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Sábado 28 de noviembre

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Programa del viaje del papa Francisco en Uganda

Sábado 28 noviembre 2015

08:30 Visita al santuario anglicano de los mártires en Namugongo
09:00 Visita al santuario católico de los mártires de Namugongo
09:30 Santa Misa por los mártires de Uganda en el área del santuario católico (Homilía del Santo Padre)
15:15 Encuentro con los jóvenes en Kololo Air Strip en Kampala (Discurso del Santo Padre)
17:00 Visita a la casa de caridad de Nalukolongo (Saludo del Santo Padre)
18:00 Encuentro con los obispos de Uganda en el arzobispado
19:00 Encuentro con los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas en la Catedral (Discurso del Santo Padre)

​Programa completo del viaje del Santo Padre a África

 

 Francisco reza en Namugongo,
lugar del martirio de católicos y anglicanos

El ecumenismo de la sangre supera otras divisiones existentes. El Papa visita el santuario anglicano y en la basílica católica celebra la santa misa

El santo padre Francisco, comenzó su segundo día de viaje a Uganda y cuarto del viaje apostólico a África, yendo a Namugongo, para realizar una visita al lugar donde se encuentran los dos santuarios de los mártires, el católico y a pocos kilómetros de distancia, el anglicano.

Los santos mártires de Uganda fueron un grupo de 22 servidores del rey local, convertidos al cristianismo por los Padres Blancos. Fueron asesinados por su fe entre el 1885 y 1887, por orden del rey Mwanga II. Otros 23 cristianos anglicanos fueron también martirizados en las mismas persecuciones. 

Uganda es un país que sufrió persecución también en un pasado relativamente reciente, cuando el presidente Idi Amín quiso erradicar el cristianismo. 

El santuario anglicano es un amplio edificio circular en cuyo interior se encuentran una serie de estatuas de tamaño natural que representan el momento del martirio de los 23 cristianos. 

En medio de estrictas medidas de seguridad el Papa entró allí y recorrió el lugar el santuario acompañado por el arzobispo anglicano del lugar. Duranet el recorrido, Francisco hizo algunas preguntas a quienes le acompañaba y se arrodilló en un reclinatorio permaneciendo algunos minutos en silencio, mientras se escuchaba la banda que tocaba. 

El Pontífice depositó un ramo de flores y firmó el libro de la memoria del santuario. Al concluir la visita todos salieron al exterior del santuario donde los 40 obispos anglicanos, fieles y demás personas presentes, rezaron en inglés junto con Francisco la oración del Padre Nuestro. El Pontífice también desveló una placa que recuerda el sacrificio de los mártires. 

A poca distancia de allí, se encuentra el santuario católico. El Papa recorrió estos tres kilómetros en el jeep descubierto, saludando a las personas que le esperaban a lo largo del camino hasta la basílica menor, en donde fue recibido con gran entusiasmo por los miles de fieles allí presentes. En este lugar del martirio de los laicos católicos el Santo Padre celebró la santa misa.

Los mártires de Uganda fueron canonizados el 8 de octubre de 1964 por el papa Pablo VI, quien 5 años después, al visitar el país africano les dedicó el santuario de Namugongo, lugar del martirio de san Carlo Lwanga, el más célebre del grupo, quien fue quemado junto a otros 12 laicos. 

 

La misa del Papa en Namugongo:
“El don del Espíritu Santo se recibe para ser compartido”

En la homilía, el Santo Padre recuerda que para ser misioneros no hace falta viajar sino “abrir los ojos a las necesidades que encontramos en nuestras casas y en nuestras comunidades»

El papa Francisco en la colina de Namugongo  –lugar del martirio de 22 laicos católicos que no quisieron apostatar de su fe– celebró este sábado la santa misa. Poco antes estuvo en oración silenciosa delante del altar que conserva las reliquias de san Carlo Lwanga, el más importante de los mártires ugandeses. 

En el martirologio romano se lee: «San Carlo Luanga y los doce mártires con edad entre los 14 y 30 años, pertenecientes a la corte real de los jóvenes nobles o a la guardia personal del rey Mwanga, neófitos o fieles seguidores de la fe católica, al rechazar seguir torpes pedidos del rey, en la colina de Namugongo en Uganda fueron algunos asesinados con la espada y otros quemados vivos en el fuego». 

El Santo Padre presidió la eucaristía vistiendo paramentos rojos, así como los numerosos concelebrantes. Al inicio de la santa misa el coro cantó del Kyrie Eleison, mientras que el Gloria fue entonado en el idioma local. 

En su homilía, el Santo Padre recordó que «desde la época Apostólica hasta nuestros días, ha surgido un gran número de testigos» por «amor por Cristo y su Iglesia». De este modo señaló a los mártires anglicanos, que «su muerte por Cristo testimonia el ecumenismo de la sangre».

 “Hemos recibido el Espíritu cuando renacimos por el bautismo” recordó el Papa, precisando que el “don del Espíritu Santo se da para ser compartido”.

Señaló que los santos José Mkasa y Carlos Lwanga quisieron transmitir el don de la fe que habían recibido en tiempos difíciles. “No estaba amenazada solamente su vida, sino también la de los muchachos más jóvenes confiados a sus cuidados” y no tuvieron miedo de llevar a Cristo a los demás, aun a precio de la propia vida».

