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Sábado 14 de noviembre de 2015

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París ensangrentada por el terrorismo islámico. El Vaticano: es un ataque a toda la humanidad

Atentados simultáneos, desde el Stade de France hasta el teatro Le Bataclan, causan al menos 158 muertos

oma de rehenes en un teatro, bombas en el Stade de France y tiroteos en la vía pública este viernes, causaron al menos 158 muertos. El presidente Hollande aseguró que hará una «guerra implacable» contra el terrorismo.

El director de la oficina de prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi en un comunicado difundido anoche indicó: «Se trata de un ataque a la paz de toda la humanidad que requiere una reacción decidida y conjunta por parte de todos para luchar contra la propagación del odio homicida en todas sus formas».

El  portavoz del Vaticano añade: «Estamos siguiendo en el Vaticano las terribles noticias de París. Estamos consternados por esta nueva manifestación de violencia terrorista sin sentido y de odio que condenamos en el modo más tajante junto al Papa y a todas las personas que aman la paz. Rezamos por las víctimas y los heridos y por todo el pueblo francés».

En Italia crece la preocupación tras las amenazas de ISIS, en particular por la seguridad del Papa, mientras los  líderes europeos se solidarizan y también Rusia. 

Por su parte el presidente de Irán, Hassan Rouhaní, que hoy tenía una audiencia con el papa Francisco, postergó su viaje a Roma y Europa. El 16 y 17 tenía que proseguir hacia París. Rouhaní condenó firmemente los ataques en París, definiéndolos como «crímenes deshumanos». 

 

Atentados en París. El Papa: ‘No hay justificación ni religiosa, ni humana’

En una breve entrevista el Santo Padre reitera su dolor y estremecimiento

La televisión italiana TV2000, transmitió hoy un especial sobre los recientes atentados terroristas en París, con una breve entrevista al papa Francisco que reproducimos a continuación.

¿Santidad, cuáles han sido sus pensamientos ante la matanza de París?
–El papa Francisco: «Estoy estremecido y adolorado. No entiendo, porque estas cosas son difíciles de entender, hechas por seres humanos. Por ello estoy estremecido, adolorado y rezo. Estoy muy cerca del tan querido pueblo francés, estoy cerca de los familiares de las víctimas y rezo por todos ellos».

Usted ha hablado varias veces de una tercera guerra mundial en partes…
–El papa Francisco: «Este es un pedazo, no hay justificación para hacer semejantes cosas».

Especialmente no puede haber una justificación religiosa
–El papa Francisco: “Religiosa y humana. Esto no es humano. Por ésto estoy cerca de toda la Francia, a la que quiero mucho”.

 

 

El Papa «condena enérgicamente la violencia, porque no puede resolver nada»

En un telegrama enviado por el Secretario de Estado al cardenal arzobispo de París

El cardenal secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin ha enviado en nombre del santo padre, un telegrama al arzobispo de París, André Vingt-Trois, sobre los ataques terroristas de anoche en la capital francés, en el que Francisco «condena enérgicamente la violencia, que no puede resolver nada».

A continuación el texto completo de la misiva

«Cardenal André Vingt-Trois, arzobispo de París

Informado de los horrendos ataques terroristas que tuvieron lugar en París y en el Stade de France, que ha causado la muerte de decenas de personas e herido a muchos otros, su santidad Francisco se une con la oración al sufrimiento de las familias afectadas por el drama y el dolor del pueblo francés.

E invoca a Dios, Padre de misericordia, para que el acoja a las víctimas en la paz de su luz y de consuelo y esperanza a los heridos y sus familias. Él les asegura, así como todos los que participaron en el rescate, su cercanía espiritual.

Una vez más, el Santo Padre condena enérgicamente la violencia, que no puede resolver nada, y pide a Dios que inspire a todos, pensamientos de y de solidaridad y de dar las familias probadas y sobre todo los franceses, la abundancia de sus bendiciones.

Cardenal Pietro Parolin – Secretario de Estado de Su Santidad»

 

 

 

Se suspende el encuentro entre el Papa y el presidente de Irán tras los atentados de París

Rouhaní debía reunirse también con los líderes políticos de Italia y viajar el 16 y 17 a la capital gala

El presidente de Irán, Hassan Rouhaní, que este sábado por la tarde tenía una audiencia con el papa Francisco en el Vaticano, suspendió su viaje a Roma y Europa, indicaron las agencias de noticias desde Teherán. El viaje debía iniciar en la Ciudad Eterna, y después de encontrar al Papa tenía programado reunirse con  los principales líderes políticos de Italia y proseguir el 16 y 17 hacia París. El presidente de la república islámica condenó firmemente los ataques en París, definiéndolos como «crímenes deshumanos». 

El encuentro entre el Santo Padre y el presidente iraní hubiera sido el primero, después de 16 años, entre un pontífice y el mandatario de dicho país. El último gobernante iraní recibido en audiencia por Juan Pablo II fue Mohamed Jatamí en 1999. Teherán no rompió relaciones diplomáticas con la Santa Sede a pesar de la Revolución Islámica de 1979.  

En el mes de febrero del presente año el papa Francisco recibió en el Vaticano a la vicepresidenta de Irán para Asuntos de Mujer y Familia, Shahindokht Molaverdi, y a una delegación que le acompañaba compuesta por mujeres de ese país. 

