(ZENIT Noticias / Caracas, 22.01.2026).- La Conferencia Episcopal Venezolana difundió un mensaje el 3 de enero tras la detención de Maduro por fuerzas norteamericanas, pidiendo serenidad, oración y rechazo a la violencia.
«Ante los acontecimientos que hoy vive nuestro país, pidamos a Dios nos conceda a todos los venezolanos serenidad, sabiduría y fortaleza”. El episcopado expresó solidaridad con las personas heridas y los familiares de los fallecidos. También reclamó preservar la unidad nacional y abrir caminos de encuentro: «Hacemos un llamamiento al Pueblo de Dios para vivir más intensamente la esperanza y la oración ferviente por la paz en nuestros corazones y en la sociedad. Rechazamos cualquier tipo de violencia».
Los prelados pidieron decisiones a quienes conducen el país orientadas desde el bien común y que «nuestras manos se abran para el encuentro y la ayuda mutua».
El arzobispo Jesús González de Zárate, presidente de la conferencia episcopal venezolana y arzobispo de Valencia, en Venezuela, fue entrevistado por National Catholic Reporter, conversación que se publicó el 13 de enero. En la entrevista manifestó que «han sido días tensos, vividos en una calma tensa y con sentimientos encontrados».
Los negocios reabren, las escuelas retoman el trabajo y el arzobispo González señala que muchos venezolanos siguen conmocionados por la violencia y sus consecuencias. «El mayor impacto es en el estado emocional: inquietud, miedo”.
En cuanto al papel de la Iglesia, el arzobispo explicó que la actividad de la Iglesia se ve en la asistencia de los fieles a las celebraciones eucarísticas dominicales que era casi habitual. Hubo precauciones impuestas por las medidas dictadas por el gobierno, pero la vida de la iglesia se ha manejado con calma y prudencia.
Y aclaró que “la Iglesia Católica, durante mucho tiempo ha sido una de las instituciones de mayor confianza en Venezuela en medio de la polarización política y el colapso económico. El clero de todo el país informa que los feligreses buscan tranquilidad y claridad ante los acontecimientos que plantean profundas cuestiones sobre la legalidad, la soberanía y el estado de derecho”.
Además, comentó que “la Iglesia Católica sigue siendo un punto de referencia moral principal para la mayoría del pueblo venezolano. Su papel en la vida pública se caracteriza como pastoral, no político, un hecho subrayado por encuestas recientes. Nosotros, los obispos venezolanos, hemos trabajado diligentemente para mantener la unidad entre nosotros y dentro de nuestras diócesis, respetando la pluralidad de perspectivas y esforzándonos por la inclusión”.
La complejidad de la situación creada pide intervenciones tranquilas según el arzobispo: “El hecho de que las iniciativas para encontrar una solución con la participación de todos hayan sido frustradas durante tanto tiempo ha generado, en vastos sectores de la población, una gran desconfianza e incluso descrédito hacia cualquier cosa que huela a diálogo y negociación”.
Respecto a las necesidades materiales de los católicos venezolanos, el prelado sugirió: “La realidad económica de Venezuela es de un empobrecimiento generalizado, lo que significa que la gran mayoría de la población apenas puede cubrir necesidades básicas como alimentos, sanidad y transporte. Vivimos en una economía fragmentada donde los salarios han sido diezmados y están sujetos a altas tasas de inflación”.
E informó que la acción de la Iglesia ante las necesidades es constante: “Con la ayuda de instituciones internacionales, pero sobre todo gracias a la generosidad y formación de una amplia red de voluntarios sociales, llevamos a cabo diversos programas para abordar la desnutrición infantil, el embarazo y la lactancia, así como las situaciones de riesgo ambiental. También se han desarrollado programas de asistencia alimentaria a nivel local (cocinas comunitarias, comedores sociales para niños y ancianos), junto con diversos servicios de salud, defensa legal para personas desplazadas y vulnerables, y formación en la doctrina social de la iglesia”.
También advirtió que las posiciones de la Iglesia han sido cuestionadas por las autoridades y por otros sectores políticos. Se dieron momentos de tensión que afectaron a muchas comunidades.
Y añadió: “La confianza en las instituciones solo se restaurará mediante acciones concretas. Este es el gran reto. Un cambio de personal no es suficiente. Debe haber una verdadera transformación de los valores que sustentan las instituciones de la vida social, política, económica y cultural del país. Aquí, cuestiones como la verdad, la justicia, la responsabilidad, la honestidad en la administración y la distribución justa de los recursos pertenecientes a todos los venezolanos son muy importantes”.
El arzobispo consideró que la responsabilidad para resolver las expectativas de los venezolanos es de todo el pueblo. La ayuda exterior es necesaria, pero será inefectiva si falta la participación de la población para resolver sus necesidades y problemas. La Iglesia promueve la acción de toda Venezuela para superar cualquier dificultad.
Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.