“Si, a semejanza de los mártires, reavivamos cotidianamente el don del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones, entonces llegaremos a ser de verdad los discípulos misioneros que Cristo” dijo.  Añadió que “esta apertura hacia los demás comienza en la familia, en nuestras casas, donde se aprende a conocer la misericordia y el amor de Dios. Y se expresa también en el cuidado de los ancianos y de los pobres, de las viudas y de los huérfanos”.

Por ello pidió a la Iglesia y en particular a las comunidades parroquiales que sigan “ayudando a las parejas jóvenes en su preparación al matrimonio, anime a los esposos a vivir el vínculo conyugal en el amor y la fidelidad, y ayude a los padres en su tarea de ser los primeros maestros de la fe de sus hijos”.

Porque para ser misioneros no hace falta viajar sino “abrir los ojos a las necesidades que encontramos en nuestras casas y en nuestras comunidades locales para darnos cuenta de las numerosas oportunidades que allí nos esperan”. Y en esto también los mártires de Uganda nos indican el camino.

Esta visión, aseguró el Papa, “nos ofrece un objetivo para la vida en este mundo y nos ayuda a acercarnos a los necesitados, a cooperar con los otros por el bien común y a construir, sin excluir a nadie, una sociedad más justa, que promueva la dignidad humana, defienda la vida, don de Dios, y proteja las maravillas de la naturaleza, la creación, nuestra casa común”.

El Pontífice concluyó pidiendo la intercesión de los “mártires ugandeses, junto con María, Madre de la Iglesia” y que el “Espíritu Santo encienda en nosotros el fuego del amor divino”. Y concluyó pidiendo que Dios los bendiga, pronunciado en el idioma local: ¡Omukama abawe omukisa!

 

Homilía del Santo Padre en Namugongo,
en el lugar de los mártires de Uganda

Los mártires nos invitan a acercarnos a los necesitados, a cooperar con los otros por el bien común y a construir, sin excluir a nadie, una sociedad más justa, que promueva la dignidad humana, defienda la vida, y las maravillas de la creación

El santo padre Francisco celebró este sábado la santa misa en la basílica ubicada en la colina de Namugongo, lugar en el que fueron
martirizados a fines del siglo XVIII 22 laícos católicos que no quisieron renunciar a la fe católica. Poco antes vistió el santuario de otros 23 mártires anglicanos ejecutados por el mismo rey.  El Papa les invitó siguiendo el ejemplo de los mártires a profesar la fe y dar el ejemplo. Recordó que no hace falta viajar como los misioneros para evangelizar, ya que en los propios lugares es posible encontrar oportunidades de hacer el bien y dar testimonio.

A continuación el texto de la homilía:

«Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8).

Desde la época Apostólica hasta nuestros días, ha surgido un gran número de testigos para proclamar a Jesús y manifestar el poder del Espíritu Santo. Hoy, recordamos con gratitud el sacrificio de los mártires ugandeses, cuyo testimonio de amor por Cristo y su Iglesia ha alcanzado precisamente «los extremos confines de la tierra». Recordamos también a los mártires anglicanos, su muerte por Cristo testimonia el ecumenismo de la sangre. Todos estos testigos han cultivado el don del Espíritu Santo en sus vidas y han dado libremente testimonio de su fe en Jesucristo, aun a costa de su vida, y muchos de ellos a muy temprana edad.

También nosotros hemos recibido el don del Espíritu, que nos hace hijos e hijas de Dios, y también para dar testimonio de Jesús y hacer que lo conozcan y amen en todas partes. Hemos recibido el Espíritu cuando renacimos por el bautismo, y cuando fuimos fortalecidos con sus dones en la Confirmación. Cada día estamos llamados a intensificar la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, a «reavivar» el don de su amor divino para convertirnos en fuente de sabiduría y fuerza para los demás.

El don del Espíritu Santo se da para ser compartido. Nos une mutuamente como fieles y miembros vivos del Cuerpo místico de Cristo. No recibimos el don del Espíritu sólo para nosotros, sino para edificarnos los unos a los otros en la fe, en la esperanza y en el amor. Pienso en los santos José Mkasa y Carlos Lwanga que, después de haber sido instruidos por otros en la fe, han querido transmitir el don que habían recibido. Lo hicieron en tiempos difíciles. No estaba amenazada solamente su vida, sino también la de los muchachos más jóvenes confiados a sus cuidados. Dado que ellos habían cultivado la propia fe y habían crecido en el amor de Cristo, no tuvieron miedo de llevar a Cristo a los demás, aun a precio de la propia vida. Su fe se convirtió en testimonio; venerados como mártires, su ejemplo sigue inspirando hoy a tantas personas en el mundo. Ellos siguen proclamando a Jesucristo y el poder de la cruz.

Si, a semejanza de los mártires, reavivamos cotidianamente el don del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones, entonces llegaremos a ser de verdad los discípulos misioneros que Cristo quiere que seamos. Sin duda, lo seremos para nuestras familias y nuestros amigos, pero también para los que no conocemos, especialmente para quienes podrían ser poco benévolos e incluso hostiles con nosotros. Esta apertura hacia los demás comienza en la familia, en nuestras casas, donde se aprende a conocer la misericordia y el amor de Dios. Y se expresa también en el cuidado de los ancianos y de los pobres, de las viudas y de los huérfanos.

