Raniero Cantalamessa in the predication of the Day to pray for the care of creation

CTV

Francisco participa en la tercera predicación de Adviento del padre Cantalamessa

El predicador capuchino centra sus palabras en la acción y bautismo del Espíritu Santo

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(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El religioso capuchino Raniero Cantalamessa, realizó este viernes por la mañana en la capilla Rendemptoris Mater en el palacio apostólico Vaticano, la tercera predicación de Adviento 2016, en la cual participaron el santo padre Francisco, cardenales y otros miembros de la Curia Romana.
El predicador de la Casa Pontificia centró sus palabras en la obra vivificante del Espíritu Santo y en la ‘sobria ebriedad del Espíritu’, en este ciclo de meditaciones dedicadas a la presencia del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia.
Recordó la expresión ‘ebriedad del Espíritu’ usada ya por san Ambrosio, cita a Pablo que exhorta a los cristianos de Éfeso y señala los que partir de Orígenes son incontables los textos de los Padres que ilustran este tema.
Aquellos que en Pentecostés confundieron a los apóstoles con ebrios tenían razón, escribe san Cirilo de Jerusalén; se equivocaban solamente en atribuir la ebriedad al vino ordinario, cuando en cambio se trataba del “vino nuevo”, elaborado de la “viña verdadera” que es Cristo”.
El padre Cantalamessa señaló que existen dos modos diversos de actuar para el cristiano, un modo en el cual el protagonista es el hombre con su racionalidad, también si iluminada por la fe, y otro en el cual el “agente principal” es el Espíritu Santo.
En el pasado, precisó, se indicaba una primera vía para obtener la ebriedad espiritual o el fervor, con la abstinencia de las cosas de la carne, el ayunar del mundo y de sí mismo, en una palabra, la mortificación.
Hay una gran sabiduría y experiencia en la base de todo esto”, dijo el predicador capuchino y advirtió que “pobre de aquel que considere estas cosas como superadas”. Aunque una vida cristiana llena de esfuerzos acéticos y de mortificación, pero sin el toque vivificante del Espíritu no funciona y puede caer en pelagianismo.
Esta segunda vía -que va de la ebriedad a la sobriedad- fue la que Jesús le hizo seguir a sus apóstoles, dijo el padre Cantalamessa, y subrayó que “nosotros tenemos necesidad de la sobria ebriedad del Espíritu, más aún de lo que tuvieron los Padres” particularmente “en un mundo se ha vuelto refractario al Evangelio”.
Indicó así que hay dos “lugares” clásicos en donde encontrar el Espíritu -la Eucaristía y las Escrituras-, y hay una tercera posibilidad que se realiza a través de aquella penetrante lluvia del Espíritu Santo. Fue así que en los Hechos de los Apóstoles, aquellos que hablaban en lenguas distintas aparecían a los oyentes como si estuvieran llenos de vino.
Quiso aquí señalar que en el corazón de la Iglesia existe una realidad que involucra a millones de católicos, que es la Renovación en el Espíritu y que cambia la vida de las personas con el “bautismo en el Espíritu”, que no es un rito y que va acompañado por actitudes de humildad, de arrepentimiento, de disponibilidad de volverse niños, que es la condición para entrar en el Reino.
Para esta renovación el interesado se preparara, “además que con una buena confesión, participando en encuentros de catequesis en los cuales viene puesto en un contacto vivo y alegre con las principales verdades y realidades de la fe: el amor de Dios, el pecado, la salvación, la vida nueva, la transformación en Cristo, los carismas, los frutos del Espíritu”.
Precisó que no se puede pensar en que todos pasen por esta experiencia porque no es el único modo posible para sentir la gracia de Pentecostés, pues se puede recibir “a continuación de un retiro, de un encuentro, de una lectura, de un toque de la gracia”.
Concluyó indicando que “no se trata ni siquiera, propiamente hablando de un movimiento, sino de una “corriente de gracia” abierta a todos, destinada a perderse en la Iglesia como una descarga eléctrica que se dispersa en la masa, «para después desaparecer una vez que se cumplió esta tarea”.

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ZENIT Staff

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