(ZENIT Noticias / Madrid, 10.02.2026).- Ha concluido CONVIVIUM. La Asamblea Presbiteral que se ha celebrado el lunes 9 y martes 10 de febrero, en el Auditorio Pablo VI. Ha leído las conclusiones el padre Juan Carlos Merino, Vicario del Clero, junto al equipo de voluntarios (quienes han recibido una ocasión al nivel de las rosquillas que las Oblatas de Cristo Sacerdote prepararon para los cafés).
«Alegría y agradecimiento» han sido las dos palabras que el vicario ha utilizado para resumir todo lo vivido en estos días. «CONVIVIUM es un verdadero don de Dios; Solo el Señor sabe las gracias derramadas en este proceso presbiteral». Merino ha ido desgranando las conclusiones. «Estamos contentos de ser curas», y «vivimos con gozo nuestra vocación». El pueblo quiere sacerdotes santos, y «se nos pide custodiar esto que se nos ha regalado». «Somos discípulos pastores» que forma un único presbiterio con nuestro obispo. «Se nos regala la fraternidad sacerdotal», y por eso «estamos llamados a una conversión relacional» para «superar la tentación del individualismo».
El ser sacerdote es «inseparable de la misión», pero hay una prioridad de «cuidado integral y acompañamiento personal del sacerdote». En este sentido, se pide «normalizar la vulnerabilidad, pedir ayuda y ser escuchados sin juicio». Aparece la «urgencia de crear vínculos auténticos» entre los sacerdotes, con espacios y actividades para ellos y «se insiste en reenganchar a quien está aislado».
En los asuntos pastorales, hay un deseo de «menos burocracia y más ayuda práctica para liberar al sacerdote», con la simplificación de estructuras y la delegación administrativa en los laicos para «que el sacerdote se centre en lo propiamente pastoral». Así, se demanda «pasar de un modelo centrado en funcionamiento a un modelo centrado en la comunión y el cuidado».

Tras la lectura de las conclusiones, los propios sacerdotes han plasmado en palabras lo que para ellos han supuesto CONVIVIUM: fraternidad, comunión, esperanza, alegría, abrazo, ilusión, hermanos, gratitud, familia, acompañamiento, encuentro, vulnerabilidad, evangelio, ungidos, sanación, queridos…
La despedida del cardenal Cobo
El arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, ha aportado sus diez propias palabras que «son un tono que ha ido apareciendo en todas y cada una de las preasambleas (seis), y durante estos días días (cuatro)». En primer lugar, la llamada a caminar juntos («no estamos aquí por una idea, sino porque hemos sido llamados»).

La segunda es la propia palabra CONVIVIUM. «Somos los convocados, y convocados a ejercer la pastoral con otros, no solitariamente». Otra palabra que ha señalado: la centralidad en el encuentro con Cristo. Junto a ella, una que ha salido en numerosas ocasiones: escucha, al Espíritu, a la Palabra, a la Iglesia, entre los sacerdotes, al pueblo, a Madrid. Ha añadido la humildad, porque «el Espíritu es el que nos guía» y «todos tenemos algo que aportar».
Otra frase es «seguir caminando con la diversidad de nuestro laicado», animando a despertar la identidad bautismal como vocación. En este punto, ha diferenciado entre «delegar», y «compartir la responsabilidad en la evangelización». Un séptimo concepto, el de la diversidad. «Tenemos el desafío de integrar la diversidad».

El octavo, «cuidarnos», algo que ha salido de manera constante en todo el proceso de CONVIVIUM. Junto a ello, la fraternidad sacerdotal, y cerrando la nube de palabras del cardenal Cobo, la esperanza en que esta fraternidad sea abierta. «Somos hombres de Eucaristía, y por tanto instrumentos para generar comunidades cristianas».
«En Madrid, el obispo no puede llegar a cada rincón, pero están sus sacerdotes», ha subrayado, y ha insistido en que «la Iglesia necesita un impulso vocacional y lo damos con nuestro testimonia, y la vocación nace de un presbiterio ilusionado; no hay futuro sin el cuidado de las vocaciones, y no hay vocaciones si el ministerio deja de ser alegre o pierde el tono de la fraternidad».

Poniendo la fraternidad sacerdotal en manos de la Virgen de la Almudena, el arzobispo de Madrid ha clausurado la Asamblea Presbiteral. «Gracias por ser curas», seguido de un aplauso emocionado por parte de todo el auditorio. «Y ahora, a seguir trabajando».
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