Francisco insta a superar el 'fenómeno abominable' de la trata de personas

En el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el Papa señala como causas de la ‘esclavitud moderna’ la pobreza, el subdesarrollo y la exclusión

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«No esclavos, sino hermanos». Éste es el tema de la 48ª Jornada Mundial de la Paz, la segunda del papa Francisco, que se celebra el primer día de cada año. El documento ha sido difundido hoy por la Oficina de Prensa de la Santa Sede. 

En el mensaje, el Santo Padre se centra en los muchos aspectos de la esclavitud de ayer y de hoy, recordando sus causas profundas. Así, el Pontífice insta a encontrar soluciones comunes para superar este problema, que describe como un «fenómeno abominable».

A pesar de que la comunidad internacional ha adoptado diversos acuerdos para poner fin a la esclavitud en todas sus formas, y ha dispuesto varias estrategias para combatir este fenómeno, señala el Papa, «todavía hay millones de personas –niños, hombres y mujeres de todas las edades– privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud».

Para el Santo Padre, existen varias causas que ayudan a explicar las formas contemporáneas de esclavitud: la pobreza, el subdesarrollo y la exclusión, especialmente cuando se combinan con «la falta de acceso a la educación o con una realidad caracterizada por las escasas, por no decir inexistentes, oportunidades de trabajo».

El Pontífice explica también que «las víctimas de la trata y de la esclavitud son personas que han buscado una manera de salir de un estado de pobreza extrema, creyendo a menudo en falsas promesas de trabajo, para caer después en manos de redes criminales que trafican con los seres humanos».

«La esclavitud y la trata de personas humanas requieren una complicidad que con mucha frecuencia pasa a través de la corrupción de los intermediarios, de algunos miembros de las fuerzas del orden o de otros agentes estatales, o de diferentes instituciones, civiles y militares», denuncia el Papa, e indica que la corrupción «sucede cuando en el centro de un sistema económico está el dios dinero y no el hombre, la persona».

Según el Santo Padre, las empresas deben ofrecer a sus empleados «condiciones de trabajo dignas y salarios adecuados», al tiempo que critica como forma de opresión moderna «la corrupción de quienes están dispuestos a hacer cualquier cosa para enriquecerse».

El Pontífice se refiere en su documento a los «muchos emigrantes que, en su dramático viaje, sufren el hambre, se ven privados de la libertad, despojados de sus bienes o de los que se abusa física y sexualmente».

Inmigrantes que «después de un viaje durísimo y con miedo e inseguridad, son detenidos en condiciones a veces inhumanas» y se «ven obligados a la clandestinidad por diferentes motivos sociales, políticos y económicos» o, «con el fin de permanecer dentro de la ley, aceptan vivir y trabajar en condiciones inadmisibles».

«Muchas personas son secuestradas para ser vendidas o reclutadas como combatientes o explotadas sexualmente, mientras que otras se ven obligadas a emigrar, dejando todo lo que poseen», insiste el Papa, que lamenta que esas personas se vean empujadas muchas veces «a buscar una alternativa» y corran «el riesgo de entrar de ese modo en ese círculo vicioso que las convierte en víctimas de la miseria, la corrupción y sus consecuencias perniciosas».

«Los conflictos armados, la violencia, el crimen y el terrorismo» son otras de las causas de la esclavitud, añade.

En este sentido, hace un llamamiento a todos los ciudadanos, organismos internacionales y jefes de Estado y de Gobierno para que aúnen sus esfuerzos en la lucha contra esta «esclavitud contemporánea» y para que «no sean cómplices de este mal».

Ante esta situación, el Santo Padre destaca que «se requiere un triple compromiso a nivel institucional de prevención, protección de las víctimas y persecución judicial contra los responsables».

Los Estados, por su parte, «deben vigilar para que su legislación nacional en materia de migración, trabajo, adopciones, deslocalización de empresas y comercialización de los productos elaborados mediante la explotación del trabajo, respeten la dignidad de la persona».

Además, deben garantizar la puesta en marcha de «mecanismos de seguridad eficaces para controlar la aplicación correcta» de las leyes para que no exista espacio para «la corrupción y la impunidad».

La tarea de las organizaciones intergubernamentales es «implementar iniciativas coordinadas para luchar contra las redes transnacionales del crimen organizado que gestionan la trata de personas y el tráfico ilegal de emigrantes», recuerda el Pontífice, y la sociedad civil también tiene que «sensibilizar y estimular las conciencias acerca de las medidas necesarias para combatir y erradicar la cultura de la esclavitud».

Por último, el papa Francisco pide que los esfuerzos que ha realizado la Santa Sede en los últimos años, multiplicando «los llamamientos a la comunidad internacional para que los diversos actores unan sus esfuerzos y cooperen para poner fin» a la trata de personas, «continúen y se redoblen en los próximos años».

Para leer el texto completo del mensaje clicar aquí

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ZENIT Staff

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