(ZENIT Noticias / Lima, 29.10.2026).- Perú se prepara para recibir al Papa León XIV con una extraordinaria combinación de entusiasmo popular, coordinación militar y precauciones médicas. Su visita de seis días, programada del 11 al 16 de noviembre, lo llevará de regreso al país donde pasó más de dos décadas como sacerdote misionero y obispo. Sin embargo, su reciente cirugía pulmonar ha añadido una nueva dimensión a los preparativos: garantizar que el viaje se desarrolle sin poner en riesgo su salud.
La magnitud de la multitud esperada ya se evidencia en los preparativos para la Misa de clausura en Lima. Los organizadores anticipan hasta 1.2 millones de personas en la Base Aérea de Las Palmas, en el distrito de Surco, el 16 de noviembre. La entrada será gratuita, pero se requerirá un boleto digital que se obtendrá con anticipación. Según la Arquidiócesis de Lima, el registro a través de Ticketmaster estará abierto del 5 al 8 de noviembre. Cada cuenta podrá obtener hasta ocho boletos, y los asistentes deberán presentar el código QR correspondiente, impreso o en un dispositivo móvil, junto con el documento de identidad o pasaporte utilizado durante el registro.
Los organizadores han enfatizado que los boletos son personales e intransferibles. Cualquier intento de venta de entradas debe ser denunciado, y se ha advertido al público sobre sitios web fraudulentos que ofrecen acceso a cambio de dinero o donaciones. La base aérea abrirá a las 22:00 horas del 15 de noviembre, doce horas y media antes de que comience la misa a las 10:30 horas del día siguiente, con el fin de evitar aglomeraciones. Agentes de policía y cientos de voluntarios ayudarán a gestionar el acceso, y se instalarán 80 puntos de hidratación, el doble de los que se habilitaron para la misa del Papa Francisco en el mismo lugar en 2018. También se habilitará una zona reservada para personas con discapacidad y movilidad reducida.
La concentración de jóvenes en el Estadio Nacional y otros grandes eventos también se realizarán mediante registro digital. En Chiclayo, donde un número considerable de entradas tendrá códigos QR, se prevé que algunas zonas sigan siendo accesibles sin este sistema. Estas medidas reflejan el reto logístico que supone recibir a un papa cuya historia personal ha creado una conexión excepcionalmente fuerte con el país.
Sin embargo, la parte más exigente de los preparativos quizás no sean las multitudes, sino la geografía. El itinerario incluye Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa, así como Santa Cruz de Succhabamba, en los Andes septentrionales. Esta última localidad, a unos 2000 metros sobre el nivel del mar, ha sido identificada por los organizadores como uno de los puntos más delicados del viaje. La cabina del helicóptero prevista para este tramo no está presurizada, lo que hace que las medidas de seguridad médica adicionales sean especialmente importantes.
Tras la operación a la que se sometió León XIV para extirparle el lóbulo inferior del pulmón derecho tras la detección de cáncer, las autoridades peruanas han desplegado un importante sistema de apoyo aéreo y médico. La aeronave principal será un helicóptero Mi-17 perteneciente a la Fuerza Aérea Peruana, apoyado por otros tres helicópteros del mismo modelo, cada uno con capacidad para transportar hasta 24 personas. Helicópteros Bell 212 y Bell 412 estarán disponibles para evacuaciones médicas, mientras que una ambulancia aérea Beechcraft King Air 360C estará equipada para transportar pacientes en estado crítico. Médicos aeronáuticos y paramédicos acompañarán a la aeronave, y una ambulancia especialmente equipada estará disponible para proporcionar asistencia respiratoria en caso necesario. Los preparativos también contemplan ajustes menores para reducir el esfuerzo físico. Durante su visita a la catedral de Lima, por ejemplo, el Papa podría usar el ascensor en lugar de las escaleras. Los organizadores han declarado que no se han comunicado cambios oficiales en el programa y que la intención sigue siendo mantener el itinerario, garantizando al mismo tiempo que el pontífice pueda viajar cómodamente. Se espera que una delegación del Vaticano llegue a Perú para ultimar los preparativos, mientras que el Ministerio de Defensa y la Conferencia Episcopal Peruana coordinan la participación de las fuerzas armadas en la operación. El ministro de Defensa, Rafael Belaúnde Llosa, se reunió con el presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Carlos García Camader, y con Mons. Guillermo Inca, quien coordina la visita en nombre del episcopado.
El programa comienza el 11 de noviembre, fecha en que León XIV llegará a Lima y visitará el Palacio de Gobierno, la Plaza de Armas y el Teatro Nacional de San Borja. Al día siguiente, se reunirá con el clero y tendrá un encuentro con jóvenes en el Estadio Nacional. El 13 de noviembre, viajará a Chiclayo, donde permanecerá hasta el día siguiente y celebrará una gran misa pública. El 15 de noviembre, el Papa visitará Cusco, a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, y la región amazónica de Ucayali, antes de regresar a Lima. Su último día incluirá una visita a una residencia de ancianos en Callao y la misa en Las Palmas.
Para León XIV, esta no es simplemente una etapa más en su itinerario internacional. Perú es el país donde sirvió durante más de 20 años, desde la labor misionera hasta la dirección de la Diócesis de Chiclayo, y donde adquirió la ciudadanía. Por lo tanto, la visita tiene el carácter de un regreso a una comunidad con la que mantiene lazos pastorales de larga data.
Esa conexión también ayuda a explicar las expectativas que rodean su llegada. El padre Juan Bytton, secretario general de la visita, ha descrito los preparativos como un esfuerzo conjunto en el que participan el Estado, los obispos, las parroquias y los jóvenes. También ha hablado con franqueza sobre el difícil clima que se vive en el país, marcado por la inseguridad, los incendios, las presiones económicas y sociales, y los efectos de El Niño. Los peruanos, dijo, necesitan aliento y esperanza, y la presencia del Papa podría ofrecer una oportunidad para recuperar ambas.
Los organizadores esperan que la visita deje una huella imborrable. Pero más allá de las grandes multitudes y las elaboradas medidas de seguridad, su significado puede residir en algo menos cuantificable: el regreso de un pastor a un país que contribuyó a forjar su vida, en un momento en que su gente busca razones para afrontar el futuro con confianza.
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