El testimonio de los mártires nuestra, a todos los que han conocido su historia, entonces y hoy, que los placeres mundanos y el poder terreno no dan alegría ni paz duradera. Es más, la fidelidad a Dios, la honradez y la integridad de la vida, así como la genuina preocupación por el bien de los otros, nos llevan a esa paz que el mundo no puede ofrecer. Esto no disminuye nuestra preocupación por las cosas de este mundo, como si mirásemos solamente a la vida futura. Al contrario, nos ofrece un objetivo para la vida en este mundo y nos ayuda a acercarnos a los necesitados, a cooperar con los otros por el bien común y a construir, sin excluir a nadie, una sociedad más justa, que promueva la dignidad humana, defienda la vida, don de Dios, y proteja las maravillas de la naturaleza, la creación, nuestra casa común.

Queridos hermanos y hermanas, esta es la herencia que han recibido de los mártires ugandeses: vidas marcadas por la fuerza del Espíritu Santo, vidas que también ahora siguen dando testimonio del poder transformador del Evangelio de Jesucristo. Esta herencia no la hacemos nuestra como un recuerdo circunstancial o conservándola en un museo como si fuese una joya preciosa. En cambio, la honramos verdaderamente, y a todos los santos, cuando llevamos su testimonio de Cristo a nuestras casas y a nuestros prójimos, a los lugares de trabajo y a la sociedad civil, tanto si nos quedamos en nuestras propias casas como si vamos hasta los más remotos confines del mundo.

Que los mártires ugandeses, junto con María, Madre de la Iglesia, intercedan por nosotros, y que el Espíritu Santo encienda en nosotros el fuego del amor divino.

¡Omukama abawe omukisa! (Que Dios los bendiga)». 

 

Francisco en la Casa de la Caridad:
‘Atender a los pobres es dar testimonio de Jesús’

“No ser víctimas de la cultura actual del «usar y descartar», que lleva a despreciar sobre todo a los niños no nacidos, a los jóvenes y a los ancianos”

El santo Padre Francisco, después del encuentro que tuvo con los jóvenes este sábado, realizó una visita a la Casa de la caridad Nalukolongo Bakateyambma’s Home, fundada en 1978 por el primer cardenal ugandés, Emmanuel Kiwanuka Nsubuga.

El instituto acoge a un centenar de pobres sin distinción de credo o religión, desde niños hasta ancianos. Cuando llegó el Papa, fue recibido con gran entusiasmo. La superiora de la Casa de caridad, gestionada por las Hermanas del Buen Samaritano, le llevó a la pequeña iglesia dedicada a Nuestra Señora de África, donde el Pontífice rezó en silencio delante del santísimo sacramento.

Estaban presentes el párroco, el presidente de la Obra, y las hermanas de la Casa. El obispo responsable de la Pastoral de la Salud, Robert Muhiirwa, le presentó a las personas que vinieron de otras casas de caridad.

En el exterior del edificio, el Santo Padre pronunció las siguientes palabras.

“Queridos amigos: Les agradezco su afectuosa acogida. Tenía un gran deseo de visitar esta Casa de la Caridad, que el cardenal Nsubuga fundó aquí en Nalukolongo. Este lugar siempre ha estado ligado al compromiso de la Iglesia en favor de los pobres, los discapacitados y los enfermos. Pienso particularmente en el enorme y fructífero trabajo realizado con las personas afectadas por el SIDA.

Aquí, en los primeros tiempos, se rescató a niños de la esclavitud y las mujeres recibieron una educación religiosa. Saludo a las Hermanas del Buen Samaritano, que llevan adelante esta excelente obra y les agradezco el servicio silencioso y gozoso en el apostolado de estos años.

Saludo también a los representantes de los numerosos grupos de apostolado, que se ocupan de atender las necesidades de nuestros hermanos y hermanas en Uganda. Sobre todo, saludo a quienes viven en esta Casa y en otras semejantes, así como a todos los que se acogen a las iniciativas de caridad cristiana. Porque ésta es justamente una casa. Aquí pueden encontrar afecto y premura; aquí pueden sentir la presencia de Jesús nuestro hermano, que nos ama a cada uno con ese amor que es propio de Dios.

Hoy, desde esta Casa, quisiera hacer un llamamiento a todas las parroquias y comunidades de Uganda –y del resto de África– para que no se olviden de los pobres. Que no se olviden de los pobres. El Evangelio nos impulsa a s
alir hacia las periferias de la sociedad y encontrar a Cristo en el que sufre y pasa necesidad. El Señor nos dice con palabras claras que nos juzgará de esto. Da tristeza ver cómo nuestras sociedades permiten que los ancianos sean descartados u olvidados.

No es admisible que los jóvenes sean explotados por la esclavitud actual del tráfico de seres humanos. Si nos fijamos bien en lo que pasa en el mundo que nos rodea, da la impresión de que el egoísmo y la indiferencia se va extendiendo por muchas partes. Cuántos hermanos y hermanas nuestros son víctimas de la cultura actual del «usar y tirar», que lleva a despreciar sobre todo a los niños no nacidos, a los jóvenes y a los ancianos.

