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Domingo 15 de noviembre de 2015

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Francisco: el atentado en Francia, un ‘incalificable ultraje a la dignidad de la persona humana’

Después de la oración del ángelus, el papa Francisco reza por las víctimas y familiares y reitera  que ‘utilizar el nombre de Dios para esta violencia es una blasfemia’

El santo padre Francisco después de rezar la oración del ángelus este domingo, delante de miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, reiteró «con vigor que el camino de la violencia y del odio no resuelve los problemas de la humanidad». Y que «utilizar el nombre de Dios para justificar este camino es una blasfemia».

«Deseo expresar –dijo desde la ventana que da a la famosa plaza–  mi profundo dolor por los ataques terroristas que en la noche del viernes ensangrentaron Francia, causando numerosas víctimas».

El Papa no escondió su consternación ante los bárbaros actos que dejaron un saldo de casi 160 muertos y un centenar de heridos graves, en el ataque que varios grupos de terroristas islámicos perpetraron contra gente desarmada.

«Tanta barbarie –prosiguió el Santo Padre– nos deja consternados y nos pide como pueda el corazón del hombre idear y realizar eventos tan horribles, que han trastornado no solamente Francia, pero a todo el mundo». 

Así el Pontífice califico al ataque de «actos intolerables» delante de los cuales «no se puede dejar de condenar la incalificable afrenta a la dignidad de la persona humana».

El Santo padre se dirigió al presidente de la República de Francia y a todos sus ciudadanos a quienes expresó su «más profundo dolor».

«Estoy particularmente cercano de los familiares de los que han perdido la vida y a los heridos» dijo. E invitó a todos a «unirse a mi oración: confiemos a la misericordia de Dios las víctimas inermes de esta tragedia».

Y deseó que «la Virgen María, Madre de misericordia, suscite en los corazones de todos pensamientos de sabiduría y propósitos de paz».

Y le pidió a Ella que «nos proteja» y que «vele por la querida nación francesa, por Europa y por el mundo entero».

Y rezó un Ave María con los allí presentes. 

 

 

Texto completo del ángleus del papa Francisco. Domingo 15 de noviembre de 2015

Delante de los falsos profetas, horóscopos, videntes y fatalistas, hay que saber que Jesús nos quiere y está a nuestro lado

El papa Francisco rezó este domingo la oración del ángelus desde la ventana de su estudio, delante de miles de fieles y peregrinos llegados desde todo el mundo y congregados en la Plaza de San Pedro. Antes de la oración recordó el evangelio del día e invitó a no creer en los profetas de desventuras, videntes u horóscopos. Después recordó que los atentados de París son un ultraje a la dignidad humana y que usar el nombre de Dios para matar así es una blasfemia. 

Recordó también que este sábado en Brasil fue beatificado el sacerdote Francisco de Paula Víctor, hijo de una esclava negra y pidió que su extraordinario ejemplo sirva a los sacerdotes. Concluyó saludando a diversas delegaciones presentes, entre las cuales diversas de España.

 

A continuación el texto completo
“Queridos hermanos y hermanas.
El evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico nos propone una parte de las palabras de Jesús sobre los eventos últimos de la historia humana, orientada hacia el pleno cumplimiento del reino de Dios.

Es la prédica que Jesús hizo en Jerusalén antes de su última pascua. Eso contiene algunos elementos apocalípticos, como las guerras, carestías, catástrofes cósmicas. “El sol se oscurecerá, la luna no dará más su luz, las estrellas caerán del cielo y las potencias que están en el cielo serán trastornadas”.

Entretanto estos elementos no son la cosa esencial del mensaje. El núcleo central entorno al cual giran las palabras de Jesús es Él mismo, el misterio de su persona y de su muerte y resurrección, y su retorno al final de los tiempos. Nuestra meta final es el encuentro con el Señor resucitado.

Yo quisiera preguntarles ¿cuántos piensan sobre ésto?: ‘Habrá un día que yo encontraré cara a cara al Señor’. Y esta es nuestra meta, nuestro encuentro.

Nosotros no esperamos un tiempo o un lugar, sino que vamos a encontrar a una persona: Jesús. Por lo tanto el problema no es ‘cuando’ sucederán los signos premonitores de los últimos tiempos, sino que nos encuentre preparados. Y no se trata tampoco de saber ‘cómo’ sucederán estas cosas, sino ‘cómo’ tenemos que comportarnos, hoy en la espera de éstos.

