(ZENIT Noticias / Rome, 27.10.2026).- El Papa León XIV aprovechará su próximo viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú para expresar su solidaridad con las víctimas de abuso clerical, según anunció el Vaticano el 27 de octubre. La protección y la sanación de los sobrevivientes figuran entre las principales preocupaciones de su primera visita a estos tres países latinoamericanos.
El viaje, programado del 6 al 17 de noviembre, incluirá encuentros destinados a reafirmar la responsabilidad de la Iglesia hacia quienes han sufrido abusos cometidos por miembros del clero. Según la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Papa desea no solo acompañar a los sobrevivientes, sino también contribuir al desarrollo de vías accesibles hacia la sanación y asegurar que la Iglesia se convierta en un entorno seguro y espiritualmente sano donde el Evangelio pueda vivirse y proclamarse.
Este anuncio da una dimensión práctica a los compromisos que León XIV ha asumido en los últimos meses durante encuentros privados con sobrevivientes. En Madrid, el 8 de junio, recibió en la nunciatura apostólica a miembros del Proyecto Repara, una iniciativa de la arquidiócesis local. Expresó su cercanía, junto con la de la Iglesia en general, y prometió que las propuestas presentadas por las víctimas servirían de base para futuros esfuerzos por hacer de las comunidades eclesiales lugares más seguros donde las heridas pudieran encontrar consuelo y sanación.
Una segunda reunión, celebrada en Lourdes el 27 de septiembre, reunió al Papa con siete supervivientes durante aproximadamente dos horas. Cinco participantes relataron posteriormente el encuentro, informando que León XIV hizo hincapié en la necesidad de la máxima vigilancia y determinación en la búsqueda de la verdad, la justicia, el perdón y la reparación. También destacó la importancia de establecer una cultura de prevención y protección contra el abuso.
Estas conversaciones han ayudado a definir el enfoque del Papa: escuchar a los supervivientes debe conducir a medidas concretas, en lugar de quedarse en un gesto de compasión. El perdón, dentro de este marco, no puede sustituir a la verdad ni a la justicia, mientras que la promesa de sanación no exime a la Iglesia de su obligación de afrontar las injusticias y prevenir futuros daños.
En declaraciones a los periodistas a bordo del vuelo de Metz a Roma, León XIV subrayó por qué el abuso dentro de la Iglesia conlleva consecuencias particulares. El abuso sexual, afirmó, es fundamentalmente un problema humano, pero cuando ocurre dentro de una institución religiosa, puede dañar profundamente —y a veces destruir— la fe de las personas afectadas. Por lo tanto, la Iglesia tiene una responsabilidad particular de acompañar a los sobrevivientes y ayudarlos a encontrar un camino hacia la recuperación.
Para las víctimas, el daño puede ir más allá del delito original e incluir la pérdida de confianza en los sacerdotes, las comunidades religiosas y la fe misma. Esta realidad hace que la protección no sea solo una preocupación institucional o legal, sino también una responsabilidad pastoral. Una Iglesia que proclama la dignidad de toda persona debe demostrar ese compromiso mediante la rendición de cuentas, la protección y el cuidado constante de quienes han sufrido.
Las reuniones de León XIV en el extranjero han estado precedidas por varios encuentros en el Vaticano. Ha recibido a representantes de Ending Clergy Abuse, una asociación internacional que defiende a los sobrevivientes, a quince sobrevivientes belgas y a David Ryan, un irlandés que sufrió abusos en su infancia en un internado de Dublín.
El Papa también continúa una práctica establecida por sus predecesores. Benedicto XVI se reunió con víctimas durante sus visitas a Estados Unidos en 2008 y posteriormente en el Reino Unido, Australia y Alemania. El Papa Francisco también mantuvo encuentros con sobrevivientes durante sus viajes a Chile, Irlanda, Portugal y Bélgica.
Madrid marcó el primer encuentro de León XIV con sobrevivientes de abuso durante un viaje al extranjero, pero su próximo viaje a Latinoamérica ofrece otra oportunidad para convertir sus compromisos declarados en acciones concretas. El Vaticano ha presentado estos encuentros como parte de un esfuerzo más amplio para asegurar que quienes han sufrido sean escuchados y que sus experiencias contribuyan al cambio institucional.
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