El Papa escucha atento los testimonios en la catedral de Florencia

Una mujer bautizada ya adulta, un matrimonio en segunda unión tras las respectivas nulidades y un sacerdote albanés que llegó a Italia con 16 años buscando una vida mejor 

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El papa Francisco ha llegado esta mañana a la catedral de Florencia, para reunirse con los participantes del Congreso Eclesial Nacional. Antes de pronunciar su extenso y profundo discurso, el Pontífice ha escuchado las palabras del presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el cardenal Angelo Bagnasco, quien  ha asegurado que este Congreso “quiere expresar y expresa la sinodalidad de la Iglesia italiana”.

Han hablado también ante el Santo Padre una mujer bautizada cuando era adulta, un pareja casada tras obtener ambos una nulidad matrimonial previa, y un sacerdote albanés que emigró a Italia siendo muy joven para buscar una vida mejor.

Francesca Masserelli, bautiza ya de adulta, ha tomado la palabra para contar que se siente afortunada por haber “recibido los sacramentos, junto a mi hija, en la Pascua del 2015 porque ha sido como renacer ‘a una vida nueva’”. De este modo, ha explicado que “hacerse cristiana es una alegría, pero también un compromiso que conlleva cansancio”. Por eso ha dado las gracias a la Virgen María que “como mamá siempre ha velado sobre mi pequeña niña, don del Señor”.

A continuación, ha llegado el turno de Pierluigi y Gabriella Proietti, del Centro de formación y pastoral familiar Betania, en Roma. Entre ambos, han hecho un recorrido de sus historias personales. Se conocieron en 1992, después de sus respectivas separaciones de unos matrimonios que habían durado unos 10 años. “Después del terremoto de la separación, ambos estábamos buscando una orientación y un fundamento de sentido para nuestra vida y formas de aliviar los sufrimientos de nuestros hijos”, ha explicado Pierluigi. En esta búsqueda conocieron a una pareja que se hizo cercana a ellos, quienes derramaron «sobre nuestras heridas el bálsamo de la acogida y después nos ha ‘entregado’ a la Iglesia, la posada de la humanidad herida, para que nos curase”, ha recordado Gabriella.

Finalmente, y tras recibir las respectivas nulidades se casaron en el año 2000. Y desde el año siguiente comenzó para ellos “como apoyo a las dificultades de nuestra nueva situación, un recorrido formativo que desde entonces no ha terminado: Palabra de Dios, sacramentos, oración, estudio, trabajo sobre nosotros mismos”. Pierluigi ha asegurado que han podido experimentar y tocar con la mano “cuánto la misericordia de Dios y la confianza que tiene en cada uno de nosotros, supera la pobreza de nuestra creaturalidad herida”.

El Centro de formación en el que trabajan desde hace años, “sostiene y acompaña a las parejas heridas, a través de la escucha amorosa y el descubrimiento de la relación y de la alianza en la pareja”. Y ofrece un recorrido formativo para los cónyuges que integra “antropología cristiana, ciencias humanas y trabajo sobre uno mismo, proporcionando así instrumentos para una pastoral familiar incisiva y eficaz que las parejas formadas podrán desarrollar en sus propias parroquias”.

Para concluir, ha dado su testimonio Bledar Xhuli, sacerdote albanés que llegó a Italia como refugiado. Con 16 años decidió ir a Italia para trabajar. Llegó con un pasaporte falso y atravesando el Adriático en un barco pensaba que encontraría fácilmente trabajo y casa. Pero no fue así. Viajó por Italia, dormía en estaciones de tren. Pero finalmente llegó a Florencia, donde le habían dicho que era posible dormir y comer gratis. La situación cambió cuando conoció a don Giancarlo Setti, sacerdote de san Gervasio que al conocer su historia decidió acogerlo diciéndolo: “para mí ha llamado a mi puerta Jesús, por eso ven y quédate en mi casa”. El ahora sacerdote ha asegurado “fue mi primer encuentro con Cristo aunque no fui consciente”. Gracias a don Setti, este joven pudo encontrar trabajo y continuar sus estudios.

Comenzó a ir a la iglesia para no quedarse solo. “La misa me gustaba mucho, especialmente las lecturas que no conocía, y los cantos que me alegraban el corazón y me recordaban a los seres queridos lejanos”, ha recordado. De este modo, decidió bautizarse e inició la catequesis. Su vocación sacerdotal la descubrió durante el jubileo del 2000. Después de licenciarse entró al seminario diocesano “donde he vivido 7 años maravillosos de oración, estudio y fraternidad”, ha indicado el sacerdotes albanés.

Ahora, ya como párroco, ha explicado que “como todos los sacerdotes trato de servir al Señor y a los hermanos en la alegría y en el cansancio cotidiano de vivir el lema recibido el día de la ordenación diaconal, cuando el obispo, entregándome el Evangelio ha dicho: ¡vive lo que enseñas!”.

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Rocío Lancho García

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