En la reunión, El Papa y Molaverdi conversaron sobre la importancia de la familia, así como sobre la manera de promover el rol de la mujer en la sociedad y en la política internacional. La delegación iraní también compartió una mesa redonda moderada por Mons. Vincenzo Paglia, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, en la que también estuvieron presentes cinco mujeres en representación del Vaticano. En estas conversaciones, se abordaron temas relacionados con la identidad femenina y con la familia.

Por lo que se refiere al acuerdo sobre el programa nuclear de Irán, firmado en junio pasado, la Santa Sede consideró “positivo el acuerdo”. El portavoz indicó entonces que «se trata de un resultado importante de las negociaciones llevadas a cabo hasta la fecha, pero que requiere la continuación del esfuerzo y del compromiso de todos para que dé frutos». Entretanto deseó que «espera que dichos frutos no se limiten solo al ámbito del programa nuclear, sino que se extiendan a otros sectores».

 

 

 

Atentados de París. Lombardi: no dejarse atemorizar, ese es el objetivo del terrorismo

El portavoz del Vaticano: No se puede renunciar al Jubileo de la Misericordia en Roma, porque traerá un mensaje de reconciliación de Dios, que es lo que la humanidad necesita

El director de la oficina de prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi en una rueda de prensa realizada este sábado indicó: “Estamos siguiendo en el Vaticano las terribles noticias de París. Nos encontramos estremecidos por esta nueva manifestación de loca violencia terrorista y de odio, que condenamos del modo más radical junto al Papa y junto a todas las personas que aman la paz”.

“Rezamos –añadió el portavoz– por todas las víctimas y heridos, y por todo el pueblo francés”, porque “se trata de un ataque a la paz de toda la humanidad, que requiere una reacción decidida y solidaria por parte de todos
nosotros para oponernos a la expansión del odio homicida en todas sus formas”.

Interrogado si se trata de un ataque al cristianismo, El portavoz Lombardi aseguró: “No, más bien a la humanidad y la convivencia de los hombres, París no por es definición una ciudad católica, sino una gran ciudad del mundo de hoy”.

Indicó a los periodistas allí presentes que varias veces le preguntaron “sobre cómo reaccionar ante el clima que crean estos atentados en perspectiva del Jubileo de la Misericordia” que se está preparando y que iniciará el próximo 8 de diciembre.

“Atención, porque estos terribles homicidios precedidos por un odio insensato, se llaman terrorismo, justamente porque quieren difundir el terror, y si nos dejamos atemorizar ellos han alcanzado su objetivo”. Y explicó que “éste es un motivo más para resistir con decisión y coraje a la tentación del miedo”.

“Naturalmente hay que ser prudentes, no irresponsables, tomar las precauciones necesarias, pero necesitamos seguir viviendo, construyendo paz y confianza recíproca”.

El portavoz añadió que en este cuadro, “el Jubileo de la Misericordia se muestra más necesario que nunca», porque traerá “un mensaje de misericordia, quiere decir un mensaje de Dios y como consecuencia el amor recíproco y la reconciliación. Y ésta es la respuesta que es necesario dar cuando hay tentación de desconfianza”.

A continuación el director de la oficina de prensa recordó que Juan Pablo II decía que el “Mensaje de la Misericordia había sido la gran respuesta de Dios a los creyentes en el tiempo oscuro de la Segunda Guerra Mundial, de las masacres operadas por los totalitarismos, y de la difusión del odio entre personas y pueblos”, lo que vale “también hoy cuando el papa Francisco habla de la tercera guerra mundial en etapas”.

“No es tiempo de renunciar o de tener miedo” dijo, sino que al Jubileo de la Misericordia “lo necesitamos más que nunca”.

“El papa Francisco nos guía y nos invita a tener confianza –indicó el portavoz– en el espíritu del Señor que nos acompaña. Vamos hacia el Jubileo con confianza, como testimonios de paz, de reconciliación y de amor, busquemos construir la paz en el mundo a pesar de las circunstancias dramáticas que estamos viviendo”.

Interrogado sobre la respuesta “decidida y solidaria ante la barbarie” que acababa de indicar, el portavoz indicó: “Cada uno tiene su responsabilidad evidentemente, nosotros somos religiosos y nuestra solidaridad es espiritual y de empeño en la oración y vale también para todos los empeños de tipo humano que cada uno tiene”.

Se refirió también a la responsabilidad de los periodistas: “Si somos comunicadores demos una información que permita entender la gravedad del odio. En cambio los civiles, los responsables de la vida social, cada uno tiene las suyas”.

“Les deseamos a las autoridades francesas –concluyó Lombardi– gestionar de la mejor manera posible esta emergencia, conservando la convivencia humana en la paz y la solidaridad.

Si puede tener una explicación la motivación de un atentado de este tipo, el portavoz aseguró: «El odio homicida no tiene una explicación, es la negación de la racionalidad de la humanidad” a no ser “profundas heridas, una visión completamente equivocada de las relaciones entre las personas. El odio y el homicidio es por definición la negación de la humanidad y de la razón”.

