Jóvenes argentinos descubren el sentido universal de la misión

ESCOBAR, miércoles, 11 febrero 2009 (ZENIT.org).- Bajo el lema tomado de la beata Teresa de Calcuta, «Solo tengo un corazón para ofrecer y dos manos para servir», los jóvenes de la parroquia de Santa Florentina, junto a un grupo de seminaristas y el padre Mauricio Aracena, tuvieron a su cargo la misión desde el 31 de enero al 7 de febrero, en la capilla de San Cayetano, perteneciente a la jurisdicción de la parroquia de San Juan de la Cruz, que se encuentra en el barrio «Villa Alegre», ciudad de Escobar, Argentina, cuyo pastor propio es el presbítero Daniel Bevilacqua.

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Durante los primeros días -informan los organizadores a ZENIT–, los jóvenes tuvieron un retiro preparatorio para la misión, contando con la presencia de la hermana Mariel, responsable de Propagación de la Fe en las Obras Misionales Pontificias, quien les habló a los jóvenes del sentido universal de la misión. Terminado el retiro espiritual, los jóvenes salieron a visitar las casas durante la mañana y por la tarde actividades con la gente del barrio.

Entre la multiforme participación, hubo concurrencia de numerosos niños y algunos adolescentes, esto es, alrededor de cincuenta niños de entre 3 y 13. Los días dedicados a la misión trascurrieron entre la oración, juegos, cantos, obras de teatro, y animación con juegos misioneros, compartiendo el don de la fe que los jóvenes recibieron y a su vez transmitían, conforme a las palabras que nos legara Juan Pablo II en la Redemptoris Missio: «La fe se fortalece dándola».

También, se realizaron actividades con los abuelos, compartiendo distintos y gratos momentos con ellos. Todos los días, los jóvenes concluían la jornada misionera rezando el rosario por las calles del barrio. Durante el jueves y viernes, se rezó especialmente por los difuntos y enfermos, viéndose la capilla colmada de personas que recibieron el don de la misión. El día sábado se concluyó la misión, habiéndose visto algunos primeros frutos, a través del bautismo de cinco niños. Por último, se celebró la misa de clausura.

Los jóvenes definieron la misión como un encuentro con Cristo y con los hermanos; como una verdadera experiencia de una Iglesia joven y misionera, testimonio de amor y presencia evangélica.

Los participantes señalaron los aspectos positivos de la experiencia: fue la ocasión para que mucha gente se acercara a la misa, así como al rezo comunitario del rosario; la visualización de la comunidad como pujante y con muchos fieles, con voluntad de participar y trabajar por el Reino; la adoración como centro de la misión; la revelación de un Dios viviente en la misión; resultó muy importante la presencia de la hermana. Mariel de Obras Misionales Pontificias, quien expuso una visión general sobre la Misión; vimos la gracia de poder percibir los frutos de la misión durante la misma, mediante los bautismo, las bendiciones de las casas, la visita a los enfermos, el regreso de la gente a la misa en la misión; pudimos mostrar el mensaje de un Cristo vivo. Nuestra función de ahora en más en rezar por la continuidad de las gracias dadas. Como desafío señalamos la necesidad de apuntalar una acción de servicio misionero más continuo.

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ZENIT Staff

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