Francesco Guaraldi
(ZENIT Noticias – Custodia di Terra Santa / Qasr al-Yahud, 13.01.2026).- Como cada año, en la Solemnidad del Bautismo del Señor, la comunidad cristiana de Tierra Santa se reunió a orillas del río Jordán para conmemorar el acontecimiento evangélico en el que Jesús fue bautizado por San Juan Bautista. Esta celebración, profundamente arraigada en la historia de la Iglesia, concluyó el tiempo litúrgico de Navidad y ofreció a los fieles y peregrinos presentes un momento de reflexión sobre el significado de su bautismo cristiano y su pertenencia a la comunidad eclesial.
Lugar de la celebración: Qasr al-Yahud
La ceremonia tuvo lugar en Qasr al-Yahud, situado en la orilla oeste del río Jordán, cerca de Jericó. Según la tradición cristiana, este es el lugar donde Jesús se sumergió en las aguas del Jordán para recibir el bautismo, según se relata en los Evangelios. El lugar, ahora acondicionado para recibir a los peregrinos, sirvió de escenario para procesiones y celebraciones litúrgicas en las que participaron frailes, fieles locales y numerosos peregrinos, incluyendo los de las parroquias de Jericó, Belén, Jerusalén y Beit Hanina.
Bienvenida, Procesión y Celebración Eucarística
El día comenzó con la bienvenida en el Convento Franciscano del Buen Pastor en Jericó, donde la comunidad católica local, junto con las autoridades civiles y religiosas, dio la bienvenida a los frailes de la Custodia de Tierra Santa y al Custodio, Fray Francesco Ielpo. Entre los presentes se encontraban los cónsules de Italia, España, Francia y Bélgica, testimonio de la atención y el apoyo de los representantes diplomáticos a este importante evento religioso.
Posteriormente, la comunidad procedió en procesión al lugar del Bautismo. Al llegar a la orilla del río, los fieles participaron en la celebración eucarística al aire libre, en un ambiente de reflexión y participación, marcado por la sencillez del lugar y el poderoso simbolismo de las aguas del Jordán. Durante la Misa, se proclamó el pasaje evangélico que conmemora el bautismo de Jesús. La homilía enfatizó cómo, a través del bautismo, todo creyente se convierte en hijo de Dios y miembro vivo de la Iglesia, llamado a dar testimonio del Evangelio en la vida diaria.
Una Celebración Participativa
La celebración contó con una significativa participación de fieles locales, especialmente de Jerusalén, Belén y Jericó. Grupos parroquiales, religiosos y religiosas, familias y peregrinos se reunieron en este lugar de gran significado espiritual, uniéndose en una sola liturgia. La presencia de comunidades de diferentes partes del mundo destacó el carácter universal de la Iglesia y el profundo vínculo que une a los cristianos con los lugares evangélicos.
Al final de la celebración, el Custodio de Tierra Santa expresó su sincero agradecimiento a las autoridades civiles presentes y a todos los que contribuyeron al éxito de la jornada. Se agradeció especialmente a todos los que dedicaron su tiempo y dedicación a la organización de la celebración: desde el servicio litúrgico hasta la preparación de los espacios, desde los cantos hasta la gestión de los aspectos logísticos y administrativos.
Un mensaje de fe y fraternidad
La celebración del Bautismo de Cristo en el Jordán no fue solo un rito litúrgico, sino también un signo concreto de continuidad entre las antiguas tradiciones cristianas y la fe que se vive hoy. En una región marcada por complejas realidades sociales y políticas, este evento anual representó un momento de oración compartida y testimonio cristiano.
La fiesta del Bautismo del Señor se convirtió así, una vez más, en una oportunidad para renovar nuestro compromiso con la paz, la fraternidad y el diálogo, recordando a los fieles su responsabilidad de vivir el Evangelio en su vida diaria y de preservar el legado espiritual de Cristo, el Cristo bautizado y redentor.
El Monte de las Tentaciones
Tras la celebración en el río Jordán, los frailes de la Custodia de Tierra Santa, junto con las autoridades civiles y los fieles, peregrinaron a la cima del Monte de las Tentaciones. Aquí se encuentra el monasterio greco-ortodoxo, que recuerda los relatos evangélicos de las tentaciones de Jesús en el desierto y los cuarenta días de ayuno y oración que experimentó el Señor después de su bautismo. El lugar, con vistas a la llanura de Jericó, ofreció a los participantes un momento ulterior de reflexión y meditación, permitiéndoles conectar idealmente el misterio del Bautismo de Cristo con el inicio de su vida pública y la prueba que vivió en el desierto.
Traducción del original en lengua italiana realizado por el director editorial de ZENIT.
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