 

 

Eritrea: buena convivencia interreligiosa a pesar de la amenaza integralista

El embajador eritreo en Italia Fessahazion Pietros Menghistu, da su punto de vista. El país ha sido denunciado diversas veces en la ONU por violación de los derechos humanos

Eritrea, uno de los países más pobres de África cuenta con una población de unos seis millones de habitantes, son cristianos coptos y la otra mitad es musulmana, conviven en paz y con respeto, a pesar de la presión integralista de países vecinos. Entretanto el servicio militar obligatorio es perpetuo, en un país que se define “técnicamente en estado de guerra”.

Lo indicó el embajador eritreo en Italia Fessahazion Pietros Menghistu, al ser interrogado por ZENIT, en el marco de un desayuno de trabajo en Roma, sobre los flujos migratorios, organizado por el Centro de Estudios sobre Medio Oriente (CEMO) della española Fundación Promoción Social de la Cultura (FPSC).

Eritrea ha sido denunciada varias veces en la ONU por vulnerar los derechos humanos, y tienen un sistema de partido único, en otras palabras una dictadura. La situación se agravó cuando el presidente Isaias Afewerki, decidió expulsar a ONGs y a misioneros. Por su parte los obispos en una larga carta pastoral, indicaron hace poco más de un año: “Se ha creado un país desolado, por lo que la población huye”.

El embajador Menghistu interrogado sobre la amenaza del integralismo islámico en su país, indicó que tuvieron problemas durante los primeros años de independencia, “porque desde el mundo exterior, Sudán y Arabia Saudita venía infiltrados elementos que creaban problemas en la frontera”. Señaló que “era el período en que Bin Laden vivía en Kartúm. Su idea era iniciar la revuelta de los países más pobres para entrar en el Cuerno de Africa, Hemos logrado debelar esa situación”.

A pesar de la amenaza integralista externa, el embajador Menghistu aseguró que «las religiones viven en armonía, hay respeto entre ellas y nuestra gente es muy religiosa”.

Porque “la tolerancia es histórica en nuestro país”. Añadió que “cuando Mahoma inició a predicar el Islam en la Meca y Medina, envió a esta orilla del mar rojo a su hija con el marido y otras personas, en todo 15, libres de predicar el Islam. La primera Mezquita fue construida en el puerto de Massawa”.

El diplomático eritreo indicó que la tolerancia religiosa “es una tradición aún hoy y también un gran don, que existe en la vecina Etiopía, que no tiene esos problemas”.

Y contó que en las fiestas religiosas como Pascua y Navidad, “musulmanes y cristianos festejan a la salida de los templos en conjunto. Esto se ve y no es propaganda, basta ir para ver”.

Sobre la gestión de las diversas poblaciones locales, Manghistu indicó que “las nueve etnias cada una tiene su dialecto, no tenemos un idioma común. Lo que hemos hecho, y es herencia de los años de la resistencia, es que desde el primer grado de instrucción hasta el quinto, los estudios se realicen en el propio dialecto, del sexto en adelante se hace en inglés”.

Y aseguró que este respeto es importante porque significa que el Estado laico no prefiere una u otra religión y que quieren mantener esta situación, porque “si se cediera a las presiones externas sería el fin”.

Interrogado porque en Eritrea existe el servicio militar obligatorio y sin limite de tiempo, el embajador aceptó que es verdad. Puntualizó que en muchos países del mundo el servicio militar es obligatorio, como lo era también en Italia hasta hace algunos años. Pero añadió que también existe el servicio civil. Reconoció que el tiempo del servicio es indefinido, si bien indicó: “Hay que tomar en cuenta que tenemos que defenderlos de un vecino que nos amenaza y hace incursiones con sus tropas en nuestro territorio. Técnicamente estamos en guerra”.

Reconoció también que hay muchos refugiados que huyen de su país, pero sobre las cifras indicadas consideró que son “menos de lo indican los números, porque muchos de los refugiados de otros países africanos se hacen pasar por eritreos para para obtener más fácilmente el asilo político”. 

 

 

España: el compromiso político en la vida pública

En l
a conferencia de apertura del Congreso Católicos y Vida Pública, el presidente de la ACdP, Carlos Romero, ensalza la nobleza de la actividad política cuando ésta se dirige al bien común

El presidente de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, Carlos Romero Caramelo, ha pronunciado este viernes la conferencia de apertura del XVII Congreso Católicos y Vida Pública, un encuentro que en esta edición lleva por lema “Construir la democracia: responsabilidad y bien común”.

En su discurso, Romero ha señalado que “la política en España necesita de los católicos. Nos necesita porque allí donde estemos, estamos llamados a alzar la voz para situar la dignidad de la persona y la cultura de la vida como fundamentos de la democracia”.

Además, ha reclamado “una sociedad civil más robusta y comprometida con el bien común” y una mayor participación de los ciudadanos, y sobre todo de los católicos, en la vida pública no solo “como un derecho” sino como “una responsabilidad moral”.

Publicamos a continuación el texto íntegro de la conferencia titulada “El compromiso político en la vida pública”:

Crisis económica, crisis política, crisis de valores; nos encontramos en uno de los momentos más complicados de los últimos 40 años. Aunque, si volvemos la vista atrás y recordamos los difíciles primeros años de la transición; los duros años de la reconversión industrial de los años 80; o la grave crisis económica y financiera de los años 90 con un aumento brutal del paro, podemos decir que la crisis actual no es la primera y, seguramente, no será la última.

