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Monseñor Felipe Arizmendi: “Misas online” por la pandemia de COVID-19

En forma plena, activa, consciente y respetuosa

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Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano, exhorta este miércoles, 26 de agosto de 2020, a participar, siempre que sea posible, en forma presencial en la Misa, sobre todo en domingo. Pero si no es posible, explica, disfruta tu participación virtual, pero que sea a tiempo completo, en forma plena, activa, consciente y respetuosa”.

VER

Con motivo de la pandemia por la COVID-19, se multiplicaron las misas transmitidas por diversos medios electrónicos. Miles y millones de fieles se han alimentado en ellas. Varios me han preguntado si esas misas valen. Desde hace años se transmiten, sobre todo para enfermos y ancianos, y nadie duda que les valgan, aún para cumplir el precepto dominical de participar en Misa. Para ellos, si las siguen con fe, les valen y les ayudan mucho, les alientan en la esperanza, les fortalecen en sus sufrimientos y son un gran alimento. La duda es para quienes no son ancianos ni enfermos, que valoran mucho la transmisión de estas celebraciones y no quieren que se terminen, ahora que se empiezan a abrir los templos.

Los obispos de todo el mundo eximieron a los fieles del precepto dominical, mientras durara la pandemia. Por tanto, nadie tenía obligación de participar en la Misa en forma presencial. Como alternativa válida, casi todas las diócesis y parroquias se han servido de los medios digitales para transmitirlas. Por tanto, durante lo más grave de la pandemia, participar en forma virtual de estas misas, vale, aún en el sentido jurídico, y alimenta mucho la fe. Pero ahora, con el paso a la nueva normalidad litúrgica, cuando ya es posible participar presencialmente en la Misa, aunque todavía con ciertas restricciones en cuanto al número de fieles, según la capacidad de cada templo, ¿vale una Misa on line? ¿Valen estas misas en domingo? ¿Se cumple el precepto dominical?

Para enfermos y ancianos, que ya no pueden ir al templo, les valen plenamente. Para personas mayores y vulnerables en su salud, expuestas a contagios, mientras dure la pandemia, les valen ciertamente y no han de angustiarse. Aún más, se les recomienda no ir a la celebración comunitaria. Para personas sanas, ciertamente les ayudan, si participan con fe, dedicándole todo el tiempo, pero no cumplen el precepto dominical, porque tienen la posibilidad de participar presencialmente. Esto no es por una simple norma canónica, sino por el sentido profundo de la celebración eucarística.

PENSAR

Jesús instituyó la Eucaristía y participaron en ella los que estaban físicamente presentes. Es obvio que, en aquellos tiempos, no había los medios electrónicos de ahora. Pero su forma de actuar es la que norma nuestros criterios y comportamientos. El habla explícitamente de comer su Cuerpo y beber su Sangre, no en forma virtual, sino presencial. Por tanto, esta es la forma normal de vivir este Sacramento.

Cuando se describe, en Hechos de los Apóstoles 2,42 y en la Carta a los Corintios 11,17-34, la práctica de las primeras comunidades cristianas, la participación es física, porque, como dice el Concilio Vaticano II, “fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente” (LG 9).

Por ello, el mismo Concilio insiste en la necesidad de una “plena y activa participación de todo el pueblo, porque es la fuente primaria y necesaria en la que han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano” (SC 14). Esta participación ha de ser “activa, interna y externa” (SC 19), “plena, activa y comunitaria” (SC 21). Por ello, “siempre que los ritos, cada cual según su naturaleza propia, admitan una celebración comunitaria, con asistencia y participación activa de los fieles, incúlquese que hay que preferirla, en cuanto sea posible, a una celebración individual y casi privada. Esto vale sobre todo para la celebración de la Misa, quedando siempre a salvo la naturaleza pública y social de toda Misa” (SC 27).

