Beatitud Sviatoslav Shevchuk. Foto: Religión Digital

4 años de la invasión rusa en Ucrania: un análisis desde la Iglesia

La respuesta del Papa León XIV es clara y profundamente pastoral. El Pontífice confiesa que la violencia en las relaciones, y en particular la violencia contra las mujeres, es para él fuente de gran sufrimiento

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(ZENIT Noticias / Roma, 09.03.2026).- El Papa León XIV recibió el 12 de febrero a la cabeza de la Iglesia greco-católica ucraniana, Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, en el Palacio Apostólico Vaticano. Según un comunicado de la Santa Sede, el arzobispo agradeció al Papa su solidaridad y apoyo a Ucrania, así como los esfuerzos diplomáticos del Vaticano por alcanzar una paz justa y duradera en el país durante estos cuatro años de guerra.

El Arzobispo Mayor de Kyiv dijo al Santo Padre: «Me alegra poder llegar y visitarle.» Durante el encuentro, se prestó especial atención a la vida actual de la Iglesia greco-católica ucraniana y a la dimensión global de su servicio. Shevchuk enfatizó que la Iglesia greco-católica ucraniana es una Iglesia particular y a la vez global, presente en todos los continentes del mundo: «Nuestra Iglesia particular, la cristiandad de Kiev, es de origen ucraniano, pero no es una Iglesia solo para los ucranianos, sino que está abierta a la proclamación del Evangelio a todos los pueblos, precisamente gracias a la plena comunión visible con el Sucesor del Apóstol Pedro», declaró al Pontífice.

Tras el inicio de la invasión rusa de Ucrania, el conflicto ha cambiado de rostro: de lucha con tanques se ha pasado a enjambres de drones evolucionados por la tecnología. El conflicto destroza al pueblo con la industria armamentística en rápido crecimiento, mientras el sacrificio de las personas no disminuye.

Las cifras de bajas en ambas partes se ocultan. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CCEI) estima las muertes y heridos de ambos contendientes cerca de los dos millones de personas. Rusia tendría un millón y 250 mil entre muertos, heridos y desaparecidos, y Ucrania superaría los 600 mil. El CCEI calcula que Rusia pierde más de mil soldados al día en muertos y heridos, ganando entre 20 y 70 metros de tierra cada jornada. Por su parte, Ucrania ha reconocido oficialmente 55.000 soldados caídos y alto número de desaparecidos.

Rusia controla 20% del territorio ucraniano, incluyendo Crimea y Donbás. En 2025, el año más sangriento del conflicto, el ejército de Putin ganó entre 4 y 5 mil kilómetros cuadrados, equivalente a 1% del territorio ucraniano. El avance ucraniano en suelo ruso es insignificante en su guerra defensiva ante el ataque recibido.

Otro aspecto notorio es el desplazamiento de personas: Ucrania ha registrado siete millones de refugiados, tres millones y medio internos. Hay doce millones y medio de personas que dependen de ayuda humanitaria externa. Cuatro millones de niños ucranianos han abandonado la escuela. El sistema sanitario está comprimido y el sistema energético bajo constantemente ataque ruso con su aliado eterno: el general invierno. Además, crece el rencor sin saber cómo se apaciguará.

En entrevista a VaticanNews, Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk comentó: “Es un aniversario trágico. Nadie habría imaginado jamás una guerra en Europa que durara cuatro años. Y, cuando hablamos de cuatro años, nos referimos únicamente a la invasión rusa a gran escala. De hecho, la guerra comenzó en 2014 con la ocupación de Crimea y parte del Donbás oriental. Nos enfrentamos a una verdadera tragedia que, en los últimos meses, se está agravando aún más. El número de civiles muertos y heridos no deja de aumentar. Puedo decir que incluso al comienzo de la invasión, en 2022, la situación no era tan dramática como lo es hoy, especialmente durante este invierno, sobre todo en la capital ucraniana”.