Por otra parte, venimos oyendo desde hace algún tiempo, que la situación política actual, nos está llevando a una segunda transición.

Lo que sí es cierto es que vivimos aún las graves secuelas de esta última crisis. El desempleo es el asunto más importante que define hoy las preocupaciones de la sociedad. Sin lugar a dudas, la crisis ha dejado una huella de dolor y resentimiento. Una frustración alimentada por los escándalos de corrupción, oportunamente canalizada por los movimientos populistas y radicales. Y es, precisamente, en este clima generalizado de escepticismo, cuando los secesionistas –irresponsables e insolidarios– han encontrado su momento más propicio.

Pero no es mi deseo ahora profundizar sobre qué nos ha llevado a esta situación. De una u otra forma, con distintos matices, todos lo sabemos. La pregunta ahora es otra, Sabemos cómo hemos llegado hasta aquí, pero… ¿sabemos cómo queremos salir?, ¿sabemos hacia dónde queremos dirigir esta nave secular que llamamos España?

Sabemos que, frente a políticas simples en las formas e inconsistentes en el fondo, los españoles reclamamos dirigentes íntegros; es decir que sus actitudes sean consecuentes con los principios y las posiciones que defienden: que hagan lo que dijeron que harían en el tiempo que dijeron que lo harían, y en caso contrario que rindan cuentas por ello. Y también que sean solventes, es decir, que tengan la aptitud necesaria para gestionar lo público con el fin de ofrecer soluciones ciertas, claras y responsables a los complejos problemas que nos apremian:

–  Soluciones sobre la necesidad, o no, de una reforma constitucional, para dar una respuesta definitiva a los desequilibrios de nuestro actual modelo autonómico; lograr una verdadera solidaridad interterritorial y regular definitivamente los techos competenciales de las autonomías.

–  Soluciones que vienen de la mano de verdaderas reformas, como la de la Ley Electoral, la de la Administración Pública –de su eficiencia y de su dimensión–, o la de la Administración de Justicia, tan lenta que no son pocos los que prefieren evitarla antes que acudir a ella.

–  Soluciones sobre el modelo económico que, lejos del “ladrillo”, debería centrarse en los servicios de alto valor añadido y en la exportación de productos y bienes de equipo de alto nivel tecnológico.

–  Y, por supuesto, soluciones para alcanzar, de una vez por todas, un pacto educativo libre de intereses partidistas.

El Papa Francisco, en su reciente visita a Estados Unidos, dirigió unas palabras a los representantes del pueblo norteamericano. Terminados los saludos iniciales, afirmó: “Cada hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad personal y social. Y más adelante añadió que “la búsqueda constante y exigente del bien común (…) es el principal desvelo de la política”.1

“Responsabilidad y bien común”:

En efecto, la vida pública es responsabilidad de todos los ciudadanos. Vida pública que es todo aquello que se escapa de nuestra intimidad. Vida pública es la Educación, la Economía, los Medios de Comunicación, la Cultura y, por supuesto, la Política. Y su finalidad es la construcción del bien común. Pero, ¿cuál es el alcance de esta responsabilidad? ¿Basta con delegar, cada cuatro años, esa tarea en manos de nuestros políticos? ¿Es esa la única responsabilidad social a la que estamos llamados? ¿Y el bien común…? ¿Acaso puede equipararse con el llamado “interés general”? ¿Y qué hay del papel de los católicos, y del resto de ciudadanos de buena voluntad…? ¿No nos habremos desentendido de la misión o la responsabilidad social que nos recuerda el Papa…? ¿No habremos caído en un cierto escrúpulo hacía todo lo político…?

Los medios de comunicación no hablan de otra cosa. Encendemos la radio, leemos la prensa, ponemos la televisión, nos conectamos a la red y casi todo está relacionado con la política: el paro, la corrupción, la economía, la inmigración,… De hecho, la política, los políticos en general y los partidos ocupan el cuarto puesto entre los problemas que más preocupan a los españoles.

Sin embargo, a pesar de la indudable influencia de la política en la vida cotidiana, muy pocos, católicos incluidos, se atreven a participar activamente en ella y menos aún a través de un partido político. ¿A qué se debe esta aparente contradicción?

En primer lugar, desde distintas posiciones ideológicas, se pretende que los católicos lo sean solo en el ámbito de la vida privada. Una separación imposible de sostener, porque toda acción pública es el resultado, o debe serlo, de las convicciones más íntimas y profundas de la persona, incluidas, por supuesto, las religiosas.2

En segundo lugar, otro factor que aleja a los ciudadanos de la vida pública es la visión de la política como la fuente de los mayores males del mundo actual. Afirmación a la que no le falta algo de razón. No en vano, en la política moderna encontramos una buena parte de las causas que explican la degradación social de nuestro tiempo. La falta de confianza en nuestros dirigentes es una percepción tan generalizada que los partidos políticos, los sindicatos, las entidades financieras, e incluso algunas de nuestras instituciones públicas más importantes, se han visto seriamente cuestionadas en estos últimos años.