Estamos llamados a vivir el presente construyendo nuestro nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios. La parábola del higo que florece, como signo del verano que se acerca, dice que la perspectiva del final no nos distrae de la vida presente, sino que nos hace mirar hacia nuestros días actuales con una óptica de esperanza.

Esa virtud tan difícil de vivir: la esperanza, la más pequeña de las virtudes pero la más fuerte. Y nuestra esperanza tiene un rostro: el rostro del Señor resucitado, que viene “con gran potencia y gloria, y que esto manifiesta su amor crucificado y transfigurado en la resurrección. El triunfo de Jesús al final de los tiempos será el triunfo de la cruz, la demostración que el sacrificio de sí mismos por amor del prójimo, a imitación de Cristo, es la única potencia victoriosa, el único punto firme en medio de los trastornos del mundo.

El Señor Jesús no es solo el punto de llegada de la peregrinación terrena, sino una presencia constante en nuestra vida: por ello cuando se habla del futuro, y nos proyectamos hacia ese, es siempre para reconducirnos al presente.

Él se opone a los falsos profetas, contra los videntes que prevén cercano el fin del mundo, contra el fatalismo. Èl está a nuestro lado, camina con nosotros, nos quiere mucho.

Quiere sustraer a sus discípulos de todas las épocas, de la curiosidad por las fechas, las previsiones, los horóscopos, y concentra su atención sobre el hoy de la historia.

Me gustaría preguntarles, pero no respondan, o cada uno responda interiormente: ¿Cuántos entre nosotros leen el horóscopo del día? Cada uno se responda y cuando tengan ganas de leer el horóscopo, mire a Jesús que está con nosotros. Es mejor, nos hará mejor.

Esta presencia de Jesús nos llama, esto sí, a la espera y a la vigilancia que excluyen sea la impaciencia que de la modorra, dea del escaparse hacia adelante o quedarse prisioneros del tiempo actual y de la mundanidad.

También en nuestros días no faltan las calamidades naturales y morales, y tampoco las adversidades y dificultades de todo tipo. Todo pasa, nos recuerda el Señor, solamente su palabra queda como luz que mira y alivia nuestros pasos. Nos perdona siempre porque está a nuestro lado, sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón. La Virgen María nos ayude a confiar en Jesús, el fundamento firme de nuestra vida, y a perseverar con alegría en su amor».

(El Papa reza el ángelus junto a los presentes)

El atentado de París
«Queridos hermanos y hermanas, deseo expresar mi profundo dolor por los ataques terroristas que en la noche del viernes ensangrentaron Francia, causando numerosas víctimas.

Al presidente de la República de Francia y a todos sus ciudadanos expreso mi más profundo dolor. Estoy particularmente cercano a los familiares de los que han perdido la vida y a los heridos.

Tanta barbarie nos deja consternados y nos pide cómo pueda el corazón del hombre idear y realizar eventos tan horribles, que han trastornado no solamente Francia, pero a todo el mundo.

Delante de tales actos intolerables no se puede dejar de condenar la incalificable afrenta a la dignidad de la persona humana.

Quiero reafirmar con vigor
que el camino de la violencia y del odio no resuelve los problemas de la humanidad. Y que «utilizar el nombre de Dios para justificar este camino es una blasfemia».

Les invito a unirse a mi oración y confiemos a la misericordia de Dios las víctimas inermes de esta tragedia. La Virgen María, Madre de misericordia, suscite en los corazones de todos, pensamientos de sabiduría y propósitos de paz.

A Ella le pedimos que nos proteja y vele por la querida nación francesa, la primera hija de la Iglesia, por Europa y por el mundo entero.

Recemos un poco en silencio y después, un Ave María. (instantes de silencio) Ave María…»

Beatificación de un sacerdote brasileño de origen africano
«Ayer en Tres Puntas, en el Estado de Minas Gerais, en Brasil, ha sido proclamado beato don Francisco de Paula Víctor, sacerdote brasileño de origen africano, hijo de una esclava. Párroco generoso y esmerado en la catequesis y en la administración de los sacramentos, se distinguió especialmente por su gran humildad.

Pueda su extraordinario testimonio ser modelo para tantos sacerdotes, llamados a ser humildes servidores del pueblo de Dios».

Saludos finales:
«Saludo a todos los presentes, familias, parroquias, asociaciones y a cada uno de los fieles que han venido desde Italia y desde tantas partes del mundo. En particular saludo a los peregrinos provenientes de Granada, Málaga, Valencia y Murcia (España). ¡Cuántos españoles!, San Salvador y Malta. A la asociación ‘Accompagnatori Santuari Mariani nel Mondo’ y al instituto secular ‘Cristo Re’.

