Todos los documentos procesales, en duplicado, sellados en contenedores sellados, fueron entregados a Paolo Vilotta Foto: Diocesi di Rom

Avanza el proceso de canonización de Alcide De Gasperi, uno de los padres fundadores de la Unión Europea

Su fe inquebrantable fue para él una guía constante e inspiró todas sus decisiones y acciones políticas. No se limitó a profesarlo en privado, sino que lo tradujo en un compromiso concreto en la construcción de una sociedad justa y solidaria.

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(ZENIT Noticias / Roma, 02.03.2025).- A las 12:00 horas del viernes 28 de febrero de 2025, en el Palacio Apostólico Lateranense, se celebró la sesión de clausura de la investigación diocesana sobre la vida, las virtudes heroicas, la fama de santidad y los signos del Siervo de Dios Alcide De Gasperi, laico y padre de familia. El rito será presidido por el cardenal vicario Baldassare Reina.

La investigación diocesana fue iniciada por el Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Trento. El Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, después de haber obtenido el consentimiento tanto del Arzobispo de Trento como del Cardenal Vicario del Santo Padre para la diócesis de Roma, transmitió el rescripto, concediendo la transferencia de la jurisdicción del foro a la diócesis de Roma.

El Tribunal que ha llevado a cabo la investigación diocesana en Roma está compuesto por Monseñor Giuseppe D’Alonzo, delegado episcopal; por Don Andrea De Matteis, promotor de justicia; y por Marcello Terramani, notario actuario. El postulador de la causa de beatificación y canonización es el Doctir Paolo Vilotta.

Todos los documentos procesales, en duplicado, sellados en contenedores sellados, fueron entregados a Paolo Vilotta, designado como portero, con la tarea de transmitirlos al Dicasterio para las Causas de los Santos.

Ofrecemos a continuación la traducción al castellano del discurso pronunciado por el cardenal vicario del Papa para la diócesis de Roma:

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Palabras del cardenal vicario del Papa para la diócesis de Roma

La historia de la Iglesia está llena de personajes que han dejado tras de sí una estela luminosa. Entre ellos destaca la figura del Siervo de Dios Alcide De Gasperi. Es una de las figuras más significativas de la historia italiana del siglo XX, un hombre que, con su visión política y su capacidad de gobierno, supo conducir a Italia a través de una de sus fases más difíciles. Su legado político no termina con la reconstrucción de la posguerra, sino que se extiende a la consolidación de las instituciones democráticas y la construcción de una Europa unida. Su capacidad de mediación, su pragmatismo y su fuerte sentido de Estado lo convierten todavía hoy en un modelo de referencia para la política italiana y europea.

Nacido el 3 de abril de 1881 en Pieve Tesino, en una región del Trentino todavía bajo dominio austrohúngaro, Alcide De Gasperi creció en un contexto cultural bilingüe, que influyó en su formación y en su apertura internacional. Tras licenciarse en Filología Moderna en la Universidad de Viena, el joven De Gasperi se dedicó al periodismo y a la política, colaborando con el diario “Il Trentino” y trabajando en defensa de los intereses de la comunidad italiana dentro del Imperio austrohúngaro.

En 1911 fue elegido miembro del Parlamento de Viena, donde se distinguió por sus luchas a favor de la autonomía administrativa y cultural del Trentino. Con el fin de la Primera Guerra Mundial y la anexión de su tierra a Italia, De Gasperi se vio obligado a redefinir su papel político en un nuevo contexto nacional, con el Partido Popular Italiano, y luchó por el reconocimiento de la participación política de los católicos y por una visión del Estado basada en el pluralismo y la justicia social.

Con la llegada del fascismo, el Partido Popular se disolvió y De Gasperi fue perseguido por el régimen. Detenido en 1927 y condenado a cuatro años de prisión, fue luego indultado, pero vivió durante años en condiciones económicas precarias, encontrando refugio en la Biblioteca Apostólica Vaticana. Durante este período perfeccionó sus reflexiones políticas y sociales, sentando las bases para el renacimiento del catolicismo político en la posguerra.

Tras la caída del fascismo, se convirtió en uno de los principales protagonistas de la fundación de la Democracia Cristiana, el partido que dirigiría Italia durante décadas. En 1945 fue nombrado Primer Ministro y dirigió el país durante los años cruciales de la reconstrucción y el inicio del proceso democrático. Durante su gobierno, Italia se adhirió al Plan Marshall; Entró en las nacientes instituciones europeas y consolidó el sistema democrático, sentando las bases para el auge económico de los años siguientes.

De Gasperi fue reconocido como un hombre de gran fe e integridad moral. Numerosos testigos e historiadores coinciden en describirlo como un político movido por una profunda espiritualidad y una visión cristiana de la vida y del servicio público. Su fe inquebrantable fue para él una guía constante e inspiró todas sus decisiones y acciones políticas. No se limitó a profesarlo en privado, sino que lo tradujo en un compromiso concreto en la construcción de una sociedad justa y solidaria.