Como consecuencia, multitud de ciudadanos, católicos y no católicos, han caído en la desesperanza o se han dejado llevar por la demagogia del populismo y del nacionalismo exacerbado, cuya estrategia siempre ha sido sembrar la duda y el recelo sobre las instituciones democráticas y sobre el régimen nacido de la Constitución del 78.

Una estrategia abonada por la inercia de los partidos
políticos tradicionales;
que han descuidado su decisivo papel representativo, con el riesgo de convertirse en meras burocracias profesionales incapaces de responder a los nuevos retos a los que se enfrenta la sociedad actual, como la globalización económica y cultural, la rapidez y el modo en el que se está llevando a cabo la integración europea, la creciente inmigración, el declive de las ideologías políticas clásicas, o la visibilidad de los escándalos de corrupción. Razones, entre otras, que explican el desencanto ciudadano con las instituciones públicas y sus representantes y el auge del populismo.3

Y este malestar político general, esta “enfermedad política”, se ha visto además acrecentada por el énfasis que ponen en él los medios de comunicación, lo que acentúa, aún más, la desilusión general de los votantes.4 

Pero también es cierto que la actividad política es, entre todas las actividades seculares, una de las más nobles, porque su fin es el que más directamente está encaminado a trabajar por el bien común. Así lo ha considerado siempre el cristianismo a lo largo de la historia, y más recientemente el propio Concilio Vaticano II al exhortar a los católicos para que trabajen “por la inspiración cristiana del orden temporal” 5 para introducir en la misma actividad política valores humanos y evangélicos como la libertad y la justicia, la solidaridad, la dedicación leal y desinteresada por el bien de todos, la austeridad o la atención preferencial por los más desfavorecidos y vulnerables. 

San Juan Pablo II, insistía en esta idea en la Exhortación Apostólica Christifidelis Laicis cuando afirmaba que, “los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la “política”, y añadía… Las acusaciones de arribismo, de idolatría del poder, de egoísmo y corrupción que con frecuencia son dirigidas a los hombres del gobierno, del parlamento, de la clase dominante y del partido político, como también la difundida opinión de que la política sea un lugar de necesario peligro moral, no justifican en lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de los cristianos en relación con la cosa pública”.6

Benedicto XVI también ha sido tremendamente explícito cuando se pronunció ante la Semana Social Italiana, en el año 2010: “Renuevo mi llamamiento para que surja una nueva generación de católicos, –declaró– personas renovadas interiormente que se comprometan en la política sin complejos de inferioridad”.7

Cuando pensamos en esta nueva edición del Congreso Católicos y Vida Pública, y después de un exhaustivo debate, del Comité Asesor, los responsables de Movimientos y la propia Comisión Ejecutiva decidimos que el Congreso de este año debía llevar por título éste que ustedes ya conocen: “Construir la democracia: responsabilidad y bien común”. Porque como consecuencia del panorama político y social que padecemos, estábamos obligados a llamar la atención sobre nuestra democracia y sobre su valor para el presente y el futuro de las próximas generaciones. Porque una democracia nunca es una obra terminada, al contrario, está siempre en permanente construcción. Porque custodiarla es responsabilidad de todos y no exclusivamente de los políticos. Y porque el bien común no es la suma de una mayoría de intereses particulares sino “el bien en el que todos participan precisamente por ser miembros de la misma sociedad”.8 “Es el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección”.9

“De tal forma que, si el derecho de cada uno no está armónicamente ordenado al bien más grande, termina por concebirse sin limitaciones y, consecuentemente, se transforma en fuente de conflictos y de violencia”10, en palabras del Papa Francisco en su visita al Parlamento Europeo.

Por ese motivo, los españoles necesitamos cultivar permanentemente el sentimiento no de responsabilidad o sacrificio individual, sino responsabilidad o sacrificio compartido que una sociedad orientada al bien común requiere, y no solo cuando nos vemos obligados a ello, como consecuencia de una grave crisis económica, política o social.

El bien común supone definir y aceptar, de una vez y con claridad, cuáles son las normas fundamentales, implícitas y explícitas, que gobiernan el destino de España. Un debate que, después de casi cuarenta años, todavía no está cerrado.

La brecha de la desigualdad –ricos más ricos y pobres más pobres– es un inquietante desafío que pone en riesgo la construcción del bien común. Ricos y pobres terminan viviendo realidades totalmente distintas, hasta el punto de no compartir el espacio público donde deben cultivarse las virtudes cívicas, como la solidaridad, de la que nace el sentido comunitario de una sociedad democrática, de uno u otro signo. Un sentido comunitario indispensable para configurar una conciencia moral, especialmente hacia los pobres y excluidos.

Necesitamos una sociedad civil más robusta y comprometida con el bien común. Algunos creen que respetar las convicciones morales y religiosas significa ignorarlas, al menos en la esfera pública. Otros pensamos que hace falta una nueva política del bien común basada, precisamente, en el compromiso moral de los ciudadanos con sus representantes.

La democracia es algo más que una fórmula aceptable para organizar la vida pública. La democracia es una opción ética. Por ello, el poder político, aunque no deba identificarse con una determinada confesión religiosa, “no por ello puede menospreciar o silenciar las propuestas morales que las confesiones religiosas realizan para promover una convivencia democrática”.11

La cooperación y la participación en la vida pública no es solo un derecho, es una responsabilidad moral; la responsabilidad de los que queremos hacer que las cosas pasen en lugar de vivir hablando de lo que pasa; ciudadanos libres e iguales que podemos expresar públicamente los principios y valores que nos unen; ciudadanos llamados a salir a la plaza pública para derribar muros y tender puentes entre españoles.

