(ZENIT Noticias / Santiago de Compostela, 05.01.2026).- La ruta de peregrinación más emblemática de España ya no es un fenómeno estacional ni una práctica religiosa de nicho. A finales de 2025, el Camino de Santiago se había consolidado como uno de los corredores culturales y espirituales más dinámicos de Europa, atrayendo a más de medio millón de personas a Santiago de Compostela en un solo año y confirmando una tendencia que no muestra signos de desaceleración.
Según cifras oficiales de la Oficina del Peregrino en Santiago, 530.987 personas completaron al menos una de las rutas jacobeas reconocidas durante 2025. Si bien los peregrinos españoles siguen teniendo una presencia considerable, con 228.527 caminantes, ahora representan una minoría en general. Más de 297.000 peregrinos procedieron del extranjero, lo que subraya la transformación del Camino en un referente global que atrae a caminantes de todos los continentes.
Lo que llama especialmente la atención no es solo la magnitud de la participación, sino también la diversidad de motivaciones que la impulsan. Casi la mitad de todos los peregrinos en 2025, unas 233.000 personas, declararon emprender el Camino por motivos explícitamente religiosos. Otras 170.000 combinaron la fe con intereses culturales, personales o espirituales, lo que sugiere que la peregrinación sigue funcionando como un espacio donde se entrelazan la creencia, la introspección y el patrimonio. Quienes no declararon ninguna motivación religiosa fueron poco menos de 98.000, menos de una quinta parte del total, una cifra que desmiente la frecuente suposición de que el Camino se ha convertido simplemente en una experiencia secular de senderismo.
Para comprender la importancia de estas cifras, conviene recordar lo que representa el Camino de Santiago. En esencia, es una red de rutas históricas de peregrinación que conducen a la tumba del apóstol Santiago el Mayor, que tradicionalmente se cree que está enterrado en Santiago de Compostela. Desde la Edad Media, los peregrinos han recorrido estos caminos como un acto de devoción, penitencia o acción de gracias. A lo largo de los siglos, monasterios, hospitales, puentes y pueblos surgieron a lo largo del Camino, configurando un paisaje cultural único que hoy es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En la era moderna, el Camino ha conservado sus raíces religiosas, abriéndose a un público más amplio, atraído por la historia, la naturaleza y la búsqueda de significado.
La evolución del Camino tras la pandemia aporta más contexto. En 2019, el último año completo antes de que la COVID-19 interrumpiera los viajes en todo el mundo, se registraron poco más de 347.000 peregrinos. El repunte ha sido constante y pronunciado: 438.000 en 2022, 446.000 en 2023, alrededor de medio millón en 2024 y, actualmente, más de 530.000 en 2025. Más que un aumento temporal, los datos sugieren una expansión estructural del atractivo de la peregrinación.
La distribución de los peregrinos entre las rutas también revela preferencias claras. El Camino Francés volvió a dominar el panorama, con 242.175 caminantes, casi el 46 % del total. Su infraestructura, prestigio histórico y accesibilidad lo siguen convirtiendo en la columna vertebral de la red jacobea. El Camino Portugués le siguió de cerca, atrayendo a poco más de 100.000 peregrinos, mientras que la Ruta Portuguesa de la Costa consolidó su posición con cerca de 90.000 participantes, lo que refleja el creciente interés por los itinerarios que combinan la peregrinación con paisajes marítimos.
Otras rutas mantienen una presencia significativa, aunque más modesta. El Camino Inglés superó los 30.000 peregrinos, beneficiándose de distancias más cortas y el aumento de las conexiones internacionales. El Camino Primitivo y el Camino del Norte, cada uno con alrededor de 21.500 senderistas, siguen atrayendo a quienes buscan terrenos exigentes y paisajes espectaculares. La Vía de la Plata, más larga y austera, atrajo a menos de 9.000 peregrinos, mientras que rutas menos conocidas, como el Camino de Invierno o Muxía-Fisterra, siguen siendo marginales, pero de importancia simbólica dentro de la red general.
Los patrones estacionales se mantienen constantes. El Camino es tranquilo en los meses de invierno, con enero y febrero registrando un tráfico mínimo. El número de peregrinos comienza a aumentar en marzo y se dispara a partir de abril. Mayo, junio y septiembre se convierten en los meses punta, combinando un clima favorable con una afluencia de público moderada. Julio y agosto se mantienen con una alta afluencia, impulsados principalmente por el turismo internacional y las vacaciones escolares, antes de un descenso gradual durante el otoño.
En conjunto, las cifras de 2025 apuntan a un Camino de Santiago a la vez antiguo y notablemente contemporáneo. Con raíces en la devoción medieval, ahora funciona como un punto de encuentro global donde coexisten la fe, la cultura y la transformación personal. Lejos de perder su identidad espiritual, el Camino parece estar redefiniéndola para una nueva generación de peregrinos que continúan caminando, por razones antiguas y nuevas, hacia Compostela.
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