Por tanto, tan pronto vaya siendo posible participar físicamente en la Misa, sobre todo en domingo, hay que dejar la pereza y la comodidad del hogar, para ir al templo y participar en forma plena en la celebración, formando una comunidad ya no sólo virtual, sino presencial. Eso es ser Iglesia; eso es ser Cuerpo de Cristo, asamblea santa, pueblo de Dios.

Sin embargo, no menospreciemos la participación virtual en las Misas, sobre todo entre semana. Muchas personas, si no es por este medio, no tendrían oportunidad de alimentarse de la Eucaristía, por sus ocupaciones normales. La comodidad de los fieles es también un criterio pastoral y canónico. Por ejemplo, cuando es complicado para los creyentes acudir al templo parroquial para un bautismo, la comodidad de los fieles puede ser razón para que el bautismo de sus hijos se haga en otra comunidad de la parroquia. Todavía hay párrocos que sólo permiten los bautismos en el templo parroquial, y no toman en cuenta lo prescrito en el Código de Derecho Canónico: “Fuera del caso de necesidad, el lugar propio para el bautismo es una iglesia u oratorio. Como norma general, el adulto debe bautizarse en la iglesia parroquial propia, y el niño en la iglesia parroquial de sus padres, a no ser que una causa justa aconseje otra cosa” (CIC 857). Sin embargo, el obispo diocesano, “habiendo oído al párroco del lugar, puede permitir o mandar que, para comodidad de los fieles, haya también pila bautismal en otra iglesia u oratorio dentro de los límites de la parroquia” (CIC 858,2). Se pueden hacer los bautismos también en colonias urbanas o poblaciones rurales, por ejemplo en sus fiestas patronales, y hasta tener allí pila bautismal. Obsérvese la razón: por la comodidad de los fieles. También la comodidad cuenta. No la pereza y la desidia; sino la razonable comodidad de los fieles: ad fidelium commoditatem, dice el original latino. Esto vale también para las Misas. Participar, desde la comodidad del hogar, entre semana, en una Misa en forma virtual, es válido y aconsejable, si hacerlo en forma física es complicado. Eso entre semana; en domingo, hay que hacer todo lo posible por participar en forma presencial, junto con la comunidad local. Sin embargo, aun en domingo, si alguien no puede participar en forma presencial en la Misa, sígala por algún medio electrónico, incluso en forma diferida. Si lo hace con fe, le sirve, pues a Dios no lo limita el tiempo; lo que él ve es el corazón.

ACTUAR

Siempre que te sea posible, participa en forma presencial en las Misas, sobre todo en domingo. Pero si no te es posible, disfruta tu participación virtual, pero que sea a tiempo completo, en forma plena, activa, consciente y respetuosa. “Dios es espíritu, y por eso sus adoradores deberán adorarlo en espíritu y en verdad” (Jn 4,24).

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Felipe Arizmendi Esquivel

Nació en Chiltepec el 1 de mayo de 1940. Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Toluca, de 1952 a 1959. Cursó la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, de 1959 a 1963, obteniendo la licenciatura en Teología Dogmática. Por su cuenta, se especializó en Liturgia. Fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1963 en Toluca. Sirvió como Vicario Parroquial en tres parroquias por tres años y medio y fue párroco de una comunidad indígena otomí, de 1967 a 1970. Fue Director Espiritual del Seminario de Toluca por diez años, y Rector del mismo de 1981 a 1991. El 7 de marzo de 1991, fue ordenado obispo de la diócesis de Tapachula, donde estuvo hasta el 30 de abril del año 2000. El 1 de mayo del 2000, inició su ministerio episcopal como XLVI obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una de las diócesis más antiguas de México, erigida en 1539; allí sirvió por casi 18 años. Ha ocupado diversos cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano y en el CELAM. El 3 de noviembre de 2017, el Papa Francisco le aceptó, por edad, su renuncia al servicio episcopal en esta diócesis, que entregó a su sucesor el 3 de enero de 2018. Desde entonces, reside en la ciudad de Toluca. Desde 1979, escribe artículos de actualidad en varios medios religiosos y civiles. Es autor de varias publicaciones.

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