Misa en Beirut por jesuita asesinado en Siria

El jesuita Frans van der Lugt recordado por el superior de la Compañí­a como «un hombre que supo ser fiel hasta el fin de su vocación misionera»

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El Padre Adolfo Nicolás, Superior General de la Compañía de Jesús, ha definido al sacerdote jesuita Frans van der Lugt,  asesinado el 7 de abril en Siria, como un hombre que «ha sido capaz de cruzar las fronteras, yendo hasta el límite de sus fuerzas para vivir entre los que le había dado la bienvenida». Un «balsero de la vida y la cultura», un hombre que supo ser fiel hasta el fin de su vocación misionera y ofrecer su vida en sacrificio por Siria, «que amó hasta el fin». Lo hizo en un mensaje leído durante una misa funeral celebrada en Beirut, indicó la agencia de noticias Fides.

La misa fue celebrada por el Padre Victor Assouad, que además leyó el mensaje del provincial de los jesuitas. A la misa asistieron el embajador de los Países Bajos, el representante de la Unión Europea en el Líbano, Angelina Eichhorst, también holandesa, el nuncio Gabriele Caccia, y los obispos Boulos Daddah, Aad Abikarama, Boulos Matar y Michel Aoun.

Por su parte, el superior provincial de la Compañía de Jesús, el Padre Victor Assouad, después de la lectura del Evangelio, dijo que «la muerte violenta del padre Frans nos afecta profundamente. Pero no hace daño a nuestra esperanza. Está en perfecta coherencia y armonía con las enseñanzas del Evangelio, está en la lógica total de la secuela de Cristo. Es la configuración a su persona y el destino del dúo hasta el final. El Padre Frans había considerado esta posibilidad y lo había aceptado plenamente. Puedo decir que fue en la verdadera paz, que iba a cumplir su destino en plena solidaridad, determinación, compasión y amor. Habiendo amado a los suyos que estaban en Siria, los amo hasta el extremo».

«Cuando, hace casi un mes, algunos grupos de civiles han sido capaces de salir de los viejos barrios de Homs, después de más de un año y medio de asedio, todos ellos admitieron que, sin el padre Frans, la muerte hubiera sido su destino (…) Cuando hablé con él por teléfono, hace casi tres semanas, su voz era inusualmente clara. Había repetido que estaba en paz, que estaba lleno de alegría. Me ha dicho: no temo por mí, estoy bien».

«En el 2009 se cumplió el quincuagésimo aniversario de su profesión religiosa en el centro de la Tierra (Al- Ard), que él mismo fundó. Durante la Misa que celebró en esa ocasión, frente a un millar de personas, había hablado de su vocación y reveló que después de su primera comunión, al entrar en la iglesia y ver el crucifijo en su cruz, se dio cuenta de que el amor es el verdadero rostro de Jesucristo crucificado. Había entendido que el Crucificado era la encarnación del amor verdadero y don infinito. Esto sucedió el lunes 7 de abril, fue la confirmación, la realización, como el sello de esta vocación de amar como Cristo crucificado».

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ZENIT Staff

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