(ZENIT Noticias / Roma, 20.10.2026).- María Middleton, del condado de Bucks en la Arquidiócesis de Filadelfia, falleció en 2020 a los 18 años, Su causa de canonización fue abierta tras consultar a los obispos de Pensilvania y tras la votación de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos ante el impacto espiritual de su testimonio.
María nació el 10 de septiembre de 2002 y fue bautizada en la parroquia de St. Agnes en Sellersville. Asistió a la Regina Academy en St. John the Baptist en Ottsville y al Villa Joseph Marie High School en Holland. Destacó como estudiante y deportista. Era muy ingeniosa y oraba con profunda piedad.
A los 11 años, inició un diario espiritual que comenzaba con la frase «Dios es misericordioso». Y sus últimas palabras escritas antes de su muerte por complicaciones de un tumor cerebral inoperable fueron «Piensa en esperanza«.
Los primeros escritos de María describen su intención de usar sus dones para servir a Dios. «Uno de los mensajes que deja María, especialmente con los jóvenes intentando averiguar ‘¿Qué hago con mi vida?’, nos da un mensaje precioso: Toma los dones que te dieron y úsalos para servir», comentó su madre Susan.
Jeannine Marino, canonista experta en procesos de canonización, presentó al arzobispo Nelson J. Pérez la petición de apertura de la causa de María Middleton en la Arquidiócesis de Filadelfia en nombre de la Fundación Think Hope. Los documentos presentados al arzobispo Pérez incluyeron el libro titulado “Piensa en la esperanza”, que narra el recorrido de la «vida de confianza inquebrantable en Dios» de la joven.
María recibió el diagnóstico el 30 de enero de 2019: un tumor cerebral inoperable en el tronco encefálico. El pronóstico daba entre nueve y doce meses de vida. La enfermedad fue causa de mucho dolor. María escribió ese día que «fue el mejor año de su vida» porque entendía que «la alegría y el dolor coexisten», declaró su madre Susan. Y explicó que, en los siguientes veinte meses, «María se centró en la alegría en medio de su dolor. No se detuvo en el sufrimiento, sino en el momento presente, donde Dios vive y la gracia de Dios está ahí para ayudar. Así es como lo gestionó.»
Brian, padre de María, describe la experiencia de su familia y la posible santidad de su hija como «surrealistas». Al conocer el diagnóstico, se dijo: «Empezamos a experimentar cosas que no se podían explicar. Empezamos a darnos cuenta, como decía María, que no era un castigo: era el propósito de su vida. Nos consuela saber que María está en el cielo. Si la Iglesia piensa que María puede ser un modelo a seguir para difundir a Dios aún más, queremos ayudar en todo lo que podamos».
Sobre la reputación de santidad de María, Brian su padre señaló la capacidad para vivir heroicamente con el cáncer hasta el final natural, lo que puede sintetizarse en cuatro mensajes. La seguridad de María en su identidad como hija de Dios todopoderoso. Entendió también que nuestra libertad controla la actitud ante lo está fuera de nuestro control y, por eso, «eligió la gratitud sobre la ira, eligió el sentido sobre la victimización y eligió la esperanza sobre la desesperación”. Ella valoró que «su propósito era, es y siempre será conocer, amar y servir a Dios, sirviendo a otros en este mundo y, en última instancia, ser eternamente feliz con Él en el cielo en el siguiente. Su propósito nunca cambió, ni siquiera con un diagnóstico terminal». Además, atesoraba las cosas supremas porque «valoraba la verdad, la belleza y la bondad.»
El arzobispo recibió los documentos el 22 de junio ante los padres de María, los abogados canónicos y los asesores del Centro Pastoral Arquidiocesano de Filadelfia. La petición también será presentada al Dicasterio para las Causas de los Santos de la Santa Sede.

Personas de todo el mundo han contactado con la familia Middleton y han aportado historias sobre cómo profundizaron en la fe y en el compromiso cristiano por el ejemplo de María. «La gente le pide su intercesión: personas que se ven afectadas por su vida. Y lo mucho que está presente y activa en su vida», declaró Susan, porque les aporta «un modelo de esperanza», dijo Susan, Y añadió: «Me cuesta porque quiero que esté aquí, pero Dios tenía un plan diferente para ella y ahora veo que ese es el plan mayor. Ella no me pertenece ni a mí ni a Brian: pertenece a (Dios) y al mundo.»
«La mayor tranquilidad en su habitación era ella», recordaría más tarde el padre Simione Volavola, que acompañó a la familia en aquellos momentos. Con el avance de la enfermedad, perdió primero capacidades motoras. Después dejó de oír, de tragar y de hablar. Pero nunca perdió la paz interior ni la esperanza.
Incluso durante su enfermedad pensó en los demás. Y le gustaba la música de Taylor Swift y los Jonas Brothers. Recibió una ayuda de la fundación Make-A-Wish y no pidió un regalo para sí, sino que la destinó para ayudar a una niña de Uganda y a su escuela.
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