Como cristianos, no podemos permanecer impasibles. Quedarse mirando y no hacer nada, algo tiene que cambiar. Nuestras familias han de ser signos cada vez más evidentes del amor paciente y misericordioso de Dios, no solo hacia nuestros hijos y ancianos, sino hacia todos los que pasan necesidad.

Nuestras parroquias no han de cerrar sus puertas y sus oídos al grito de los pobres. Se trata de la vía maestra del discipulado cristiano. Es así como damos testimonio del Señor, que no vino para ser servido sino para servir. Así ponemos de manifiesto que las personas cuentan más que las cosas y que lo que somos es más importante que lo que tenemos. En efecto, Cristo, precisamente en aquellos que servimos, se revela cada día y prepara la acogida que esperamos recibir un día en su Reino eterno.

Queridos amigos, a través de gestos sencillos, a través de acciones sencillas y generosas, que honran a Cristo en sus hermanos y hermanas más pequeños, conseguimos que la fuerza de su amor entre en el mundo y lo cambie realmente. De nuevo les agradezco su generosidad y su caridad. Les recordaré en mis oraciones y les pido, por favor, que recen por mí. A todos ustedes, los confío a la tierna protección de María, nuestra Madre y les doy mi bendición». Y concluyó diciendo en el idioma local: «Omukama Abakuume» (Que Dios los proteja).

Las monjas del Buen Samaritano le regalaron un cuadro y una escultura hecha a mano, y el Papa firmó el libro de los huéspedes ilustres. Y visitó la tumba del cardenal fundador de esta Casa de Caridad de Campala, antes de partir en el vehículo abierto. 

 

El Santo Padre a los jóvenes de Uganda:
¿Están dispuestos a transformar el odio en amor?

Música, bailes y mucha alegría. Como no podía ser de otra manera, el encuentro del papa Francisco con los jóvenes de Uganda, unos 150 mil, ha sido una celebración llena de entusiasmo y júbilo. En la tarde del sábado, el Santo Padre ha dejado la nunciatura y se ha dirigido al Kololo Airstrip de Kampala – un ex aeropuerto que aloja grandes eventos – para reunirse con la juventud de este país.

En el palco, el Papa ha estado acompañado por las autoridades civiles responsables de las realidades educativas y deportivas. También estaban presentes el arzobispo de Kampala, monseñor Cyprian Kizito Lwanga, y el obispo encargado de la pastoral de laicos, monseñor Paul Ssemogerere. Asimismo, le han acompañado en el escenario un grupo de unos cincuenta jóvenes de todas las diócesis de Uganda y un grupo de huérfanos. Un sector especial estaba reservado a jóvenes sordos, refugiados y capellanes de la pastoral juvenil.

Antes de pronunciar su discurso, monseñor Ssemogerere ha dado la bienvenida al Santo Padre y le ha presentado la realidad de la juventud en este país y algunos de los desafíos que viven: violencia, la crisis de identidad, la decadencia moral, el consumismo y el materialismo, el Sida, el matrimonio y embarazo precoz, el aislamiento tecnológico, el alcoholismo o las drogas.

A continuación, una joven de 24 años, nacida con VIH, ha dado su testimonio conmovedor pero lleno de esperanza a la vez, en el que ha confesado que “cuando era pequeña, siempre me pareció difícil enamorarse porque pensé que no tenía derecho a amar y ser amado. Siempre tuve miedo de explicar mi vida”. Pero ha asegurado que gracias a Dios mantiene una actitud positiva en su vida. También ha dado su testimonio Emmanuel Odokonyero, secuestrado y torturado por los rebeldes cuando era pequeño.

Improvisando su discurso en español, ayudado por un traductor al inglés, el Santo Padre presentó tres ideas principales a los jóvenes: superar las dificultades, transformar lo negativo en positivo y oración.

El Santo Padre ha reconocido haber escuchado con mucho dolor en el corazón el testimonio de los dos jóvenes y se ha preguntado “¿una experiencia negativa puede servir para algo en la vida?”. Sí, ha sido la respuesta. A Winnie, ha explicado el Papa, “Jesús le fue haciendo entender que en la vida se puede hacer un gran milagro. Transformar una pared en horizonte. Un horizonte que me abra el futuro”. Delante de una experiencia negativa –ha señalado– siempre está la posibilidad de abrir un horizonte. De abrirlo con la puerta de Jesús.

El Papa ha explicado que “esto no es magia, es obra de Jesús” porque Jesús es el Señor, Jesús puede todo y Jesús sufrió la experiencia más negativa de la historia. “Fue insultado, fue rechazado y fue asesinado. Y Jesús, por el poder de Dios, resucitó”, ha precisado.

A propósito de la historia de Emmanuel, el Pontífice ha subrayado que “fue valiente”, porque sabía que “que si lo encontraban el día que se escapaba, lo mataban”. Pero “arriesgó. Se confió en Jesús. Y se escapó”.