A todos les deseo un buen domingo. Y por favor no se olviden de rezar por mi. ‘Buon pranzo e arrivederci'».

(Texto traducido y transcrito desde el audio por ZENIT)

 

 

 

Francisco a los luteranos: pedirnos perdón por el escándalo de estar divididos

En la visita el Papa explica, ante Dios deberemos responder si la vida la hemos usado para nosotros mismos o para servir al prójimo necesitado

El papa Francisco visitó este domingo por la tarde a la comunidad evangélica luterana de Roma, en el templo Christuskirche, ubicado en la via Sicilia, cerca de Vía Véneto.

Estaba previsto que el Santo Padre leería un discurso. Entretanto el pastor de esta comunidad cristiana le pidió dialogar y tres personas: un niño, una señora luterana casada con un católico y una señora que llevaba un proyecto con refugiados, le hicieron su pregunta. Y el encuentro tomó un aspecto informal, pero con temas muy profundos.

Al niño que le interrogó qué le gustaba más de ser Papa, el Santo Padre respondió que era como la comida que a uno le gusta, «aunque después hay que comerla toda». “Lo que más me agrada es ser párroco, pastor” dijo. Recordó le gustaba enseñar el catecismo a los niños, visitar a los enfermos, a los presos. Y confió que “cada vez que entro en una cárcel me pregunto, ¿por qué ellos y yo no?, y allí siento el amor de Jesús conmigo, porque yo no soy menos pecador que ellos.

A la señora luterana casada con un católico le indicó: “Cuando usted se siente pecadora y su marido pecador, vaya delante del Señor y pida perdón, su marido también lo hará, él irá al sacerdote para pedir perdón”. Y “cuando ustedes rezan juntos ese remedio se vuelve fuerte”. También cuando le enseñan a sus hijos quién es Jesús y qué hizo Jesús, sea en idioma luterano o católico, es lo mismo. Recordó que un pastor amigo decía, ‘creemos que el Señor que está allí presente, ustedes creen que el Señor está allí presente” aunque haya diferencia en la doctrina. Sobre los sacramentos comunes concluyó: “No osaré nunca dar permiso para ésto porque no es mi competencia, recen y vayan adelante. No oso decir más”.

A la tesorera de la comunidad, empeñada en el proyecto de los refugiados, que sostiene a 80 mamás y a sus niños le recordó dos cosas, la primera los muros: el hombre desde el primer momento es un gran constructor de muros, que separan de Dios, y como en la torre de Babel la actitud es ‘Seréis como Dios’. En cambio Jesús invita a lavar los pies, a servir a los más necesitados. Y concluyó “Es feo tener el corazón cerrado. Hoy lo vemos, el drama de París, que menciono mi hermano pastor, Corazones cerrados, también el nombre de Dios es usado para esto”.

Después de la lectura del evangelio, el Santo Padre dejó de lado el discurso que había preparado e improvisó, recordó las malas épocas que existieron entre luteranos y católicos. Recordó que “existieron tiempos difíciles entre nosotros, ¡teniendo el mismo bautismo! Piensen a tantos quemados vivos. Tenemos que pedirnos perdón por ésto, es el escándalo de la división, porque todos, luteranos y católicos debemos elegir. Si es servicio como Él nos indicó, siendo siervos del Señor”.

Explicando que en el juicio delante del Señor contará no lo que sea formal, sino lo que hemos hecho por los pobres, puesto que ellos están en el centro del evangelio. Y se preguntó: “¿Nosotros luteranos o católicos de que parte estaremos, a la derecha o a la izquierda?

Y señaló que “cuando veo al Señor que sirve” pido “que nos ayude a caminar juntos, rezar juntos, trabajar juntos por los pobres, querernos juntos, con verdadero amor de hermanos”. A pesar de que nuestros libros doctrinales sean diversos.

En sus palabras el Papa recordó que la gente los seguía y Jesús enseñaba a los apóstoles, y cuando ellos sugerían cosas equivocadas, como pedir que baje fuego del cielo, él los reprendía; o a la madre de dos apóstoles cuando solicitaba privilegios para sus hijos.

Recordó que en el camino a Emaús, Jesús acompaña a quienes que se escapan de Jerusalén porque tenían miedo. O la parábola del banquete cuando dice ‘vayan a los cruces de caminos y traigan a buenos y malos’.