Cooperar y participar supone estar atentos al gobierno de nuestros representantes, para exigirles un plus de ejemplaridad. “No basta con que cumplan la ley, han de ser ejemplares”.12 En los sistemas democráticos la confianza es crítica; es el cimiento que sostiene la relación entre el elector y el elegido. De tal forma, que los políticos “ostentan el poder porque los ciudadanos se lo hemos confiado provisionalmente”.13 Y seguiremos confiándoselo si su integridad así nos lo demuestra. Porque las promesas y los discursos, sin el ejemplo, son “papel mojado”. Los programas son importantes y están hechos para ser cumplidos, pero los programas los asumen personas y son las personas, el ejemplo de sus vidas, las que marcan la diferencia.

Si hoy muchos ciudadanos aborrecen la política es, en gran medida, como consecuencia de la falta de ejemplaridad de muchos dirigentes políticos. Más aún, si los políticos tuvieran ese plus de ejemplaridad la sociedad estaría más cohesionada y menos dividida. Porque aquellos que dedican su vida a lo público son –lo quieran o no– la personificación de los valores y los principios que proclaman. Sus debilidades y sus virtudes son imposibles de ocultar en una sociedad abierta y democrática. Y tienen consecuencias sobre los ciudadanos, desmoralizándolos o de
spertando en ellos lo mejor de sí mismos.

Esta misma apelación a la ejemplaridad de los políticos es idéntica a la que necesitamos llevar a la vida pública: como ciudadanos en cada una de nuestras ocupaciones, como miembros de alguna agrupación o asociación, y en cualquiera de las decisiones que debamos tomar como partícipes o responsables de instituciones públicas.

Somos ciudadanos con unos deberes y obligaciones políticas, que se suman a nuestros derechos y libertades fundamentales.

Somos ciudadanos, porque al margen de nuestra profesión, condición social o circunstancias personales, compartimos una dignidad común, una dignidad trascendente, “con unos derechos inalienables, de los cuales no podemos ser privados arbitrariamente por nadie”.14 

En esta tarea ciudadana, los católicos estamos llamados a dejar las “sacristías”; es decir, esas zonas de confort que nos impiden salir de nuestras limitaciones y de nuestros miedos, como el miedo a que nos critiquen, el miedo a la difamación y a la calumnia. Las ideologías de ayer, renovadas hoy con la persuasión de los gestos y de las redes sociales, tienen más efecto en la sociedad que aquella sagrada pizca de levadura que introducida en tres medidas de harina basta para que todo quede fermentado. Nosotros somos esa levadura; una porción pequeña comparada con el tamaño de la masa, pero de una enorme potencia transformadora sí, de verdad, estamos en contacto con los anhelos, las aspiraciones y los problemas reales de los hombres y las mujeres de nuestro tiempo.

Los católicos, a lo largo de los siglos, hemos “exportado” nuestros principios y valores. Y así debe ser. No puede haber nada mejor. Que otros quieran hacer suyos el espíritu de sacrificio, el compromiso con los más débiles, la honestidad, la vocación de servicio o la solidaridad, es un éxito para la vida pública.

Sin embargo, la política en España, en su más amplio sentido, necesita de los católicos, nos necesita:

– porque somos portadores del mensaje más importante de todos los tiempos. Un mensaje que hacemos visible a través de una inigualable vocación de servicio en todos los ámbitos de la vida pública. Sin lugar a dudas: ¡Nuestra voz es… indispensable! Y porque somos indispensables contribuimos, y seguiremos contribuyendo, en la construcción de nuestra democracia; con responsabilidad y orientados siempre al bien común de España.

– Nos necesita porque hace falta renovar el funcionamiento, las propuestas y las relaciones de los partidos políticos, con la incorporación de nuevos dirigentes procedentes de la sociedad civil, para aparcar el sectarismo e introducir comportamientos mucho más abiertos y cooperadores, donde la voluntad de entendimiento presida la toma de decisiones.

– La política nos necesita porque es esencial fortalecer la sociedad civil y que el poder político esté subordinado al principio de subsidiariedad. 

– La política nos necesita porque allí donde estemos, como ciudadanos libres e iguales, con los mismos derechos y deberes que cualquier otro ciudadano, estamos llamados a alzar la voz para situar la dignidad de la persona y la cultura de la vida como fundamentos de la democracia. 

Solo la acción política puede llevar a cabo las reformas que precisa el bien común. En último término, la corrupción de las estructuras es fruto de la suma de numerosos egoísmos individuales. Y no basta la virtud aislada de cada uno para abordar la regeneración ética que necesitamos emprender. Es necesaria una acción política concertada entendida como la forma actual de la caridad viva, “que no solo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a las macro-relaciones, (…) sociales, económicas y políticas”.15 Una caridad que no tiene nada que ver con el paternalismo filantrópico o la mera beneficencia. La caridad cristiana va más allá: supera a la justicia y la exige.