De este modo, el Santo Padre ha querido indicar que “nuestra vida es como una semilla, para vivir hay que morir”. Pero a través de esa muerte –ha añadido– hay una vida. Asimismo ha reconocido que “si yo transformo lo negativo en positivo soy un triunfador. Pero eso solamente se puede hacer con la gracia de Jesús”.

A continuación, el Papa ha preguntado a los presentes: “¿Están dispuestos a transformar en la vida todas las cosas negativas en positivo? ¿Están dispuestos a transformar el odio en amor? ¿Están dispuestos a transformar, a querer transformar la guerra en la paz? Por otro lado, les ha recordado que “son un pueblo de mártires” y que por sus venas “corre sangre de mártires”.

Otro punto en el que el papa Francisco ha insistido es la oración. Ha exhortado a los jóvenes a que abren la puerta de su corazón a Jesús y le dejen entrar. “Y cuando Jesús entra en tu vida, te ayuda a luchar”, ha asegurado.

Finalmente, el Santo Padre ha llamado la atención sobre el papel de la Virgen María. Así, ha observado que “cuando un chico se cae, se lastima, se pone a llorar y va a buscar a la mamá. Cuando nosotros tenemos un problema lo mejor que podemos hacer es ir donde nuestra Madre. Y rezarle a María Nuestra Madre”. Y como es habitual, la última petición del Papa a los presentes fue que recen por él.

 

Texto completo del discurso del Santo Padre a los jóvenes de Uganda

El Papa invita a los jóvenes a superar las dificultades, transformar lo negativo en positivo y a orar 

Publicamos a continuación el discurso completo que el Santo Padre ha improvisado con los jóvenes de Uganda: 

«Escuché con mucho dolor en el corazón el testimonio de Winnie y de Emmanuel. Pero a medida que iba escuchando me hice una pregunta: ¿una experiencia negativa puede servir para algo en la vida? Sí.

Tanto Winnie como Emmanuel han sufrido experiencias negativas. Winnie pensaba que no había futuro para ella. Que la vida para ella era una pared delante. Pero Jesús le fue haciendo entender que en la vida se puede hacer un gran milagro. Transformar una pared en horizonte. Un horizonte que me abra el futuro. Delante de una experiencia negativa –muchos de los que estamos acá hemos tenido experiencias negativas– siempre está la posibilidad de ab
rir un horizonte. De abrirlo con la puerta de Jesús. Hoy Winnie transformó su depresión, su amargura en esperanza.

Y esto no es magia, es obra de Jesús. Porque Jesús es el Señor. Jesús puede todo. Y Jesús sufrió la experiencia más negativa de la historia. Fue insultado, fue rechazado y fue asesinado. Y Jesús, por el poder de Dios, resucitó. Él puede hacer en cada uno de nosotros lo mismo con cada experiencia negativa. Porque Jesús es el Señor.

Yo me imagino, y todos juntos hagamos un acto de imaginarnos, el sufrimiento de Emmanuel. Cuando veía que sus compañeros eran torturados. Cuando veía que sus compañeros eran asesinados. Emmanuel fue valiente. Se animó. Él sabía que si lo encontraban el día que se escapaba, lo mataban. Arriesgó, confió en Jesús y se escapó. Y hoy lo tenemos aquí, después de catorce años, graduado en Ciencias Administrativas.         

Siempre se puede. Nuestra vida es como una semilla, para vivir hay que morir. Y morir a veces físicamente como los compañeros de Emmanuel. Morir como murió Carlo Lwanga y los mártires de Uganda. Pero a través de esa muerte hay una vida. Una vida para todos. Si yo transformo lo negativo en positivo soy un triunfador. Pero eso solamente se puede hacer con la gracia de Jesús.

¿Están seguros de esto? ¡No escuché nada? ¿Están seguros? ¿Están dispuestos a transformar en la vida todas las cosas negativas en positivas? ¿Están dispuestos a transformar el odio en amor? ¿Están dispuestos a transformar, a querer transformar la guerra en la paz?

Ustedes tienen conciencia de que son un pueblo de mártires. Por sus venas corre sangre de mártires. Y por eso tienen la fe y la vida que tienen ahora. Y esta vida es tan linda aquí, donde le llaman la perla del África.

Parece que el micrófono no funciona bien, a veces también nosotros no funcionamos bien, ¿si o no?

Y cuando no funcionamos bien, ¿a quién tenemos que ir a pedirle que nos ayude? No oigo. Más alto. A Jesús, Jesús puede cambiarte la vida. Jesús puede tirar abajo todos los muros que tienen delante. Jesús puede hacer que la vida sea un servicio para los demás.

Algunos de ustedes me pueden preguntar, ¿y para esto hay un varita mágica? Si quieren que Jesús nos cambie la vida, hay que pedirle ayuda. Y esto se llama rezar. ¿Entendieron bien? Rezar. Les pregunto, ¿ustedes rezan? ¿Seguro? Rezarle a Jesús porque Él es el Salvador. Nunca dejen de rezar.

La oración es el arma más fuerte que tiene un joven. Jesús nos quiere. Les pregunto. ¿Jesús quiere a unos sí y a otros no? ¿Jesús quiere a todos? ¿Jesús quiere ayudar a todos? Entonces ábrele la puerta de tu corazón y déjalo entrar. Dejar entrar a Jesús en la vida. Y cuando Jesús entra en tu vida, te ayuda a luchar. A luchar contra todos los problemas que señaló Winnie.