También en la parábola de la oveja perdida, Jesús no hace cuentas y deja a las 99 para buscar a una. ¿Pero qué preguntas el Señor nos hará ese día final?: ¿Has ido a misa? ¿Has hecho una buena catequesis? No. Las preguntas serán sobre los pobres, “porque la pobreza está en el centro del evangelio”.

La elección Él la hará sobre esto: “tu vida las has usado para ti o para servir. Para defenderte de los otros con los muros, o para acoger”.

El Papa al concluir pidió a Dios “la gracia de esta diversidad reconciliada en el Señor, en ese Hijo que vino para servirnos y no para ser servido”.

El Santo Padre se despidió dando su bendición, sin la gestualidad habitual, sino estando recogido con las manos unidas y la mirada baja.

Antes de partir, los evangelistas luteranos le regalaron al Santo Padre una corona de Adviento, con ramas de pino y cuatro velas, deseándole que “Estas luces le acompañan también durante el Adviento” y una cartelera hecha por los niños con manos recortadas y el deseo de cada uno de ellos.

 

 

Brasil: beatifican a un sacerdote de origen africano

El papa Francisco le recordó en el ángelus y propuso a Francisco de Paula Víctor como modelo para los sacerdotes de un servidor del pueblo de Dios

El papa Francisco recordó este domingo tras rezar la oración del ángelus ante miles de personas reunidas en la Plaza de San Pedro, que ayer sábado ha sido beatificado en Brasil, el sacerdote de origen africano Francisco de Paula Víctor, y deseó que su extraordinario testimonio “sea modelo para tantos sacerdotes, llamados a ser humildes servidores del pueblo de Dios».

«Ayer en Tres Puntas, en el Estado de Minas Gerais, en Brasil, ha sido proclamado beato don Francisco de Paula Víctor, sacerdote brasileño de origen africano, hijo de una esclava” dijo el Papa.

Y recordó que fue un “párroco generoso, esmerado en la catequesis y en la administración de los sacramentos, que se
distinguió especialmente por su gran humildad”.

La ceremonia en Brasil reunió a casi 20 mil personas, el doble de la población del municipio y fue presidida por el cardenal italiano Angelo Amato, designado por el papa Francisco. El purpurado leyó el documento pontificio que lo elevó a beato.

Francisco de Paula Víctor, era negro, nació el 12 de abril de 1827 en un los campos cercanos a la ciudad de Tres Puntas. Sufrió fuerte discriminación por ser negro y le llamaban ‘o pretinho’ (el negrito).

El postulador de su causa, el abogado italiano Paolo Vilotta, quien sigue más de 25 procesos de canonización en Brasil, le indicó a ZENIT en una entrevista que el memorial del sacerdote beatificado recibe hasta 10 mil visitas durante los días sde su novena, cada 23 de septiembre.

El milagro necesario para poder declararlo beato, fue en el 2011 con una señora, Isabel, que por medios naturales según indicación médica, no habría podido concebir. En el 2011 en cambio nació la niña Sofía.

Padre Víctor es el segundo beato del sur de Minas Gerais. En mayo de 2013 Francisca de Paula de Jesus, ‘Nhá Chica’, fue beatificada en Baependi (MG).

 

 

España, centro interreligioso condena la violencia terrorista en París

El Kaiciid está conformado por representantes del budismo, cristianismo, hinduismo, islam y judaísmo. «Ninguna religión tolera los prejuicios, la violencia o el terrorismo»

 

La Junta Directiva del KAICIID hace un llamado a la solidaridad frente a los atroces atentados terroristas de Paris.
 
“Nosotros, la Junta Directiva multirreligiosa del Centro Internacional de Diálogo, KAICIID, estamos profundamente impactados y en duelo por el infame y deliberado asesinato de más de 100 victimas inocentes, cometido por terroristas la noche del 13 de noviembre de 2015 en Paris.
 
Elevamos nuestras oraciones por las víctimas y ofrecemos nuestras sinceras condolencias a quienes han perdido a seres queridos en estos atentados. Frente a esta violencia brutal, exhortamos a las personas que aman la paz a que dejen de lado el miedo, se unan y condenen la violencia cometida en nombre de cualquier religión. Nosotros, creyentes de diferentes religiones y personas de diferentes culturas, podemos defender nuestra humanidad común cuando levantamos juntos nuestra voz. Estos atentados no pueden dividirnos.  
 
