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El Santo Padre critica la "medicina de los deseos"

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El Pontífice recibe a los participantes de la Conferencia Internacional promovida por el Pontificio Consejo para los Trabajadores Sanitarios

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El respeto por el valor de la vida y aún más, el amor por ella, encuentra una actuación insustituible en el hacerse prójimo, acercarse, cuidar a quien sufre en el cuerpo y en el espíritu. Estas son las acciones que caracterizan la pastoral de la salud, tal y como ha subrayado el papa Francisco en la audiencia a los participantes de la XXX Conferencia Internacional promovida por el Pontificio Consejo para los Trabajadores Sanitarios sobre el tema “La cultura de la Salus y de la acogida al servicio del hombres y del planeta”, que se celebra en el Vaticano del 19 al 21 de noviembre.     

Y en estas acciones y actitudes la Iglesia “pondrá especial énfasis durante el Jubileo de la Misericordia, que nos ayuda a todos estar cerca de los hermanos y las hermanas que más sufren”, ha asegurado. Asimismo, ha destacado que los elementos constitutivos de la “cultura de la salus” son  acogida, compasión, comprensión y perdón.

El Santo Padre ha subrayado que la cercanía al otro, “hasta sentirlo como alguien que me pertenece, supera toda barrera de nacionalidad, de clase social, de religión…, como nos enseña el buen samaritano”. Supera también la cultura –ha precisado– según la cual, tanto en los países ricos como en los pobres, los seres humanos son aceptados o rechazados según criterios utilitaristas, en particular utilidad social y económica.

Y esta mentalidad “es pariente” de la llamada “medicina de los deseos” cada vez más difundida en los países ricos, caracterizada por la búsqueda a toda costa de la perfección física, en la ilusión de la eterna juventud, ha advertido el Pontífice.

Por otro lado, el Santo Padre ha explicado que el “hacerse prójimo” conlleva también asumir “responsabilidades obligatorias hacia la creación y la ‘casa común’, que pertenece a todos y que ha sido encomendada al cuidado de todos, también de las generaciones venideras”.

A propósito, ha reconocido que la preocupación de la Iglesia es por el futuro de la familia humana y de toda la creación. Se trata de educar a todos –ha precisado– para cuidar y administrar la creación en su totalidad, como don entregado a la responsabilidad de cada generación para que la entregue de nuevo lo más íntegra y humanamente habitable para las generaciones futuras.     

Finalmente, ha deseado a los presentes que en estos días que van a dedicar a la profundización y al debate, en los que considerarán el factor ambiente en sus aspectos mayormente unidos a la salud física, psíquica y social de la persona “puedan contribuir a un nuevo desarrollo de la cultura de la salus, entendida en sentido integral”. De este modo, les ha animado a tener siempre presente, en sus trabajos, la realidad de esas poblaciones que mayormente sufren los daños provocados por el degrado ambiental, daños graves y a menudo permanente en la salud.    

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Rocío Lancho García

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