Luchar contra la depresión, luchar contra el Sida, pedir ayuda para superar esas situaciones. Pero siempre luchar. Luchar con mi deseo. Y luchar con mi oración. ¿Están dispuestos a luchar? ¿Están dispuestos a desear lo mejor para ustedes? ¿Están dispuestos a rezar, a pedirle a Jesús que los ayude en la lucha?

Y una tercera cosa que les quiero decir. Todos nosotros estamos en la Iglesia, pertenecemos a la Iglesia. ¿Verdad? Y la Iglesia tiene una Madre. ¿Cómo se llama? ¡No puedo oír! Rezar a la Madre. Cuando un chico se cae, se lastima, se pone a llorar y va a buscar a la mamá. Cuando nosotros tenemos un problema lo mejor que podemos hacer es ir donde nuestra Madre. Y rezarle a María nuestra madre. ¿Están de acuerdo? ¿Y ustedes le rezan a la Virgen Nuestra Madre? Y por aquí pregunto, ¿ustedes rezan a Jesús y a la Virgen Nuestra Madre?

Las tres cosas: superar las dificultades, segundo, transformar lo negativo en positivo y tercero, oración. Oración a Jesús que lo puede todo. Jesús que entre en nuestro corazón. Y nos cambia la vida. Jesús que vino para salvarme y dio su vida por mí. Rezar a Jesús porque Él es el único Señor. Y como en la Iglesia no somos huérfanos y tenemos una Madre, rezar a nuestra Madre. Y cómo se llama nuestra Madre… 

¡Más fuerte! Les agradezco mucho que hayan escuchado. Les agradezco que quieran cambiar lo negativo en positivo. Que quieran luchar contra la malo con Jesús al lado y sobre todo les agradezco que tengan ganas de nunca dejar de rezar.

Y ahora los invito a rezar juntos a nuestra madre, para que nos proteja. ¿Estamos de acuerdo? Todos juntos.

Después de rezar el Ave María y dar la bendición, el Papa ha añadido: Un último pedido: recen por mí, recen por mí, lo necesito. No lo olviden. Adiós.

(Texto transcrito del audio por ZENIT)

 

El Papa se reúne en privado con el presidente de Sudán del Sur

El encuentro no estaba previsto en la agenda

El papa Francisco recibió este viernes por la tarde, en la nunciatura de Kampala, Uganda, al presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir.

El director de la oficina de prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, explicó que la audiencia representa “un gesto especial” que testimonia la atención con la que el Santo Padre sigue los eventos problemáticos de este país, que es el más joven de África.

Logró la independencia en julio de 2011 y entre sus fundadores está el obispo católico, monseñor Cesare Mazzolari, fallecido poco después del nacimiento de Sudán del Sur, explica la nota de Radio Vaticano. En estos cinco años, no ha habido nunca paz en esta nación, a pesar de los ideales que les inspiraron fueron precisamente el de la pacificación entre las distintas etnias y con Sudán.

 

El Papa: ‘Arrodillarse ante el otro
es la forma más directa de ensanchar el corazón’

En el vídeo mensaje al Festival de la Doctrina Social de la Iglesia en Verona, el Santo Padre anima a convertir con alegría los desafíos en oportunidades

Para prevenir el peligro de vivir fuera de la realidad es necesario abrir los ojos y el corazón. Son palabras que ha dirigido el papa Francisco en un vídeo mensaje a la V edición del Festival de la Doctrina Social de la Iglesia, sobre el tema: “El desafío de la realidad”, que se celebra del 26 al 29 en Verona.

De este modo, el Santo Padre advierte que nuestra vida está hecha de muchas cosas, de un río de noticias, de muchos problemas: «todo nos empuja a no ver, a no darnos cuenta de los problemas de las personas que están a nuestro lado».

La indiferencia –prosigue– parece una medicina que nos protege de la implicación, se hace una forma de estar más tranquilos.

Por eso, el Pontífice asegura que “el estar cerca de las personas, derramar el óleo de la consolación, tocar la carne del otro, hacerse cargo de sus problemas, ensancha el corazón, pone en circulación el amor y nos hace estar bien”.

Asimismo recuerda que “arrodillarse” ante el otro “es la forma más directa de ensanchar el corazón, encender el amor, inspirar el pensamiento, inventar respuestas concretas e inéditas a los problemas». El desafío de la realidad –añade– pide también la capacidad de dialogar, de construir puentes en lugar de muros.

Por otro lado, recuerda que el “diálogo se abre al diferente y recompone en un cuadro los muchos segmentos de nuestra sociedad creando las condiciones para un diseño armónico”.

Reconociendo que todos percibimos la necesidad de un cambio porque “hay algo que no va”, el Papa señala que “el consumismo, la idolatría del dinero, las demasiadas desigualdades e injusticias, la homologación al pensamiento dominante, son un peso del que nos queremos liberar co
n la recuperación de nuestra dignidad y implicándose en el compartir, sabiendo que la solución a los problemas concretos no viene del dinero sino de la fraternidad que se hace cargo del otro”.

