Carla Morrison en el video musical Todo Fue Por Amor

Con banda sonora de Carla Morrison, llega a Apple TV y otras plataformas película de la «Madre Teresa» hondureña

El docufilm incursiona en la vida difícil de dos niñas a quienes protege la religiosa en dificultades y cómo ingresan en un hogar familiar de la hermana María Rosa.

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(ZENIT Noticias / Ciudad de México, 04.09.2023).- La Embajada de Honduras ante la Santa Sede y la edición española de L’Osservatore Romano organizaron en Roma, el pasado abril, una proyección privada del documental «Con esta luz». Se trata de un filme que narra la vida y las labores de la hermana María Rosa Leggol.

La religiosa nació el 21 de noviembre de 1926 en Puerto Cortés, Honduras. Su padre, un hombre franco-canadiense, abandonó la familia meses después de nacida y su madre la colocó en un orfanato, donde creció. A los seis años conoció a dos religiosas de las Hermanas de San Francisco y a los nueve vio a dos de ella en la Escuela de San Francisco, venidas desde Alemania, para servir en Honduras. Repetidamente intentó el ingreso a la congregación, lo cual logró en 1949.

Inició el trabajo de enfermera en la Policlínica de Comayagüela (Honduras) durante el turno de noche. «Son 82 años que estoy pensando en la obra, yo tenía en la escuela a dos amigas, que también eran huérfanas, pero ellas si sufrían, las maltrataban. Yo decía: Dios mío, algún día voy a hacer una casita para llevarme a estas niñas”», declaró en una entrevista en 2016 a Predongogu.

El documental, en español y con subtítulos en inglés, presenta su vida. Se proyectó en Nueva York, Los Ángeles y Chicago el 11 de agosto y está disponible en Apple TV+, Vudu, Google Play, YouTube TVOD y iTunes, desde el 15 de agosto. La canción principal de la película es la famosa cantante Carla Morrison (quien fue invitada a un evento con el Papa en el Vaticano el pasado mes de junio de 2023).

Su vestido, velo, medias y zapatillas color café enmarcaban el rostro sonriente de la religiosa. Con el crucifijo en el pecho y los lentes, atendió a 87,000 niños pobres de Honduras, construyéndoles un futuro con una visión sencilla: «Ahora comenzaremos a vivir una nueva vida. Una vida llena de luz».

El documental inicia con la hermana María Rosa invitando a unos niños para escribir su historia pasada en un pedazo de papel y arrojarlo después al fuego: “Hay que olvidar la vieja vida».

El formato de la producción es docufilm y discurre con las actividades de hermana María Rosa y algunos jóvenes que cuidó. Su labor se especializó en la atención a huérfanos e hijos de padres encarcelados. Fundó el primer orfanato en 1964 y registró la institución con el título de Sociedad Amigos de los Niños (SAN) en 1966.

«El propósito de mi vida es dar alivio a los demás», comenta la protagonista en una escena. «En Honduras, más del 67 por ciento de la población vive en la pobreza y más de 260,000 niños han quedado huérfanos por la violencia».

El guion de la producción recuerda su infancia en el orfanato y cómo se trataba ahí a los huérfanos, experiencia que la impulsó a construir casas como refugios para niños que carecían de hogar. Edificó inicialmente 10 casas familiares.

En una escena, la hermana María Rosa canta «Me enamoré del hijo de María y le di mi amor para siempre» con el crucifijo en la mano. Subrayaba que Jesucristo era el salvador de todos, besando el crucifijo. Aquel amor por el Hijo de Dios lo plasmó en hechos, como el amor que Jesús tiene por los niños.

“Mujer con un corazón muy grande, hizo lo que ningún Presidente de este país ha hecho: criar a más de 50 mil niños (…). Ayudó a familias, a discapacitados, a niños enfermos mentales, a nadie le dijo que no”, expresó la Directora del Hogar Pedro Atala, Sonia Erazo a ACI prensa.

Después, la hermana María Rosa abrió una escuela para niñas, un alojamiento para estudiantes universitarios y decenas de clínicas médicas en zonas montañosas en Honduras, además de 500 hogares de acogida.

El docufilm incursiona en la vida difícil de dos niñas a quienes protege la religiosa en dificultades y cómo ingresan en un hogar familiar de la hermana María Rosa, conduciéndolas a su desarrollo integral como mujeres y como personas.

Repetidamente expresa la mentalidad de su trabajo: «La voluntad de Dios me empuja. No tengo miedo de nada, ni siquiera de las balas. Esas matan tu cuerpo, no tu alma».

Los Contras, ejército contrarrevolucionario financiado por la CIA, la buscaron para eliminarla por su labor asistencial, pero no la encontraron, aunque dispararon a su ayudante, un sacerdote canadiense. «Es un mártir que nadie reconoce, pero yo sí», declaró ella. «Le pedí a Dios la fuerza, la fe y la confianza para superar todo esto y seguir viviendo».

La hermana María Rosa falleció de COVID-19 el 16 de octubre de 2020 a los 93 años de edad. Calificó su labor diciendo que Dios se lo pidió. Sobre el apoyo a tantas personas que atendió, dijo: «No me deben nada. Lo que tienen que hacer es extender esa misericordia con el que se topen, adonde vayan».

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Redacción zenit

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