El camión del atentado en Niza (Youreporter.it)

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El Papa a los familiares de las víctimas del terrorismo en Niza: respondan al odio con el amor de Dios

El Santo Padre les recibió en el Vaticano y les señaló, que se responde con la obra de Dios que es el perdón y el respeto

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(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El papa Francisco recibió este sábado a los familiares o amigos de las víctimas del atentado terrorista del mes de julio pasado en Niza. A todos ellos les prometió sus oraciones. Les adviritó entretanto que si bien la tentación de encerrarse en sí mismo, o de responder al odio con el odio y la violencia con la violencia es grande, se necesita una auténtica conversión del corazón. Y que este es el mensaje que el Evangelio de Jesús nos da. Y que no podemos responder a los asaltos del demonio a no ser a través de las obras de Dios que son el perdón, el amor y el respeto a los demás, incluso si son diferentes.
 
«Queridos hermanos y hermanas:
Es una gran emoción para mi recibirles a ustedes que sufren en el cuerpo o en el alma, porque en una noche de fiesta la violencia les golpeó ciegamente a ustedes o a uno de sus familiares, independientemente de su origen o religión.
Quiero compartir este dolor, un dolor que se vuelve aún más fuerte cuando pienso en los niños, a veces familias enteras cuyas vidas han sido desgarradas de repente y de manera tan dramática.
Les aseguro a todos ustedes mi compasión y la cercanía de mi oración. Queridas familias, invoco a Nuestro Padre en el cielo, el Padre de todos, para que reciba a vuestros queridos difuntos cerca de Él, de manera que encuentren en seguida el reposo y el gozo de la vida eterna.
Para nosotros los cristianos, el fundamento de nuestra esperanza es Cristo muerto y resucitado. El apóstol Pablo nos dice: «Si pasamos a través de la muerte con Cristo, creemos que también viviremos con él. Nosotros lo sabemos, de hecho ha resucitado entre los muertos, Cristo no muere más; sobre Él la muerte ya no tiene ningún poder «(Romanos 6.8 a 9).
Que la certeza de la vida eterna, que es también la de los creyentes de otras religiones, sea un consuelo para toda vuestra vida y un pujante motivo de perseverancia para continuar con coraje el camino aquí en este mundo.
También rezo al Dios de la misericordia por todas las personas heridas, algunos horriblemente mutilados en su carne y en su alma, y no me olvido de todos aquellos que no pudieron venir o que aún están hospitalizados.
La Iglesia les está cerca y les acompaña con su inmensa compasión. Y con su presencia a vuestro lado en estos momentos tan pesados de llevar, le pide a Dios que les ayude y ponga en vuestro su corazón, sentimientos de paz y hermandad.
La tragedia experimentada por la ciudad de Niza ha suscitado por todas partes hermosas iniciativas de solidaridad y apoyo. Doy las gracias a todos aquellos que, en ese momento han llevado ayuda a las víctimas, o aún hoy y durante mucho tiempo probablemente se dedicarán a apoyar y ayudar a las familias.
Veo a la comunidad católica y a su obispo, monseñor André Marceau, pero también a los servicios de asistencia y a las asociaciones, en particular la asociación los Alpes Marítimos Fraternidad, aquí presente, que reúne a representantes de todas las confesiones religiosas,  esto es un hermoso signo de esperanza.
Y estoy encantado de ver que las relaciones interreligiosas en vuestra casa están vivas, lo que sólo puede ayudar a curar las heridas de estos eventos dramáticos.
De hecho, el establecimiento de un diálogo sincero y las relaciones de hermandad entre todas las personas, especialmente entre aquellos que confiesan al Dios único y misericordioso, es una prioridad urgente que las autoridades, tanto políticas como religiosas, deben tratar de promover y que todo el mundo está llamado a utilizar a su alrededor.
Si bien la tentación de encerrarse en sí mismo, o de responder al odio con el odio y a la violencia con la violencia es grande, se necesita una auténtica conversión del corazón.
Este es el mensaje que el Evangelio de Jesús nos da a todos nosotros. No podemos responder a los asaltos del demonio sino a través de las obras de Dios que son el perdón, el amor y el respeto a los demás, incluso si es diferente.
Queridos hermanos y hermanas, les prometo una vez más mis oraciones con todo el afecto del Sucesor de Pedro. También rezo por vuestro querido país y sus responsables, para que se construya sin descanso una sociedad justa, pacífica y fraterna. Y como signo de mi cercanía, invoco sobre cada uno de ustedes la ayuda de la Virgen María y la abundancia de las bendiciones divinas».

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ZENIT Staff

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