El verdadero cambio –indica– nace en primer lugar de nosotros mismo y es un fruto del Espíritu Santo. Asimismo, precisa que “hacer un poco de limpieza, aumentar la transparencia, recuperar frescura, autenticidad y agilidad hace bien a las estructuras y a las personas: encontraremos nuevamente el impulso y el entusiasmo de hacer algo bonito al servicio de los hermanos”.

Como último punto de su mensaje, subraya el desafío ecológico, que “pide escuchar el grito de la madre tierra: el respeto de las criaturas y de la creación representa un gran desafío para el futuro del hombre”.

Al respecto, recuerda que “la sobriedad, el consumo responsable, un estilo de vida que acoge la creación como un don y excluye formas depredatorias y de posesión exclusiva, es la forma concreta a través de la cual se crea una nueva sensibilidad”. Por ello, el Papa cree que “si somos muchos los que vivimos así, toda la sociedad lo sentirá positivamente y se escuchará por todos el grito de la tierra y el grito de los pobres”.

Para concluir, el Santo Padre les anima a ir adelante con valentía y les recuerda que “los desafíos son muchos, y nuestra tarea es la alegría de transformarlos en oportunidad”.

 

El Papa a la vida consagrada en Uganda: ‘Fidelidad significa seguir el camino de la santidad’

En el encuentro en la Catedral de Kampala, el Santo Padre pide a los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas ‘memoria, fidelidad y oración’ 

 

El papa Francisco ha concluido su segunda jornada en Uganda en la catedral de Kampala, en un encuentro con los sacerdotes, religiosas, religiosos, y seminaristas. Este país cuenta con 1562 sacerdotes y misioneros. Mientras que la Asociación de Religiosos en Uganda se compone de ochenta y nueve Institutos de consagrados de hombres y mujeres, con un total de unos 7 mil miembros.

Tras unas palabras de bienvenida del obispo encargado de la vida religiosa, monseñor John Baptist Kaggwa, y los testimonios de un sacerdote y de una religiosa, el Santo Padre se ha dirigido a los presentes. Ha dejado el discurso que tenía preparado y ha improvisado uno nuevo.

Francisco ha comenzado invitando a los presentes a pedir “la gracia de la memoria”. Recordando que la sangre de los católicos ugandeses está mezclada con la sangre de los mártires, el Papa les ha pedido que “no pierdan la memoria de esta semilla para que así siga creciendo”.

A propósito, ha advertido que “el enemigo más peligroso de la memoria es acostumbrarse a heredar los bienes de los mayores”. La Iglesia en Uganda –ha observado– no puede acostumbrarse nunca al recuerdo lejano de sus mártires. “Mártir significa testigo. La Iglesia en Uganda para ser fiel a esa memoria tiene que seguir siendo testigo”, ha añadido. Asimismo ha precisado que “las glorias pasadas fueron el principio, pero ustedes tienen que hacer la gloria futura”.

La segunda palabra sobre la que ha reflexionado es la fidelidad. “Fidelidad a la memoria, fidelidad a la propia vocación. Fidelidad al celo apostólico”. Fidelidad –ha explicado– significa seguir el camino de la santidad. Al respecto ha indicado que fidelidad también “significa ofrecerse al obispo para ir a otra diócesis que necesita misioneros”. Asimismo ha recordado que “fidelidad significa perseverancia en la vocación”.

El Papa ha recordado que Uganda está regada con sangre de mártires, de testigos. “Hoy es necesario seguir regándola y para eso, nuevos desafíos, nuevos testimonios, nuevas misiones», ha precisado. Si no «van a perder la gran riqueza que tienen”. Y la perla de África –ha dicho el Papa– terminará guardada en un museo.

Finalmente, el Santo Padre ha destacado que “memoria significa fidelidad y fidelidad que solamente es posible con la oración”. Por eso, ha advertido que si un religioso, una religiosa, un sacerdote, deja de rezar o reza poco porque dice que tiene mucho trabajo, ya empezó a perder la memoria. Y ya empezó a perder la fidelidad.

La oración –ha añadido– que significa también humillación. «La humillación de ir con regularidad al confesor a decir los propios pecados”. Al respecto, el Santo Padre ha asegurado que no se puede renquear de las dos piernas y ha precisado que “los religiosos, las religiosas y los sacerdotes no podemos llevar doble vida. Si eres pecador pide perdón. Pero no mantengas escondido lo que Dios no quiere. No mantengas escondida la falta de fidelidad”. 

Con esas tres columnas, ha afirmado el Pontífice, la perla del África seguirá siendo perla y no solo una palabra de misionario.

 

Beato Bernardo Francisco Hoyos – 29 de noviembre

«Joven jesuita español. Su breve existencia se caracterizó por una intensa vida mística. Fue agraciado con numerosos favores sobrenaturales. Es el impulsor del culto al Sagrado Corazón de Jesús que extendió en España y América»

Este místico nació el 20 de agosto de 1711 en Torrelobatón, Valladolid. Y en esta región española situada en el corazón de Castilla discurrió su breve existencia. Cuando el jesuita Juan de Loyola publicó su biografía en 1735, emergió con luz propia la intensísima experiencia de amor al Sagrado Corazón de Jesús que había jalonado su vida. No obstante, en esa fecha ya era sobradamente conocido por haber extendido esta devoción en España y en América, secundando en esta acción a la que venían realizando en Francia los santos Margarita María de Alacoque, y su director espiritual, Claudio de la Colombière.