Uno de los rasgos distintivos de su carácter era la capacidad de afrontar las dificultades con serenidad y esperanza. Su visión de Europa, basada en la cooperación entre los pueblos, reflejaba un enfoque inclusivo y con visión de futuro, en marcado contraste con las divisiones nacionalistas que habían marcado al continente en décadas anteriores. Para él, la frontera no era una barrera divisoria, sino un puente entre diferentes culturas.

De Gasperi practicó la política con sentido de justicia y rectitud. Nunca buscó el poder por interés personal, sino que lo entendió como un servicio a la nación. Su atención a los más débiles y su compromiso por el bien común demuestran cómo la caridad cristiana no era para él un principio abstracto, sino una virtud concreta que debía encarnarse en la vida política.

El legado político de Alcide De Gasperi sigue siendo hoy motivo de reflexión por su enfoque pragmático, su capacidad de mediación y su visión estratégica.

En un contexto de crisis política e institucional, su ejemplo ofrece importantes perspectivas para el debate contemporáneo. Uno de los aspectos más relevantes de su acción política es la construcción de una Europa unida. De Gasperi fue uno de los primeros en comprender que la cooperación entre los estados europeos era la clave para garantizar la paz y la estabilidad. Su contribución al proyecto europeo es hoy más relevante que nunca, en un momento en el que la integración europea se enfrenta a desafíos complejos y el riesgo de fragmentación está siempre presente. Su idea de una política basada en el diálogo entre diferentes fuerzas sociales y políticas también sigue siendo un modelo de referencia. En una época marcada por la polarización y el populismo, el método de De Gasperi, basado en la comparación constructiva y la búsqueda de soluciones compartidas, aparece como un enfoque necesario para reconstruir la confianza en las instituciones.

El Siervo de Dios es recordado no sólo como un gran estadista, sino sobre todo como un hombre de profunda fe en Dios y de rectitud moral. Su vida estuvo marcada por dificultades y pruebas, pero siempre afrontó cada obstáculo con espíritu de servicio y con una visión cristiana del bien común; Nunca perdió la fe en la Divina Providencia y la determinación de buscar la justicia. Su compromiso político no estuvo impulsado por ambiciones personales, sino por una sincera vocación de servicio a los demás, tanto que su acción ha sido definida como “profética, sacerdotal y regia” en la misión de construir un futuro mejor para la sociedad.

La figura del Siervo de Dios sigue siendo extraordinariamente actual: su contribución a la construcción de la democracia italiana, su papel en la integración europea y su modelo de liderazgo político ofrecen elementos de reflexión para afrontar los desafíos del presente.

En un contexto de crisis de representación política, su ejemplo nos invita a redescubrir el valor del servicio público, de la competencia y de la responsabilidad. Sus pensamientos y sus acciones políticas no sólo pertenecen a la historia, sino que constituyen un recurso para el futuro, un punto de referencia para quien quiera comprometerse con seriedad y dedicación por el bien común. Quienes lo conocieron directamente lo describen como un hombre humilde y reservado, pero capaz de transmitir una profunda espiritualidad a través del ejemplo de su vida.

Su hija María Romana dijo que su padre vivió su fe con constancia, sin ostentación, alimentada diariamente con la oración y la meditación. Incluso personalidades ilustres, como san Juan XXIII, han reconocido la grandeza del testimonio cristiano del Siervo de Dios De Gasperi. El Pontífice, de hecho, habló de él como un hombre inspirado en una visión bíblica de la vida y del servicio a los demás. Su legado espiritual y político sigue vivo en la memoria de muchas personas. Su ejemplo de integridad, servicio y compromiso con el bien común sigue siendo un punto de referencia para la sociedad contemporánea, especialmente en una época en la que la política a menudo parece carente de valores e ideales.

La Fundación dedicada a él difunde este mensaje, promoviendo actividades culturales y sociales inspiradas en los principios que guiaron su vida.

Tras su muerte, la emoción popular fue inmensa. Miles de personas acompañaron su féretro desde Trento hasta Roma, demostrando espontáneamente su afecto y su fe en un hombre justo y virtuoso. Algunos incluso pidieron su intercesión, como lo demuestran las invocaciones escuchadas a lo largo del camino: “¡Alcides, ruega por nosotros!”.

Este sentimiento colectivo de admiración se tradujo en una fama sanctitatis, o la creencia generalizada de que De Gasperi había vivido las virtudes cristianas de manera ejemplar. Su muerte, acompañada de una gran protesta popular, da testimonio de que era percibido no sólo como un estadista, sino como un líder moral importante para la nación.

Esperamos que la Iglesia reconozca las virtudes heroicas de Alcide De Gasperi. En un momento histórico en el que se necesitan líderes creíbles y coherentes, la figura del Siervo de Dios De Gasperi surge como un modelo actual, capaz de ofrecer enseñanzas válidas para las personas involucradas en la política y la sociedad. Su legado espiritual y político sigue siendo un faro para las generaciones futuras, demostrando que la integridad, la dedicación y el sentido del deber pueden dejar una huella indeleble en la historia de un país.

Traducción del original en lengua italiana realizado por el director editorial de ZENIT.

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Redacción Zenit

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