Ninguna religión tolera los prejuicios, la violencia o el terrorismo. Todas las religiones buscan la convivencia pacífica. En respuesta a la violencia, las personas responsables y de paz deben actuar juntas en toda su diversidad para combatir los prejuicios, el discurso del odio y la incitación a la violencia.
 
En nuestra solidaridad, reafirmamos nuestro compromiso de promover el respeto mutuo y el entendimiento entre personas de diferentes religiones y culturas, así como de rechazar categóricamente el terrorismo y la manipulación de las creencias religiosas para promover el odio y justificar la violencia.
 
Contexto
La Junta Directiva del KAICIID está conformada por representantes de cinco religiones del mundo: budismo, cristianismo, hinduismo, islam y judaísmo. El KAICIID reafirma el derecho universal a la libertad de pensamiento, consciencia, religión y expresión. El KAICIID llama a todos a respetar todas las religiones. La religión hace posible el respeto y la reconciliación.
 
El KAICIID sirve de punto de encuentro, facilitando el diálogo intercultural e interreligioso y el entendimiento, para aumentar la cooperación y el respeto por la diversidad, la justicia y la paz.
 
El Centro provee liderazgo y programas para promover la paz. También sirve de plataforma mundial para promover la cooperación y el entendimiento entre personas de diferentes religiones y culturas. El KAICIID está comprometido con el trabajo con quienes usan el diálogo interreligioso para consolidar la paz.

 

 

El cardenal Blázquez tras los atentados de París: «El mal y la violencia no vencerán nunca»

El presidente de la Conferencia Episcopal Española ha escrito una carta al cardenal Vingt-Trois para expresarle su dolor y cercanía

El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Valladolid, cardenal Ricardo Blázquez Pérez, se ha solidarizado con el arzobispo de París, cardenal André Vingt-Trois, al que ha manifestado su dolor y cercanía tras los “gravísimos atentados terroristas sufridos”.

“Quiero expresarle en nombre de los obispos de la Conferencia Episcopal Española y en el mío propio nuestro dolor y cercanía a usted y al querido pueblo de París, especialmente a las víctimas y a sus familiares, a la vez que les aseguramos nuestra oración ante el Señor, Dios de la Vida y de la Paz”, ha escrito el presidente de la CEE en una carta.

“Junto a nuestra repulsa más absoluta de estos execrables atentados terroristas, deseamos afirmar, con la confianza que nace de la fe y de la firmeza en los valores auténticos de la persona humana, que el mal y la violencia no vencerán nunca”, ha subrayado el purpurado español.

El cardenal Blázquez ha concluido su misiva asegurando que “el gran dolor de ustedes es también el nuestro, y la fe y el amor compartido es nuestra común esperanza”. “Ruego traslade estos sentimientos de solidaridad a las victimas así como la seguridad de nuestro afecto y el de los católicos españoles”, ha reiterado. 

 

 

 

Santa Gertrudis «la Grande» – 16 de noviembre

«Esta gran benedictina es un ejemplo de fortaleza en medio de la debilidad. Toda su vida tuvo que luchar contra su fuerte temperamento. Vio conmovida cómo, a pesar de ello, era constantemente agraciada con favores sobrenaturales»

En los claustros del monasterio de Helfta se fraguó el itinerario espiritual de esta gran santa mística benedictina nacida el 6 de enero de 1256, de la que no se puede proporcionar fehacientemente ni lugar de nacimiento ni nombre de sus progenitores. Ella comprendió a través de una locución que este hecho se insertaba en un plan divino sobre su vida. Sin referente alguno familiar, exonerada de cualquier lazo de sangre, en su horizonte solo cupo la oración y la contemplación, alimento de sus jornadas monacales que se iniciaron cuando tenía 5 años. En esa unión con la Santísima Trinidad que perseguía no cabrían más afectos.

Las religiosas benedictinas le procuraron una esmerada y vasta formación espiritual y cultural en conformidad con el espíritu monacal, que incluía diversas disciplinas. Como le ha sucedido a muchos seguidores de Cristo, tuvo modelos para su acontecer. Se fijó en otras grandes místicas alemanas, Matilde y Gertrudis de Hackeborn, que era entonces la abadesa del monasterio. Una tercera hermana, con la que compartió amistad y vivencias de manera singular, fue la excepcional mística, también de origen germano, Matilde de Magdeburgo, que se incorporó a la comunidad hacia el año 1270.

