo al matrimonio que, afirman, es “una unión confiada, exclusiva y por toda la vida de un hombre y una mujer y debe permanecer tal en la ley”.

Sobre educación, los obispos prometieron “seguir apoyando iniciativas que proporcionen recursos a todos los progenitores, especialmente a quienes tienen medios modestos, para poder elegir la educación que mejor responda a las necesidades de sus hijos”.

Los obispos dieron la bienvenida al “compromiso para reforzar a los grupos confesionales como colaboradores efectivos en la superación de la pobreza y otras amenazas a la dignidad humana”.

La relación con estos grupos, dicen, “no deben animar al Gobierno a abandonar sus responsabilidades, ni requerir a los grupos religiosos que abandonen su identidad y su misión”.

También prometen trabajar para proteger las vida de los miembros más vulnerables y sin voz de la familia humana, especialmente niños no nacidos, personas con minusvalía o enfermos terminales.

“Defenderemos con contundencia el derecho fundamental a la vida desde la concepción hasta la muerte natural”, dicen, así como “animaremos a todos y cada uno a buscar un común acuerdo para reducir el número de abortos con métodos que afirmen la dignidad de las mujeres embarazadas y sus hijos no nacidos”.

Dicen que se “opondrán a otras medidas legislativas que amplíen el aborto” y trabajarán “para conservar políticas, ampliamente apoyadas, que muestren respeto por la vida no nacida, protejan los derechos de conciencia de los proveedores de atención sanitaria y de otros estadounidenses, y se mostrarán en contra de la financiación gubernamental al aborto y a su promoción”.

Advierten, por último, que “los esfuerzos por forzar a los estadounidenses a financiar abortos con sus impuestos pueden ser una grave apuesta moral y poner en riesgo la necesaria reforma sanitaria”.

Por Nieves San Martín

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ZENIT Staff

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