El domingo 27 de mayo de 2018, en presencia del artista y numerosos miembros de la comunidad china de París, el arzobispo Michel Aupetit bendijo la capilla recién decorada en memoria de San Pablo Chen

China en el corazón de la catedral de Notre Dame de París

Las reliquias de este joven seminarista fueron traídas por el vicario apostólico de Kweichow, la actual archidiócesis china de Guiyang, Mons. Louis Faurie, que lo había conocido, al seminario de Misiones Extranjeras de París, donde este obispo se había formado como seminarista

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(ZENIT Noticias – OMPress / París, 22.01.2026).- Con la restauración de Notre Dame de París se ha creado dentro de esta catedral una ruta de peregrinación, que partiendo de grandes figuras bíblicas y pasando por santos vinculados a París, culmina en un “envío misionero”, la capilla de San Paul Chen, un joven mártir chino de Infancia Misionera.

El nombre de nacimiento de este niño era Changpin. Había nacido en una familia no cristiana y su padre lo veía como una carga. Para librarse de él, lo abandonó en un orfanato de religiosas católicas que lo cuidaron gracias a las ayudas que recibían de la Obra de la Santa Infancia, la actual Obra Pontificia de Infancia Misionera. Son las mismas ayudas que hoy siguen llegando a muchos niños del mundo, para permitirles tener esperanza y hacer realidad sus sueños. Y Paul tenía claro su sueño. Un día les dijo a los misioneros que quería ser sacerdote… el problema es que ni siquiera estaba bautizado por lo que fue en el mismo seminario menor, tras una adecuada preparación, cuando recibió el bautismo rodeado de sus compañeros seminaristas. Al bautizarse se puso el nombre de San Pablo, el primer misionero. Paul tenía la gran ilusión de llevar a Cristo a todos los que no lo conocían, por eso estudiaba sin descanso, ayudaba a los demás e impulsaba la labor de la Infancia Misionera en China, de la que él era miembro.

A la edad de 23 años, en plena persecución contra los cristianos, fue detenido junto a otro compañero seminarista. Tras una dura temporada en la cárcel, a la que podría haber puesto fin con solo renunciar a su fe, finalmente fue ejecutado el 29 de julio de 1861. Su festividad se celebra el 9 de julio, la fiesta de 120 mártires chinos.

Las reliquias de este joven seminarista fueron traídas por el vicario apostólico de Kweichow, la actual archidiócesis china de Guiyang, Mons. Louis Faurie, que lo había conocido, al seminario de Misiones Extranjeras de París, donde este obispo se había formado como seminarista. Años después, tras ser beatificado en 1909 por el Papa Pío X, el director internacional de la Obra de la Santa Infancia, Mons. Roger de Teil, organizó un solemne traslado desde la capilla del seminario misionero hasta la Catedral de Notre Dame. Era el 10 de junio de 1920. Sus reliquias fueron depositadas en la Capilla de la Santa Infancia que ya existía en la catedral parisina.

La ceremonia fue presidida por el cardenal Amette, arzobispo de París, en presencia de cinco obispos misioneros de diferentes continentes, seminaristas de los tres seminarios de misiones que había en la capital francesa –Sociedad de Misiones Extranjeras de París, espiritanos y lazaristas–, y un gran número de niños asociados a la Santa Infancia. Había también un grupo de jóvenes chinos que estudiaban en París. El elogio fúnebre del beato fue pronunciado por el obispo misionero Paul-Marie Reynaud, lazarista y vicario apostólico de Zhejiang Oriental.

En 2016, poco antes del famoso incendio de Notre Dame, se puso en marcha una remodelación de la capilla de la Santa Infancia que resaltara la conexión entre esta Obra y China, de manera que los numerosos turistas chinos que visitaban la catedral conocieran los vínculos que los unían con ella. Se contactó con Yin Xin, un pintor chino, que aceptó el encargo de la creación de tres obras originales de inspiración china: “La Virgen y los Niños”, una pintura de Paul Chen y un “duilian” –un díptico– con dos oraciones chinas.

En la “Virgen y los niños”, siguiendo la tradición de tantas obras artísticas que representan a la Virgen y al Niño, el rayo de luz no emana de una vela externa, sino del mismo Niño Jesús, a quien María sostiene en brazos. En el lienzo están los dos ideogramas chinos sheng mu (聖母), que literalmente significan “Santa Madre”, y que los católicos chinos utilizan para traducir “Nuestra Señora”. A ambos lados de la escultura de Jesús con los niños, una obra de Geoffroy-Dechaume de 1854, se encuentran las dos frases del díptico: (神恩廣闊遍宇宙 主愛高深滿人間) pueden traducirse como: “La inmensidad de la gracia divina impregna el universo” y “El amor infinito de Dios colma las expectativas humanas”.

El domingo 27 de mayo de 2018, en presencia del artista y numerosos miembros de la comunidad china de París, el arzobispo Michel Aupetit bendijo la capilla recién decorada en memoria de San Pablo Chen. Paneles explicativos en francés, inglés y chino permitían a los visitantes comprender mejor el carácter único de esta capilla china dentro de la Catedral de Notre Dame.

Un año después tuvo lugar el incendio, en abril de 2019, que no afectó a esta capilla. Sin embargo, en el proyecto de renovación de la catedral tras el incendio, las capillas laterales de la nave se han dispuesto a lo largo de una ruta de peregrinación. Esta ruta comienza al norte del edificio, en “l’allée de la Promesse”, el camino de la Promesa, con importantes figuras bíblicas del Antiguo Testamento, desde Noé hasta Elías, y continúa al sur, en “l’allée de la Pentecôte”, el camino de Pentecostés, dedicado a la Iglesia y al desarrollo de la santidad en los miembros de Cristo. Los santos se suceden: la sabiduría de Salomón se refleja en la inteligencia de Santo Tomás de Aquino, la figura del Siervo de Isaías en el espíritu de servicio de San Vicente de Paúl, y así sucesivamente. Cada capilla está dedicada a un santo cuya vida está vinculada a la archidiócesis de París y que ofrece una expresión particular de la obra del Espíritu Santo.

En este gran conjunto, Paul Chen no solo no pasa desapercibido, sino que se encuentra al final del camino de Pentecostés, frente a Noé, como el cumplimiento de las narraciones bíblicas: la fidelidad, la universalidad de la salvación, etc. Esta posición permite que el recorrido por la catedral concluya con un “envío misionero”, un envío a la misión, fruto final de Pentecostés. La Promesa sigue vigente, y la historia sagrada continúa en todo el mundo. En la Capilla de la Santa Infancia, ahora rebautizada como de San Pablo Chen, el Espíritu de unidad se hace visible en los rasgos chinos de María y su Hijo y en la presencia de un mártir chino que se benefició de la solidaridad de otros niños que le ayudaron desde muy lejos a través de los misioneros.

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Redacción Zenit

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