Tuvo la fortuna de contar con unos padres piadosos que le legaron el preciado patrimonio de su fe, le pusieron bajo el amparo de san Francisco Javier y le alentaron en su vocación religiosa. Desde los 9 años y hasta su temprana muerte siempre estuvo con los jesuitas. Con ellos estudió en varias localidades vallisoletanas y se integró en la Compañía a los 14 años, época en la que ya experimentaba favores celestiales. Éste fue uno de los rasgos preponderantes de su existencia, agraciada con una profunda y singular vida interior que recuerda a la de los grandes místicos como Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Una de esas personas cuyo acontecer no parece encerrar grandes misterios, sencilla, inocente, devota de la Virgen María, diligente en la obediencia, dócil a las indicaciones recibidas, con los brazos tendidos siempre a Dios en espíritu de ofrenda, guiado por el santo temor que le precavía de cualquier falta que pudiera ofenderle. Un apóstol que se afligía por las almas que vivían alejadas del amor divino y por las que estaba dispuesto a entregarse: «Se me parte el corazón de dolor, cuando considero hay quien ofenda a mi Dios; y diera mil vidas para sacar una alma de pecado».

El maligno intentó por distintas vías socavar su bondad, y al joven no le faltaron sus zarpazos externos e internos. Atentados contra su vida espiritual a mansalva y agresiones físicas. Quería sembrar en su ánimo la duda haciéndole creer en su impiedad: «¿Dónde va el deshonesto, el soberbio, el blasfemo? Apártese, que, si llega, será luego confundido en el profundo del infierno». Confiaba a su director espiritual el inmenso sufrimiento en el que vivía: «Esta carta va regada con lágrimas que brotan de mis ojos; y me parece que soy la criatura más infeliz que de mujeres ha nacido». Pero era un elegido de Dios y, con su gracia, lo superó todo. Tenía muy presente esta máxima de Santa Teresa: «Sólo se puede seguir o que Dios sea alabado o yo despreciado: de todo me consuelo».

En su biografía hallamos c
laramente expresado el instante concreto que marcó lo que iba a ser su misión en honor del Sagrado Corazón de Jesús. No cabe tomar como coincidencia sino como algo providencial lo que le sucedió a los 21 años mientras cursaba teología en Valladolid. Y así lo reconoció él mismo más tarde. Un amigo sacerdote y profesor, algo mayor que él, le pidió el favor de que tomase de la biblioteca el texto «De cultu Sacratissimi Cordis Iesu», escrito por el padre José de Gallifet, y copiase algunos fragmentos que precisaba para preparar un sermón que tenía encomendado. La lectura de esta obra dedicada a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, y de la que Bernardo no tenía noción alguna, le produjo una conmoción interior inenarrable. En ese mismo momento hizo ofrenda de su vida ante el Sagrario prometiendo que se dedicaría por entero a extender este culto. Al día siguiente a través de una locución divina supo que era elegido para esta misión: «Yo, envuelto en confusión renové la oferta del día antes, aunque quedé algo turbado, viendo la improporción del instrumento y no ver medio para ello». Esa misma jornada durante la oración vivió otro hecho singular. Se le mostró el Sagrado Corazón «todo abrasado en amor, y condolido de lo poco que se le ama. Repitióme la elección que había hecho de este su indigno siervo para adelantar su culto, y sosegó aquel generillo de turbación que dije, dándome a entender que yo dejase obrar a su providencia, que ella me guiaría…». En otra visión el arcángel san Miguel le aseguró su asistencia para llevar a cabo esta misión.

Hacia los 19 años su ascenso espiritual había sido coronado con el «desposorio místico». Los favores sobrenaturales se sucedían unidos a la experiencia de la purificación. En ella se incluía la aludida insidia del maligno, y sus mezquinos intentos de engañarle mediante falsas locuciones y apariciones. Entre tanto, promovía una intensa cruzada a favor del Sagrado Corazón de Jesús en la que implicó a religiosos, comenzando por su propia comunidad. Dirigió cartas a prelados y miembros de la realeza, imprimió estampas, y logró que el pontífice señalara esta fiesta para España. En una de las locuciones Cristo le había asegurado que reinaría en «España, y con más veneración que en otras muchas partes». Hay que decir que el arzobispo de Burgos le apoyó en esta misión desde un primer momento, y ello propició el florecimiento de congregaciones del Corazón de Jesús y la realización de numerosas novenas que acrecentaban la veneración de las gentes.

A través de los jesuitas que se hallaban en América también allí llegaron los ecos de esta cruzada emprendida por Bernardo y de la que únicamente pudo apartarle su muerte. Ésta se produjo en Valladolid el 29 de noviembre de 1735 como consecuencia del tifus. Tenía 24 años y había sido ordenado sacerdote en enero de ese mismo año. Fue beatificado en Valladolid el 18 de abril de 2010.

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ZENIT Staff

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