La disyuntiva entre servir al verdadero Dios o a los falsos ídolos

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Palabras de Benedicto XVI en el Ángelus

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CASTEL GANDOLFO, domingo 26 agosto 2012 (ZENIT.org).- A las 12 horas de hoy Benedicto XVI se asomó al balcón del patio interno del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo y recitó el Ángelus junto a los fieles y a los peregrinos presentes.

En su introducción a la oración mariana, Benedicto XVI ha comentado el evangelio de la liturgia dominical que, tras el discurso del «pan de vida» del domingo pasado, presenta la reacción de los discículos a ese discurso.

«Una reacción –dijo el papa- que fue el mismo Cristo, de manera consciente, quien la provocó».

Según relata el evangelista Juan, muchos de sus discípulos abandonaron a Jesús en ese momento.

Según Benedicto XVI, la revelación de Jesús –«el que come mi carne y bebe mi sangre vivirá para siempre»- tenía palabras difíciles de aceptar: «Esta revelación fue incomprensible para ellos, porque la entendían en sentido material, cuando en esas palabras se preanunciaba el misterio pascual de Jesús, mediante el cual Él se entregaría por la salvación del mundo: la nueva presencia en la Sagrada Eucaristía».

Sobre la respuesta de Pedro, al preguntar Jesús a los apóstoles si también ellos querían marcharse: «Señor a quién iremos», el papa comentó un pasaje de san Agustín que comenta la fe de Pedro: «Hemos creído para poder conocer; Si, en efecto, hubiéramos querido conocer antes de creer, no hubiéramos sido capaces ni de conocer ni de creer. ¿Qué cosa hemos creído y qué cosa hemos conocido? Que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, por tanto, tú eres la misma vida eterna, y en la carne y en la la sangre nos das de lo que tú mismo eres» (Comentario al Evangelio de Juan, 27, 9)».

Por último el papa se centró en la figura de Judas: uno que no creía. Pudo haberse ido pero, dijo el papa, «permaneció no por fe, no por amor, sino con la secreta intención de vengarse del Maestro».

Recordó que Judas era un zelote, y quería un Mesías triunfante. Jesús había decepcionado las expectativas.

«El problema -subrayó Benedicto XVI es que Judas no se fue, y su fallo más grave fue la mentira, que es la marca del diablo».

Concluyó invitando a pedir «a la Virgen María, que nos ayude a creer en Jesús, como san Pedro, y a ser siempre honestos con Él y con todos».

Se puede leer el texto completo del discurso en: http://www.zenit.org/article-42982?l=spanish.

Al concluir el rezo del Ángelus, el papa se dirigió a los distintos grupos lingüísticos. A los hispanohablantes que estaban allí, les dijo: «Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana. La liturgia de la Palabra de este domingo nos ha presentado la disyuntiva entre servir al verdadero Dios o a los falsos ídolos. Invito a todos a proclamar con valentía la opción incondicional por Aquel que tiene palabras de vida eterna, Jesucristo, el Santo de Dios. Él no nos dejará de su mano y seguirá obrando maravillas, guiándonos a la tierra prometida, a la vida eterna. Feliz domingo«.

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ZENIT Staff

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