Caridad en donde hubo escarnio

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La cofradía sevillana de los «Negritos» se prepara para la Semana Santa

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Sevilla, como otras capitales y localidades de España, un año más se prepara para celebrar su Semana Santa. Incienso y azahar esparcidos en el aire perfuman cada primavera las calles hispalenses repletas de un gentío ávido de ver a sus Cristos y Dolorosas, esas imágenes imposibles de describir por su perfección y belleza, en la que tantos imagineros plasmaron su arte. Todas ellas toman vida sobre el asfalto, gracias a la entrega de miles y miles de costaleros que van meciéndolas bajo los pasos con ímprobo esfuerzo. Varales, bambalinas, mantos, ciriales, incienso, bandas de cornetas y tambores…, más que cultura y espectáculo, es la imponente fe popular impregnando cualquier recodo de la carrera oficial que deben recorrer las distintas cofradías hasta llegar a la catedral, con una emoción que se desborda irremediablemente, desgranada en suspiros, llantos, saetas y piropos. Difícil equilibrio entre el recogimiento y el entusiasmo; pero con todo aquéllo se implora a ese cielo reflejado en la dulzura y pureza de las imágenes que recuerdan la infinita misericordia de Dios. Sea bajo el anonimato de un faldón, desde el graderío o a pie de calle la gente quiere participar en este encuentro con el Redentor y con su Madre. Es una catequesis única; hay que llevarla dentro para comprenderla.

Una Hermandad sevillana, de las más antiguas que existen, es la de los Negritos, así conocida porque inicialmente estuvo integrada por los esclavos negros, y negros afincados en la capital fueron también los hermanos que sacaron los dos pasos que la componen hasta no hace mucho. El año 2018 esta cofradía conmemorará sus 625 años de fundación. El titular de la misma, el Santísimo Cristo de la Fundación, es una talla del escultor Andrés de Ocampo (1622), muy sobria, que emociona y sobrecoge. Los integrantes de esta Hermandad mantienen vivos sus objetivos que no son otros que la caridad. En las entrañas de la misma, entretejidos por múltiples desvelos, los hermanos se afanan en cubrir las carencias de muchas familias a las que este zarpazo de la crisis les ha dejado prácticamente con lo puesto, sin olvidar a varios conventos y otros desvalidos humana, material y espiritualmente.

Consuelan, ayudan y se entregan fraternalmente haciendo creíble su devoción al Santísimo Cristo y a Nuestra Señora de los Ángeles que acompaña a su divino Hijo.
Así va despertándose la fe de los descreídos –que de esos también hay constancia en las cofradías–, de los alejados de la Iglesia y de quienes de algún modo o abiertamente se han comprometido con ella. Todos tienen allí su cabida; no hay acepción de personas. Es la plasmación del evangelio en una cofradía que nunca olvida sus orígenes: hermanos esclavos, a quienes la vida marcó ignominiosamente quedando a merced de congéneres sin escrúpulos. Al procesionar estos dignos antecesores fueron dejando en la calzada hispalense la huella de sus pies descalzos y el corazón contrito de los sensibles ciudadanos que solo podían adivinar su rostro por hallarse rigurosamente velado por el antifaz. También hoy a los hermanos les está prohibido levantárselo. Y cuando han concluido su estación de penitencia no pueden «vagar por las calles», ni detenerse en las mismas ni siquiera para ver otras procesiones; no pueden reunirse en grupo, ni fumar, ni hablar, ni realizar actos que pudieran contravenir la penitencia que realizan… Eso da idea de su rigor y coherencia.

Paciencia, fe y caridad, una trilogía tatuada, no solo cuado se asoma a las calles de Sevilla cada Semana Santa, sino en el vivo discurrir de esta Hermandad acogedora, solidaria, llena de esperanza, que no duda en sumar sus recursos materiales y humanos para contribuir a la formación de los que no tienen medios, asistiendo a enfermos, como los de esclerosis múltiple, o vinculándose a cualquier iniciativa benéfica y caritativa, siempre que tenga entre sus objetivos el sumo bien; por eso apoyan a asociaciones cuya finalidad es la defensa de la vida humana y se hacen eco de todo lo que revierte en beneficios para las personas. Son los entresijos de cofradías que quizá muchos desconocen. Pero desde luego, la entrañable y popular Hermandad sevillana de «Los Negritos» consigue sembrar la caridad donde antes hubo escarnio. Una historia digna de contarse y, sobre todo, de vivirse.

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Isabel Orellana Vilches

Isabel Orellana Vilches Misionera idente. Doctora en Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona con la tesis Realismo y progreso científico en la epistemología popperiana. Ha cursado estudios de teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Con amplia actividad docente desde 1986, ha publicado libros como: Realismo y progreso científico en la epistemología popperiana, Universitat Autònoma de Barcelona, 1993; El evangelio habla a los jóvenes, Atenas, Madrid, 1997; Qué es... LA TOLERANCIA, Paulinas, Madrid, 1999; Pedagogía del dolor. Ensayo antropológico, Palabra, Madrid, 1999; En colaboración con Enrique Rivera de Ventosa (†) OFM. Cap. San Francisco de Asís y Fernando Rielo: Convergencias. Respuestas desde la fe a los interrogantes del hombre de hoy, Universidad Pontificia, Salamanca, 2001; La "mirada" del cine. Recursos didácticos del séptimo arte. Librería Cervantes, Salamanca, 2001; Paradojas de la convivencia, San Pablo, Madrid, 2002; En la Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador, ha publicado: La confianza. El arte de amar, 2002; Educar para la responsabilidad, 2003; Apuntes de ética en Karl R. Popper, 2003; De soledades y comunicación, 2005; Yo educo; tú respondes, 2008; Humanismo y fe en un crisol de culturas, 2008; Repensar lo cotidiano, 2008; Convivir: un constante desafío, 2009; La lógica del amor, 2010; El dolor del amor. Apuntes sobre la enfermedad y el dolor en relación con la virtud heroica, el martirio y la vida santa. Seminario Diocesano de Málaga, 2006 y Universidad Técnica Particular de Loja, Ecuador (2007). Cuenta con numerosas colaboraciones en obras colectivas, así como relatos, cuentos, fábula y novela juvenil, además de artículos de temática científica, pedagógica y espiritual, que viene publicando en distintas revistas nacionales e internacionales. En 2012 culminó el santoral Llamados a ser santos y poco más tarde Epopeyas de amor prologado por mons. Fernando Sebastián. Es la biógrafa oficial del fundador de su familia espiritual, autora de Fernando Rielo Pardal. Fundador de los Misioneros Identes, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2009. Culmina la biografía completa. Tiene a su cargo el santoral de ZENIT desde noviembre de 2012.

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