el 34,6% de los católicos de entre 18 y 24 años se considera practicante Foto: conelpapa.es

Los jóvenes españoles siguen alejándose de la religión, pero crece la práctica entre quienes se mantienen católicos

La principal novedad del estudio no consiste, en definitiva, en anunciar una vuelta generalizada de los jóvenes a la Iglesia, algo que las cifras no permiten sostener. Su interés reside en mostrar que, incluso en una generación donde la no religiosidad es mayoritaria, la práctica entre quienes siguen identificándose como católicos alcanza niveles relativamente elevados y la desvinculación religiosa ha retrocedido ligeramente desde 2021

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(ZENIT Noticias / Madrid, 24.10.2026).- La secularización continúa marcando el panorama religioso español, aunque los datos más recientes revelan una evolución que introduce matices en el diagnóstico habitual: los jóvenes siguen siendo la generación menos religiosa del país, pero entre quienes conservan su identidad católica se observa una mayor intensidad de la práctica. Según el informe “Laicidad en cifras. Análisis 2026”, el 34,6% de los católicos de entre 18 y 24 años se considera practicante, un porcentaje superior al registrado entre los católicos de varias generaciones adultas.

El estudio, elaborado por Josep Mañé y Joan Gorina, de la Fundación Ferrer i Guàrdia, utiliza, entre otras fuentes, los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas correspondientes a 2025. Aunque la entidad defiende expresamente la laicidad y una separación efectiva entre las instituciones públicas y las confesiones religiosas, reconoce en sus conclusiones un fenómeno que merece atención: la práctica religiosa repunta entre las personas más jóvenes.

La cifra resulta especialmente llamativa cuando se compara con la de otros grupos de edad. Entre los católicos de 25 a 34 años, el porcentaje de practicantes desciende al 24,1%; entre los de 35 a 44 años se sitúa en el 25,2%, y entre los de 45 a 54 años alcanza el 27%. También supera el 28,5% registrado entre los católicos de 55 a 64 años. La práctica aumenta considerablemente en las generaciones de mayor edad, hasta alcanzar el 53,1% entre los mayores de 75 años.

No se trata, sin embargo, de una recuperación generalizada de la religiosidad juvenil. El mismo informe señala que el 55,4% de los españoles de 18 a 24 años se declara no religioso, frente al 53,7% de quienes tienen entre 25 y 34 años. Los jóvenes continúan, por tanto, a la cabeza de la desvinculación religiosa, pero su comportamiento no responde por completo a la imagen de un alejamiento uniforme e irreversible de la fe.

Hay otro dato que refuerza esta interpretación. En 2021, el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que se consideraban no religiosos llegó al 60,9%. Desde entonces ha descendido progresivamente hasta el 55,4% de 2025. La evolución apunta a un retroceso moderado de la no religiosidad en esta franja, aunque todavía es pronto para determinar si se trata de un cambio duradero o de una oscilación dentro de una tendencia secularizadora más amplia. Entre los adultos de 25 a 44 años, la proporción de personas no religiosas se ha mantenido relativamente estable.

La distribución por sexos ofrece asimismo una particularidad. Tradicionalmente, las mujeres presentan mayores niveles de práctica religiosa que los hombres, una diferencia que suele acentuarse con la edad. Entre los católicos más jóvenes, en cambio, la distancia prácticamente desaparece: el 34,8% de los hombres se declara practicante, frente al 34,5% de las mujeres. Es el único grupo de edad analizado en el que los varones superan a las mujeres, aunque por un margen mínimo.

En el conjunto de España, la situación sigue siendo distinta de la que reflejan estos indicios entre los jóvenes. En 2025, el 55,1% de la población se identificaba como católica y otro 3,5% pertenecía a otras religiones. Las personas ateas, agnósticas, indiferentes o no creyentes representaban conjuntamente el 39,3%, mientras que alrededor del 2% no se posicionaba. En otras palabras, la identificación religiosa continúa siendo mayoritaria, aunque la pertenencia cultural o nominal no implique necesariamente una vida de fe activa.

La distancia entre identidad y práctica constituye, de hecho, uno de los principales desafíos para la Iglesia católica en España. Entre quienes se declaran católicos, el 33,5% se considera practicante y el 66,5% no practicante. A comienzos de siglo, la proporción de personas religiosas que afirmaban practicar su fe alcanzaba el 59%. La transformación de las últimas décadas no afecta, por tanto, únicamente al número de personas que se identifican con una religión, sino también al lugar que esta ocupa en su vida cotidiana.

El informe aborda igualmente cuestiones educativas y económicas relacionadas con la presencia de la religión en la sociedad. Entre sus datos figura que el 18,1% del alumnado español estudia en centros concertados confesionales. Al mismo tiempo, el 43,6% de los estudiantes de Primaria y el 48,2% de los de Educación Secundaria Obligatoria no cursan Religión; en Bachillerato, la proporción se aproxima a siete de cada diez alumnos.

Estos indicadores se presentan desde la perspectiva de una fundación comprometida con la promoción de la laicidad, por lo que sus propuestas sobre la financiación de la Iglesia, la enseñanza religiosa y la neutralidad institucional deben distinguirse de los datos estadísticos que utiliza para fundamentarlas. La defensa de la libertad religiosa exige precisamente que el debate público no confunda la neutralidad del Estado con la irrelevancia social de las creencias, ni convierta la secularización en una medida automática del progreso democrático. En una sociedad plural, tanto las convicciones religiosas como las no religiosas merecen respeto, dentro del marco de los derechos fundamentales.

La principal novedad del estudio no consiste, en definitiva, en anunciar una vuelta generalizada de los jóvenes a la Iglesia, algo que las cifras no permiten sostener. Su interés reside en mostrar que, incluso en una generación donde la no religiosidad es mayoritaria, la práctica entre quienes siguen identificándose como católicos alcanza niveles relativamente elevados y la desvinculación religiosa ha retrocedido ligeramente desde 2021.

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