Misioneros al estilo de Santa María de Guadalupe

Habla el padre Juan José Ángel Luna Erreguerena, nuevo superior general

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MÉXICO, miércoles, 11 marzo 2009 (ZENIT.org-El Observador).- México se ha convertido en un país exportador de misioneros. Prueba de ello son los Misioneros de Guadalupe (MG), una sociedad de vida apostólica fundada en 1949 por el episcopado mexicano para la misión ad gentes.

Después de los turbulentos años de la persecución religiosa en México, este instituto misionero es fruto de la madurez de fe de los católicos de estas tierras que se comparte hoy en día en Corea, Japón, Hong Kong, Angola, Kenia, Mozambique, Brasil, Cuba, Guatemala, Perú y Estados Unidos, con más de 160 misioneros.

El padre Juan José Ángel Luna Erreguerena, recientemente reelegido como superior general, habla con ZENIT-El Observador sobre el estado actual de los Misioneros de Guadalupe y sus proyectos de futuro, sobre todo, a la luz del documento de Aparecida en donde se llama a todos los pueblos de América Latina a llevar a cabo una la Misión Continental.

–Los Misioneros de Guadalupe es la única orden misionera constituida por el episcopado mexicano; ¿es vigente la intuición misionera con que fueron fundados en 1949?

-P. Juan José Luna Erreguerena: Han cambiado ciertas cosas, porque los tiempos han cambiado. La fundación nace de la unión misional del clero y del episcopado mexicano que decide integrarse a la misión para los no cristianos de una manera nueva. La evangelización por muchos siglos se hizo por las órdenes religiosas.

El Espíritu Santo integra a los misioneros de Guadalupe en la misión ad gentes de la Iglesia, como una sociedad de vida apostólica de derecho pontificio, misionera y clerical. La idea de los obispos en aquel tiempo era formar sacerdotes mexicanos para enviarlos a las misiones extranjeras para formar el clero de esos lugares y que la Iglesia pudiera establecerse. En 1949 era tiempos preconciliares; el Concilio Vaticano II nos abre una perspectiva inmensa y nueva: la Iglesia no es solamente la jerarquía sino que incluye a los laicos; nosotros vamos abriendo nuestro espacio para recibir a laicos como asociados y tanto sacerdotes como laicos mexicanos vamos a la misión ad gentes y allá promovemos y formamos agentes de evangelización, es decir ayudamos a las iglesias particulares a crecer y madurar y a ser autosuficientes.

–¿Hay una diferencia en los Misioneros de Guadalupe con otros institutos misioneros por el hecho de surgir del catolicismo mexicano que se cristalice en su modo de misionar?

–P. Juan José Luna Erreguerena: Yo diría que sí, sobre todo por el hecho guadalupano. La Virgen de Guadalupe es María de Nazaret que Dios envía a México y América para traernos de parte de Él un mensaje, la evangelización, hablándonos en nuestro propio lenguaje y revistiéndose en su imagen de símbolos culturales que al final dicen más que las palabras para los indígenas; su forma de misionar es acercándose con cariño a la gente en sus necesidades. Diez  años después de haber sido derrotados, con la pérdida de su visión cultural, la Virgen viene con el evangelio y da esperanza. Todas estas actitudes de la virgen de Guadalupe deben ser propias de un misionero de Guadalupe, de manera que nosotros, como sacerdotes seculares o como misioneros tenemos las mismas características que otros en el mundo, pero en cuanto guadalupanos somos únicos del mundo.

–¿Cuáles son los grandes retos que enfrentan en los lugares de misión?

–P. Juan José Luna Erreguerena:  Asia es el continente donde han nacido las grandes religiones y donde hay que encontrar el camino para anunciar a Cristo ante personas que conocen a Dios, que creen en él de una u otra manera, pero que no conocen a Jesucristo, la plenitud de la Revelación. Ahí la evangelización va en la línea del diálogo interreligioso.

En África el reto es cómo evangelizar las culturas y como inculturar el evangelio. A los misioneros les toca evangelizar las culturas en profundidad y a los cristianos de allá, les toca el otro paso que es la inculturación del evangelio en la cultura propia.

En América las cuestiones sociales son las que aparecen como reto; encontrar caminos para que el Evangelio llegue a la vida y a la sociedad, que es lo que se llama Justicia y Paz.

En Europa implica cómo presentar a Jesús como la plenitud del ser humano y de los pueblos a partir de las grandes interrogantes que nacen del corazón de todo ser humano.

–¿América sigue siendo el continente de la esperanza o ésta ha migrado a África y Asia?

–P. Juan José Luna Erreguerena: La esperanza de la humanidad no es un continente sino Jesucristo, donde quiera que lo tengamos y lo compartamos a los demás y sepamos hacerlo, será anunciar al mundo la esperanza más plena que tenemos. Se habla de continente de la esperanza por el numero de católicos, pero, si este número no tiene calidad, no es signo de esperanza.

–¿Cómo están los Misioneros de Guadalupe en cuestión de vocaciones?

–P. Juan José Luna Erreguerena:  En los últimos seis años tuvimos un periodo de disminución que en los últimos dos años revertimos; actualmente tenemos 96 muchachos en diferentes niveles. El problema de la vocación viene desde que Jesús vio las muchedumbres y dijo «La mies es mucha y los operarios pocos»; pero nos dio la clave: «recen, pidan al dueño de la mies que envíe trabajadores». A nosotros nos interesa que a los que él envíe los podamos formar bien, que es un reto más complicado.

–¿Cuáles son los pasos principales para ser misionero?

–P. Juan José Luna Erreguerena:  Es fundamental encontrar a Jesucristo en la propia vida como respuesta a las propias preguntas; Jesús como camino verdad y vida. Es importante también ponerse a la escucha del Señor que nos llama; por ejemplo en la lectio divina, y en la oración ir descubriendo lo que el Señor espera de mí; la vocación no es lo que quiero ser yo, sino para qué Dios me creó, para qué estoy en este mundo.

Además de este encuentro personal y en Iglesia, es importante estar atento a las necesidades de la sociedad que nos rodea; esa sensibilidad puede llevar a alguien a escuchar la voz del Señor que dice: «yo quiero que tú me hagas presente delante de los hermanos que no me conocen».

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ZENIT Staff

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