Basílica Catedral de la Santísima Madre de la Luz Foto: Francisco Meza / El Sol de León

Catedral de León y Basílica de Guanajuato intervenidas gracias a la ayuda de los católicos

La basílica ha tenido un largo historial de restauraciones recientes. Una de las tareas más delicadas fue la restauración profesional de la propia imagen de la Virgen de Guanajuato. La escultura de madera y su base de plata llevaban más de un siglo sin conservación especializada

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(ZENIT Noticias / León, Guanajuato, 08.02.2026).- En el corazón del estado de Guanajuato, dos emblemáticos templos católicos se encuentran en un cuidadoso proceso de restauración que revela la colaboración entre la fe, las instituciones públicas y las comunidades locales para preservar el patrimonio religioso. En León y en la capital del estado, las obras en curso no son espectaculares en apariencia, pero son decisivas para la supervivencia de edificios que han forjado la identidad local durante siglos.

En León, la Basílica Catedral de la Santísima Madre de la Luz —hogar espiritual de la patrona de la ciudad— se encuentra en rehabilitación desde enero de 2026. El proyecto se financia principalmente con las limosnas y donaciones de los fieles locales, un modelo que refleja tanto la devoción como un fuerte sentido de responsabilidad compartida por los espacios sagrados.

Según el padre Antonio Borja, rector de la catedral, las obras actuales son resultado de evaluaciones técnicas realizadas hace varios años. Alrededor de 2020, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México, junto con representantes de la Arquidiócesis de León, realizaron una inspección que identificó dos prioridades urgentes: las cubiertas y el sistema eléctrico. La humedad se había estado infiltrando en el edificio, tanto desde arriba como a través del suelo, amenazando la estructura y los acabados interiores.

Abordar estos problemas requirió una intervención compleja. El gran tamaño de la catedral, junto con sus anexos y capillas, significó que el trabajo fue mucho más allá de una simple impermeabilización. Una vez que las cubiertas estuvieron completamente restauradas y selladas, finalmente se pudo prestar atención al exterior.

La fase actual se centra en la fachada principal, una superficie de cantera ricamente tallada que ha sufrido los efectos de la contaminación, la lluvia, la proliferación biológica y, sobre todo, los efectos corrosivos de los excrementos de aves. El proyecto incluye andamios, barreras de seguridad y una limpieza sistemática de la piedra. Se están reparando los elementos de madera dañados, se rellenan las puntas deterioradas y se instalan picas antipájaros para evitar que las palomas aniden y aceleren el deterioro. La fachada se divide en tres secciones; la restauración comenzó con las zonas laterales, más sencillas, y ahora ha llegado a la sección central, la más elaborada y delicada. El padre Borja estima que esta etapa durará aproximadamente tres meses.

Aunque el rector no especificó el costo total del proyecto, enfatizó que ha sido posible gracias a la constante generosidad de los feligreses. Sus contribuciones están salvaguardando un edificio cuya construcción comenzó en 1732, originalmente como el Templo de la Compañía Nueva, bajo la dirección de los jesuitas. Las obras se interrumpieron durante décadas tras su expulsión en 1767, reanudándose de forma intermitente hasta el siglo XIX, una historia que explica las diferencias visibles en la cantería de la fachada.

La iglesia fue elevada a la categoría de catedral el 21 de febrero de 1864, cuando el Papa Pío IX creó la Diócesis de León. En su interior, alberga la imagen de la Santísima Madre de la Luz, traída de Sicilia y proclamada patrona de la ciudad en 1810. Paralelamente a las obras exteriores, la catedral ha experimentado importantes mejoras interiores desde 2020, incluyendo la retirada del cableado obsoleto, la restauración del suelo de la Capilla de San José y la modernización del sistema de iluminación.

A aproximadamente una hora de distancia, en la ciudad de Guanajuato, se desarrolla una historia paralela en la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Allí, la limpieza y restauración de la fachada principal comenzaron el 8 de enero y está previsto que concluyan el 8 de abril. El proyecto está supervisado por el arquitecto Miguel Ángel Ibarra Álvarez, designado por las autoridades patrimoniales, y financiado con recursos gestionados por el gobierno estatal.

El padre Víctor Manuel González Guerrero, rector de la basílica, ha enfatizado que el mantenimiento continuo no es opcional en los edificios religiosos históricos. La exposición a la contaminación, la humedad y los agentes biológicos hace que la intervención continua sea esencial para la supervivencia de estos monumentos. El proceso de aprobación de esta última ronda de financiamiento tardó aproximadamente un año, pero las obras se planificaron de manera que los servicios religiosos y el acceso de los fieles se realicen sin interrupciones.

La basílica ha tenido un largo historial de restauraciones recientes. Una de las tareas más delicadas fue la restauración profesional de la propia imagen de la Virgen de Guanajuato. La escultura de madera y su base de plata llevaban más de un siglo sin conservación especializada. La obra, que reparó grietas en la madera y devolvió el brillo a la plata, tuvo un costo aproximado de 389,000 pesos y se financió principalmente con donaciones directas de la comunidad católica.

También se abordaron problemas estructurales en los niveles superiores del edificio. El sellado de la cúpula y los techos para detener las persistentes filtraciones requirió una inversión de aproximadamente 1.68 millones de pesos, con fondos repartidos entre el gobierno estatal (741,000 pesos), el gobierno municipal (741,000 pesos) y aportaciones ciudadanas de casi 200,000 pesos. Una vez protegido el edificio de las filtraciones de agua, la atención se centró en los elementos interiores y decorativos. Uno de los momentos más impactantes para los vecinos fue la bajada y la minuciosa limpieza del enorme candelabro central, restaurado pieza por pieza para devolverle su antiguo esplendor.

En el exterior, la restauración se centró en el muro del atrio, donde el tiempo había reducido a fragmentos secciones de la cantera. La sustitución de estos elementos devolvió la dignidad a la entrada principal de la basílica. En junio de 2024, el gobierno estatal anunció un paquete de inversión adicional de 2.1 millones de pesos específicamente para la basílica, destinado a reemplazar la piedra dañada, restaurar el candelabro principal y rehabilitar las superficies interiores de las bóvedas.

A lo largo de 2025 y los primeros meses de 2026, se continuó trabajando en el pulido de la fachada y en el correcto funcionamiento de los sistemas de drenaje, previniendo futuros daños por agua. Con una inversión total superior a los 4 millones de pesos, la basílica ahora se alza no solo visualmente más refinada, sino estructuralmente preparada para perdurar durante décadas.

Tanto en León como en Guanajuato, estos proyectos resaltan un aspecto menos visible pero crucial de la vida eclesiástica: la lenta, técnica y a menudo poco atractiva labor de conservación. Piedra a piedra, cable a cable, estas intervenciones garantizan que los lugares de culto sigan siendo espacios religiosos vivos y testigos de la historia, sostenidos por una combinación de responsabilidad pública y fe privada.

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Enrique Villegas

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