(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 17.06.2026).- Por la mañana del miércoles 17 de junio, momentos antes de la audiencia general, el Papa León XIV recibió en audiencia en la sala adyacente al Aula Pablo VI a algunos miembros del Centro de Investigación y Formación de Protección al Menor (CEPROME) de la Iglesia latinoamericana. Ofrecemos a continuación el mensaje que el Santo Padre les dirigió:
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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con ustedes.
Buenos días y bienvenidos.
Queridos hermanos y hermanas:
Me alegro de recibirlos esta mañana, a ustedes que vienen de distintos países de América Latina, pero que tienen muy claro un objetivo común: trabajar a fin de que las comunidades eclesiales sean lugares seguros para todos, especialmente los niños, los adolescentes y las personas más vulnerables. Gracias por estar aquí y por realizar esta tarea tan importante.

Quisiera invitarlos a considerar cómo los primeros discípulos desde que se encontraron con Jesucristo quedaron cautivados, y ese momento marcó sus vidas de manera que comenzaron un camino de conversión, hasta el punto de entregarse por El sin reservas. Pero esa experiencia no es algo del pasado: todas las personas estamos llamadas a tener ese encuentro con el Resucitado y la oportunidad de vivir un proceso de identificación con Él. Eso, sin duda se da a través de la evangelización, y aquí es donde tiene lugar su labor: para que haya una verdadera experiencia de amor con el Señor, es necesario que tengamos espacios seguros. El encuentro con Cristo nos marca de manera positiva y nos proyecta a una vida plena de amor y libertad, mientras que sucede todo lo contrario con las situaciones de abuso, provocando heridas traumáticas que condicionan y merman el desarrollo espiritual y humano de la persona.
Es en la advertencia del mismo Señor en la que se funda la misión que ustedes han querido asumir, respondiendo al llamado de Cristo, cuando advierte sobre el cuidado de no ser un motivo de escándalo para los más pequeños (cf. Mt 18,6). En mi reciente viaje apostólico a España, les hablaba a los obispos sobre el dolor de quienes han sido heridos por quienes debían cuidarlos, situaciones ante las que «la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado» (Discurso a los obispos de España, 8 junio 2026). Esta tarea, a pesar de ser principal responsabilidad de quienes somos llamados a ser pastores, es un mandato para todos en la Iglesia, y algunos, como ustedes, la han asumido incluso en el ámbito profesional.

Yo les agradezco y al mismo tiempo los animo a seguir adelante con esta gran labor, fortaleciendo las redes de colaboración entre las Iglesias locales y las instituciones civiles, promoviendo la cultura de la prevención y del cuidado de los más vulnerables. Mi deseo es que todos los espacios en la Iglesia, ya sean físicos o virtuales, sean verdaderamente lugares para el encuentro fecundo con Jesucristo, libres de miedos, sospechas o desconfianzas.
Hermanos y hermanas, los encomiendo al amparo de la Virgen Santísima para que continúen trabajando por este sueño y que, cada vez más, vayan haciendo que toda la comunidad eclesial se involucre en él. Y con estos sentimientos, les imparto la Bendición Apostólica, que extiendo a sus familias, amistades y demás seres queridos. Muchas gracias.
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