Pbro. Pedro Arrupe. Foto: Jesuitas

Jesuitas interpelan al Papa: por qué no se canoniza a Pedro Arrupe, sobre elección de obispos jesuitas y por qué aceptó ser Papa

Respuestas del Papa a preguntas de jesuitas en su reciente viaje a Congo y Sudán del Sur.

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(ZENIT Noticias / Roma, 16.02.2023).- Durante la pasada visita a Congo y Sudán del Sur, el Papa mantuvo un encuentro con los jesuitas del primer país. Uno de ellos le interpeló con esta pregunta: «Como jesuita profeso, usted hizo voto de no buscar cargos de autoridad en la Iglesia. ¿Qué le impulsó a aceptar el episcopado, el cardenalato y el papado?».

Hasta el momento no se conocía que el Papa había realizado un voto de este tipo, o al menos no se había destacado. A la pregunta del jesuita congolés Francisco contestó:

Cuando hice ese voto lo hice en serio. Cuando me propusieron ser obispo auxiliar de San Miguel, no acepté. Luego me propusieron ser obispo de una zona del norte de Argentina, en la provincia de Corrientes. El Nuncio, para animarme a aceptar, me dijo que allí había ruinas del pasado jesuítico. Le respondí que no quería ser guardián de las ruinas, y me negué. Rechacé estas dos peticiones a causa del voto que había hecho. La tercera vez vino el Nuncio, pero ya con la autorización firmada por el Superior General, P. Kolvenbach, que había acordado que yo aceptara. Estaba como auxiliar en Buenos Aires. Así que acepté con espíritu de obediencia. Luego fui nombrado arzobispo coadjutor de mi ciudad, y en 2001 cardenal. En el último cónclave vine con una pequeña maleta para volver inmediatamente a la diócesis, pero tuve que quedarme. Creo en la singularidad jesuita sobre este voto, e hice todo lo posible para no aceptar el episcopado.

Más adelante otro jesuita interviene y dice que el Papa quiere obispos jesuitas y a continuación le pregunta qué espera de esos obispos jesuitas. El Papa contesta que «La elección de un jesuita como obispo depende únicamente de la necesidad de la Iglesia. Creo en nuestro voto de evitar que los jesuitas sean obispos, pero si sirve al bien de la Iglesia, entonces prevalece este último bien. Le digo la verdad: cuando el General o los provinciales saben que se está pensando en hacer obispo a un jesuita intervienen y saben “defender” a la Compañía. Pero si luego se decide que es necesario, se hace. Otras veces -y pienso en un caso concreto- si el primero del trío es jesuita, pero luego hay un segundo que puede encajar de todas formas, entonces se elige al segundo del trío. Creo en las votaciones, pero prevalecen las necesidades de la Iglesia».

Finalmente, y siguiendo en la línea de respuestas en contexto jesuita, un religioso jesuita en Sudán del Sur, en otro lugar y momento, le preguntó cómo va el proceso de canonización del Padre Pedro Arrupe, ex general de los jesuitas. Y contesta el Papa: «Su causa avanza, porque ya se ha cumplido una de las etapas. Hablé de ello con el Padre General. El mayor problema se refiere a los escritos del Padre Arrupe. Ha escrito mucho y hay que leerlo todo. Y esto ralentiza el proceso. Y vuelvo a la oración. Arrupe era un hombre de oración, un hombre que luchaba con Dios cada día, y de ahí viene su fuerte llamada a la promoción de la justicia. Lo vemos en su “testamento”, el discurso que pronunció en Tailandia antes de su apoplejía, cuando reiteró la importancia de la misión con los refugiados».

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Valentina di Giorgio

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