(ZENIT Noticias / Maguncia, 17.08.2026).- Una nueva disputa sobre quién puede predicar en la misa en Alemania está revelando una división más compleja que un simple enfrentamiento entre Roma y la Iglesia alemana.
El obispo Peter Kohlgraf de Maguncia afirma que no autorizará la predicación laica durante la misa. Sin embargo, también declara que no sancionará a las parroquias donde esta práctica persista, a pesar de que Roma ha reafirmado recientemente que la homilía está reservada a sacerdotes y diáconos.
Esta distinción puede parecer técnica. En la práctica, plantea una cuestión mucho más amplia sobre cómo se aplican las normas católicas universales cuando las costumbres pastorales locales se han desarrollado en una dirección diferente.
La postura de Kohlgraf surgió después de que el Vaticano rechazara una solicitud de los obispos alemanes para una exención que permitiera a los laicos predicar durante la misa. En una carta del 17 de junio, emitida en nombre del papa León XIV, el cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, reafirmó la norma vigente.
Esta disposición no es una medida nueva dirigida específicamente a Alemania. Forma parte de la disciplina litúrgica universal de la Iglesia. La Instrucción General del Misal Romano establece que la homilía normalmente la pronuncia el sacerdote celebrante, puede confiarse a un sacerdote concelebrante y, cuando sea apropiado, a un diácono, pero no a un laico.
Kohlgraf reconoce esta limitación.
«Si una laica está capacitada para predicar, ¿puede dar la homilía?», se le preguntó.
Su respuesta fue inequívoca: no según las normas romanas vigentes. Afirmó que ni él ni ninguna otra autoridad diocesana podían simplemente conceder permiso, ya que el derecho canónico no lo permite.
Sin embargo, la respuesta práctica del obispo es considerablemente menos confrontativa.
Reconoció que en algunas parroquias de Maguncia, los laicos ya se han acostumbrado a predicar. No pretende fomentar esta práctica, pero tampoco piensa imponer medidas disciplinarias cuando se entere de que se ha producido.
«Tomo nota» de estos casos, explicó, y remito las quejas al párroco o director pastoral correspondiente.
Este enfoque ha creado, de hecho, un punto intermedio inusual: la norma sigue vigente, pero su incumplimiento no conlleva automáticamente sanciones.
Kohlgraf afirma que esto se debe en parte a su temor de que la reafirmación del Vaticano genere una cultura de denuncia dentro de las parroquias. Comentó haber recibido quejas de católicos que le instaban a intervenir y que algunos ahora contactan directamente con el nuncio apostólico o con Roma.
Para el obispo, el problema no reside únicamente en la aplicación litúrgica, sino en el efecto que dicha aplicación puede tener en las relaciones dentro de comunidades católicas ya divididas.
La controversia también tiene una dimensión histórica.
Alemania tuvo en su momento una exención que permitía a laicos debidamente capacitados predicar en ciertas circunstancias, incluidas las misas escolares. Kohlgraf señaló que tales disposiciones existían en la década de 1970 y que en aquel entonces no se consideraban intrínsecamente problemáticas. La exención fue posteriormente retirada.
Cree que podría considerarse una nueva exención, cuidadosamente definida. Su argumento es esencialmente pastoral: Alemania cuenta con un número considerable de laicos católicos con formación teológica y experiencia pastoral, capaces de comunicar las Escrituras con eficacia. En lugar de considerar esta experiencia como una amenaza, la ve como un recurso que podría servir a la Iglesia.
«La considero un tesoro para la Iglesia», afirmó.
Pero es precisamente aquí donde la distinción entre utilidad pastoral y autoridad canónica cobra importancia.
Kohlgraf no afirma que su valoración prevalezca sobre Roma. Al contrario, acepta explícitamente que no puede conceder el permiso que desearía que se restableciera. Su postura es, en cambio, que la práctica actual en algunas parroquias debe tolerarse sin que se convierta en una política diocesana formal.
Esto obliga al obispo a transitar por una delgada línea entre la fidelidad a la disciplina universal y la adaptación a la práctica local establecida.
Además, existe un detalle significativo en la crítica de Kohlgraf al razonamiento del Vaticano. Sugirió que si la restricción se entendiera en el sentido de que solo el sacerdote que preside la Misa puede predicar, entonces un sacerdote concelebrante o un diácono que participe en la celebración también deberían quedar excluidos.
Sin embargo, esa interpretación no refleja con exactitud la carta de Roche. El Vaticano permite explícitamente que un sacerdote concelebrante predique y, cuando procede, que lo haga un diácono.
La distinción es importante porque revela qué regula realmente la norma romana. La cuestión no radica simplemente en si alguien distinto del celebrante principal puede hablar desde el púlpito, sino en si la persona que pronuncia la homilía está ordenada.
Para Roma, por lo tanto, la cuestión está ligada a la estructura sacramental y litúrgica de la Misa, no meramente a la competencia teológica o a la oratoria.
La solución preferida de Kohlgraf sería una exención en lugar de un conflicto abierto.
Esta opción permitiría a la Iglesia reconocer la realidad pastoral de algunas comunidades alemanas, preservando al mismo tiempo la autoridad de la Santa Sede para definir las circunstancias en las que puede tener lugar la predicación laica. Tal arreglo también sería fundamentalmente diferente a que un obispo diocesano decida unilateralmente que la norma universal ya no se aplica.
Por ahora, sin embargo, Roma no lo ha concedido.
El resultado es un acuerdo que no constituye ni una rebelión abierta ni una aplicación estricta: la Diócesis de Maguncia acepta formalmente la prohibición, mientras que su obispo afirma que no suprimirá activamente una práctica que ya existe en algunas parroquias.
Este episodio también ilustra una dificultad recurrente en la Iglesia Católica: el derecho universal y la cultura pastoral local no siempre evolucionan al mismo ritmo.
Una práctica puede normalizarse en una parroquia sin ser legal según el derecho canónico. Por el contrario, una norma puede ser universalmente vinculante, pero su aplicación se topa con circunstancias pastorales que hacen que su cumplimiento sea controvertido.
Kohlgraf parece apostar por esta distinción.
Acepta la autoridad de Roma, pero argumenta que la Iglesia debería reconsiderar si la disciplina actual aprovecha al máximo los recursos teológicos disponibles en Alemania.
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