Sobre la vida diría en Kiev, el arzobispo explicó: “Este invierno es el más riguroso de la última década: la temperatura en Kiev ha bajado hasta los veinte grados bajo cero. Los rusos están destruyendo metódicamente las infraestructuras vitales de las ciudades ucranianas, en particular de la capital. Kiev, una de las capitales más grandes de Europa, que cuenta con casi cuatro millones de habitantes. El sistema de calefacción y electricidad está centralizado: cada barrio tiene su propia central que suministra electricidad y agua caliente a los edificios. En nuestro barrio no hay gas: cocinamos con electricidad, que también es necesaria para bombear agua potable a los edificios de nueve o veinte pisos. Este invierno, muchas centrales, construidas en la época soviética y cuyos planos conocían los rusos, fueron destruidas. Cuando la temperatura bajó de los veinte grados, ya no fue posible suministrar electricidad y agua caliente; las tuberías se congelaron y reventaron, y los sistemas sanitarios también sufrieron graves daños. Imaginen un edificio de tres mil personas: todo se congela en los departamentos, la temperatura interior es apenas superior a la exterior, los baños son inutilizables. Muchos están atrapados en sus casas y no saben a dónde ir. Probablemente, los sacerdotes y religiosos siguen sintiendo una profunda empatía, sobre todo porque ellos mismos han vivido el duelo en sus propias familias”.

Sobre las pérdidas de familiares, Su Beatitud Sviatoslav expresó: “Un psicoterapeuta me dijo: «Cuando bombardean Kiev, ¿sufres incluso estando en Roma?». Es un signo de trauma. Por eso acompañamos a nuestros sacerdotes a través de un programa de «sanación de heridas»: aquellos que han vivido y superado su propio sufrimiento se convierten en «médicos heridos», capaces de comprender a quienes sufren y guiarlos hacia la sanación, incluida la psicológica y mental. La salud mental y espiritual es el centro de nuestro compromiso. Estamos adquiriendo una experiencia sin precedentes, que puede convertirse en un tesoro para otras Iglesias que no han vivido una tragedia similar, con el fin de ayudar a las personas a acercarse a Dios, a Cristo, fuente de salvación y salud, no solo espiritual, sino también mental y física”.

La Iglesia en Ucrania ha experimentado de diversas maneras la solidaridad de la Iglesia universal y Su Beatitud expuso: “Durante estos cuatro años, hemos recibido mucha solidaridad de toda la Iglesia universal, alentada sobre todo por el Santo Padre Francisco, de bendita memoria, y ahora por el papa León. Estamos muy agradecidos al Santo Padre y a todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo, a todas las personas de buena voluntad que han expresado su cercanía. Esta solidaridad ha tenido altibajos. Recuerdo los primeros días de la guerra, cuando la ayuda humanitaria llegaba en grandes cantidades desde diferentes países de Europa y de todo el mundo. El año pasado, en 2025, la ayuda casi había desaparecido. Cada vez era más difícil conseguir la aprobación de proyectos destinados a quienes no tenían medios para sobrevivir. A principios de 2025, se estimaba que alrededor de cinco millones de personas en Ucrania se encontraban en situación de inseguridad alimentaria, pero que solo 2,5 millones podían beneficiarse de la ayuda. Este invierno, trágico por el frío y las dificultades, las imágenes de personas que sufren y que intentan resistir han reavivado la solidaridad internacional, recordando febrero-marzo de 2022”.

Y añadió: “Me gustaría contar un episodio concreto. Después de cada bombardeo en Kiev, suelo compartir información con mis amigos. Envié a una decena de personas una imagen de las consecuencias de un ataque acompañada de un pequeño comentario: «Hemos sobrevivido a otra noche infernal en Kiev. Temperatura de menos veinte grados. La lucha por la vida, la humanidad y la solidaridad continúa». Entre los destinatarios se encontraba el cardenal Grzegorz Ryś, arzobispo de Cracovia, quien respondió inmediatamente con un gesto de solidaridad. El domingo siguiente, anunció una colecta para Kiev, haciendo público mi mensaje. Tres días más tarde, nos escribió diciendo que ya se había ingresado un millón de zlotys en la cuenta de Caritas, que también organizó colectas de ayuda humanitaria y aportó su contribución. Hoy vivimos una ola de solidaridad que va más allá del apoyo económico: para nosotros es importante que todas las parroquias europeas hablen del sufrimiento de Kiev, porque la memoria y la oración cristianas han sabido conmover las conciencias y los corazones. Estamos profundamente agradecidos a todos los que han contribuido a salvar vidas en Ucrania”.

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Rafael Llanes

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