Esa misma caridad es la que nos empuja a derribar muros de todo tipo y favorecer la unidad de todos los españoles. “Que nadie construya muros con los sentimientos”, afirmaba el rey Felipe VI, el pasado mes de octubre, y añadía: “Las divisiones nunca hacen grande a un pueblo; solo lo empobrecen y lo aíslan”.16

Hoy, una vez más, se requiere una formación intelectual y moral que ofrezca juicios y principios éticos orientados al bien común de toda la sociedad. Una formación integral que, como nos recuerda el Papa Francisco nos haga “volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad, y llego la hora de advertir que esa alegre superficialidad nos ha servido de poco”.17

El 15 de abril de 1931, al día siguiente de la instauración de la II República en España, el periódico El Debate, obra de la Asociación Católica de Propagandistas, cuyo director, Ángel Herrera Oria, todavía laico, primer Presidente de esta Asociación, consciente del nuevo horizonte político que se habría en España, publicó un editorial en el que, después de acatar el poder constituido afirmaba: “…quisiéramos ver a todos nuestros amigos incorporados a la vida nacional, a la vida política como actores y no como espectadores pasivos”.

Hoy, también nos encontramos ante un nuevo horizonte para España en el que ya no podemos ser meros espectadores. Debemos ser los protagonistas de un modo más participativo de vivir en democracia que deberá contribuir a dignificar la política. “Una política que confía en la razón y que no se escandaliza por la ética”.18 Una política que trabaja por la justicia y que se muestra como una de las formas más visibles de la caridad.

Este es nuestro compromiso político en la vida pública: todos los ciudadanos de buena voluntad, católicos y no católicos, estamos llamados a construir, día a día, una democracia más plena. Dispuestos a superar cualquier forma de egoísmo para trabajar por el bien común de todos los españoles. Así renovaremos la confianza en la política y en sus instituciones para que, una vez más, España sea lo que debe ser: un vehículo para la esperanza, un “Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.19

A todos aquellos que tienen vocación política el Papa Francisco, apoyándose en la Evangelii Gaudium, les preguntó: “¿… por qué no acudir a Dios para que inspire sus planes?”.20

Hagámoslo, elevemos nuestra mirada al único capaz de liberar todas nuestras energías. Para que Él nos fortalezca e ilumine nuestra conciencia con la luz de la Verdad. Muchas gracias y que Dios les bendiga. 

 

 

San Alberto Magno – 15 de noviembre

«Aclamado obispo, doctor de la Iglesia y doctor universal. Uno de los más insignes maestros de la teología medieval. Patrono de la Jornada Mundial de la Juventud, de la ciencia y de los científicos»

Nació en 1206 en el castillo de Lauingen, Baviera. Era hijo de los condes de Bollstädt, quienes se hallaban al servicio del monarca Federico II. Contaba con 16 años cuando inició los estudios universitarios de derecho. Pasó por Bolonia y Venecia, y finalmente recaló en Padua, lugar donde residía un
tío suyo. En ese momento la ciudad era sede de una de las más prestigiosas universidades. Hizo acopio de una vasta preparación decantándose por las ciencias naturales. Solía acudir al templo de los dominicos y en 1223 conoció al beato Jordán de Sajonia, que era entonces el segundo maestro general de la Orden de predicadores. El inquieto joven, profundamente conmovido por el testimonio de vida y palabra del beato, no dudó en seguir el llamamiento de Cristo que se produjo en su interior, y en 1224 se abrazó a este carisma, junto a otros nueve novicios, uno de ellos hijo de un noble, como lo era él.

La conmoción familiar que se desató al conocer la noticia alcanzó cotas preocupantes. Su padre, en particular, estaba tan enfurecido que determinó aplicar la fuerza, si era preciso, para desligarlo de los frailes mendicantes. Alberto no pensaba claudicar. Pero, en todo caso, y con la más que probable idea de evitar males mayores, los superiores le trasladaron a Colonia. Allí impartió clases en 1228 y en 1229; éste último año tomó el hábito. Por esa época el enojo paterno se había aplacado. Era un profesor tan brillante que sus alumnos desbordaban las aulas tanto en las universidades de Colonia, como en las de Hildesheim, Friburgo, Ratisbona, Estrasburgo, y en la Sorbona de París, lugares donde también enseñó. Además, en París había estudiado teología. Algunas veces, cuando el auditorio crecía al punto de exceder el espacio del aula, se vio obligado a impartir clases al aire libre. El texto que tenía como base era el Liber Sententiarum, de Pedro Lombardo. En Colonia, donde fue enviado en 1248 para regir como rector la nueva universidad puesta en marcha por los dominicos, tuvo como discípulo al Aquinate, su más excelso alumno, por el que tuvo predilección. Consciente de su valía, hizo notar: «Ustedes llaman a Tomás ‘buey mudo’, pero yo les digo que los mugidos de este buey se escucharán en todo el mundo».

Pero si notables fueron las cualidades intelectuales de Alberto, insigne científico, teólogo y filósofo, autor de numerosas obras, no palidecían ante ellas sus excelsas virtudes. Vivía henchido de gozo porque era un hombre de intensa y continua oración. Su penetrante análisis sobre la ciencia y la filosofía estaban encarnados en ella, por eso su magistral exposición enardecía a sus enfervorizados seguidores. Se le considera impulsor de la escolástica. Pero no se dejó tentar por la vanagloria y, con espíritu sencillo y humilde elevó sus súplicas a Dios: «Señor Jesús pedimos tu ayuda para no dejarnos seducir de las vanas palabras tentadoras sobre la nobleza de la familia, sobre el prestigio de la Orden, sobre lo que la ciencia tiene de atractivo».