A simple vista Gertrudis no mostraba rasgos significativos espirituales que pudieran identificar en ella a una persona que podía recibir el privilegio divino de ser agraciada con diversos favores. Su fina sensibilidad y hondura espiritual pronto le llevaron a reconocer en su interior debilidades y tendencias que constituían un veto para caminar por el sendero de la perfección. Examinaba su alma apreciando en ella zonas umbrías, alejadas de Dios. La piedra de toque de toda vida santa es el defecto dominante que usualmente no se cir
cunscribe a uno solo. Malos hábitos agazapados, a veces inconscientes, sutilmente perviven insertados en él. Se hallan prestos a exteriorizarse a la primera de cambio, dominando al asceta, a menos que viva una oración continua. Un temperamento impulsivo y otras manifestaciones caracterológicas provocaban muchos sufrimientos a Gertrudis que, como san Pablo advirtió, veía que no hacía el bien que quería sino el mal que no deseaba. Con todo, la apreciación de rasgos no virtuosos en ella no le indujeron al desánimo. Por el contrario, humildemente y de manera insistente oraba por su conversión; lo hizo en medio de la lucha que sostuvo contra sus tendencias a lo largo de su existencia.

Pese a sus flaquezas, Dios la agraciaba con diversos favores, lo cual era incomprensible para ojos ajenos regidos por razones humanas, esas que no reparan en el misterio de los designios divinos. La victoria sobre la debilidad es fuente de fortaleza. Y aunque Gertrudis se sintiera empujada por un carácter impetuoso y poco dado a la templanza, fue humilde, caritativa, sencilla, servicial, sensible hacia los débiles que socorrió con ternura, una persona accesible a todos, fiel observante de la regla y penitente.

El 27 de enero de 1281 constituyó el inicio de su despegue espiritual e intelectual. Se produjo después de ver a un joven Jesucristo que le invitaba a cambiar de vida asegurándole que la asistiría conduciéndola en ese camino. Desde ese momento, huyendo de la vanidad y desprendiéndose de sus aficiones, se centró en alcanzar la unión con Dios, y comenzó a profundizar en la Escritura, los santos Padres y la teología, abandonando otros intereses intelectuales. Tenía una dotes formidables para el estudio al que estaba dedicada muy especialmente. Se ha considerado que quizá esta atención pudo influirle de forma inicial en su progreso espiritual, restándole recogimiento. Pero también se ha hecho notar que debió ayudarle a neutralizar flaquezas, y preservarla de incurrir en otros errores personales, debidos a su fuerte temperamento, que hubieran podido conducirla por derroteros ajenos a la vida espiritual.

Lo cierto es que a esa primera revelación siguieron otras comunicaciones y experiencias místicas que le alentaban en su búsqueda de lo divino, mientras se esforzaba en progresar en la virtud, horrorizada por sus pecados y agraciada por el don de temor de Dios. Confundida, sintiéndose cada vez más indigna de recibir tantos favores sobrenaturales porque se veía frágil y pecadora, vivía con indecible conmoción que Dios le otorgara tal cúmulo de dones: «…he aprovechado tan poco tus gracias que no puedo decidirme a creer que me hayan sido concedidas para mí sola, no pudiendo tu eterna sabiduría ser frustrada por alguien. Haz, por tanto, oh Dador de todo bien, que me has concedido gratuitamente dones tan inmerecidos, que, leyendo este escrito, el corazón de al menos uno de tus amigos se conmueva por el pensamiento de que el celo por las almas te ha inducido a dejar durante tanto tiempo una gema de valor tan inestimable en medio del fango abominable de mi corazón». En los cinco tomos que comprenden sus Revelaciones plasmó las gracias que recibió; el segundo es de su autoría. Con rigor y fidelidad transmitió la fe en sus escritos, entre los que también se cuentan Heraldo del divino amor y sus excepcionales ejercicios espirituales.

Fue agraciada, entre otros, con el don de milagros y de profecía. Se le otorgó reposar su cabeza en la llaga del costado de Cristo oyendo el pálpito de su divino corazón. Pero entre todos los favores que recayeron sobre ella, destacó dos en particular con estas palabras: «Los estigmas de tus saludables llagas que me imprimiste, como preciosas joyas, en el corazón, y la profunda y saludable herida de amor con que lo marcaste…». Y «el de darme por Abogada a la santísima Virgen María Madre Tuya, y de haberme recomendado a menudo a su afecto como el más fiel de los esposos podría recomendar a su propia madre su esposa querida». Gertrudis padeció muchas enfermedades. Murió el 17 de noviembre, bien de 1301 o de 1302. El 27 de enero de 1678 fue inscrita en el Martirologio Romano.

 

 

 

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ZENIT Staff

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