Se dejó guiar de este sentimiento de plena aquiescencia con la voluntad divina: «Querer todo lo que yo quiero para gloria de Dios, como Dios quiere para su gloria todo lo que él quiere». Destacaba por su amor a la Eucaristía y su devoción por María. Se cuenta que en su juventud, experimentando gran dificultad para el estudio, pensó fugarse del colegio a través de una escalera que pendía sobre la pared. Y la Virgen, saliéndole al encuentro, le ofreció su amparo vaticinando lo que le ocurriría al final de sus días: «Alberto, ¿por qué en vez de huir del colegio, no me rezas a mí, que soy ‘Causa de la Sabiduría’? Si me tienes fe y confianza, yo te daré una memoria prodigiosa. Y para que sepas que fui yo quien te la concedo cuando ya te vayas a morir, olvidarás todo lo que sabías». Ella había sido la que guió sus pasos a la Orden dominicana. Le dedicó el Mariale.

En 1254 fue designado provincial de Alemania recorriendo el vasto territorio a pie mientras mendigaba. El pontífice le encomendó diversas misiones y tuvo que combatir graves tendencias y abusos. Defendió el derecho a la enseñanza de las órdenes mendicantes, y fue encargado de redactar el plan de estudios para todos los dominicos. Cuando se aceptó su renuncia, se centró en el estudio, la docencia y la escritura. En 1260 fue nombrado obispo de Ratisbona, lugar donde emprendió la reforma del clero y erradicó las costumbres licenciosas. No consiguió que el papa Alejandro IV le liberase del oficio, pero sí lo hizo Urbano IV encomendándole que predicara la Cruzada desde 1261 a 1263. Fue un gran pacificador. En 1274 participó en el Concilio de Lyon que había convocado Gregorio X y, entre otras cosas, tuvo ocasión de salir en defensa de las tesis de su amado Tomás de Aquino que habían sido objeto de críticas infundadas.

En 1278, mientras impartía clase en Colonia, perdió la memoria. Y desde ese momento se recluyó en su celda, en oración. Diariamente acudía a la tumba que mandó erigir para rezar el Oficio de difuntos. En 1279 redactó su testamento. Murió el 15 de noviembre de 1280 serenamente, sobre su mesa. Fue beatificado en 1622 por Gregorio XV, y canonizado por Pío XI el 16 de diciembre de 1931, quien lo proclamó doctor de la Iglesia. En 1941 Pio XII lo declaró patrono de los científicos. Ha recibido el título de «magnus» (grande), y de «doctor universal» por la extensión de su saber que engloba las disciplinas filosófico teológicas y las científicas.

Como señaló Benedicto XVI, Alberto «tiene mucho que enseñarnos aún […] muestra que entre fe y ciencia no hay oposición, a pesar de algunos episodios de incomprensión que se han registrado en la historia […] recuerda que entre ciencia y fe hay amistad, y que los hombres de ciencia pueden recorrer, a través de su vocación al estudio de la naturaleza, un auténtico y fascinante recorrido de santidad».

 

 

 

“Teresa, ¿dónde vives?”

Un libro para conocer a La Santa de la mano del P. Arturo Díaz

Descubrir a santa Teresa por medio de los lugares en los que vivió es el objetivo de la guía cultural y espiritual “Teresa, ¿dónde vives?” que ha escrito el P. Arturo Díaz, L.C. El padre, actualmente capellán del monasterio carmelita de la Encarnación de Ávila, quiere llevar de la mano al peregrino para que recorra la vida de la santa “de una manera ordenada y cronológica”: el nacimiento, la infancia, la adolescencia, la juventud, su llamada vocacional, sus fundaciones…

El libro fue presentado el pasado 10 de octubre en el monasterio de la Encarnación por el obispo de Ávila, monseñor Jesús García Burillo, quien explicó que “en este V Centenario se han publicado muchos libros sobre Santa Teresa; ha habido muchos, que han sido novelas y de ficción, aquí tenemos un libro que nos habla de la vida real de Santa Teresa, enmarcándola en los lugares relacionados con la ciudad de Ávila”.

También resaltó el enfoque del título, “Teresa, ¿dónde vives?”, porque recuerda «la pregunta de los primeros discípulos a Jesús, ‘Maestro, ¿dónde vives?’, a lo que Jesús responde: ‘Venid y veréis’. Así con este libro podemos ir y ver los sitios por donde vivió Santa Teresa en Ávila”, explicó.

Así pues, con este objetivo, el  padre Arturo ha organizado el libro en cinco grandes capítulos: el actual Convento de Santa Teresa, lo que fue su casa natal; “tres paradas en el camino”: la parroquia de san Juan, los Cuatro Postes y la Virgen de la Caridad; el Convento de Gracia, en donde estudió durante su juventud; el monasterio de la Encarnación, lugar en donde ingresó a la orden del Carmen; y, finalmente, el Convento de san José, su primera fundación.

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ZENIT Staff

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