el Papa León XIV pronunció la alocución dominical que precede al rezo de la oración mariana del Ángelus Foto: Vatican Media

La santidad explicada bellamente por León XIV en la solemnidad de todos los santos

Alocución en ocasión del rezo del Ángelus del domingo 1 de noviembre de 2026

Share this Entry

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 01.11.2026).- Al medio día del domingo 1 de noviembre, solemnidad litúrgica de todos los santos, el Papa León XIV pronunció la alocución dominical que precede al rezo de la oración mariana del Ángelus. Ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre se detuvo a reflexionar sobre la santidad, a propósito de la fiesta que se celebraba ese domingo. A continuación la traducción al castellano de las palabras del Papa:

***

Queridos hermanos y hermanas:

¡Feliz domingo!

La solemnidad de Todos los Santos, que hoy celebramos, nos invita a experimentar la alegría de esa innumerable familia de hombres y mujeres que, siguiendo al Señor Jesús, hicieron de su vida un don a Dios y al prójimo y que, en los diferentes caminos de santificación, anhelaron «el océano del amor infinito», según una bella expresión del Papa Benedicto XVI (Carta enc. Spe salvi, 12).

La liturgia de la Palabra de esta fiesta los describe como una «muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7,9). Hoy, de hecho, celebramos a todos los santos: a aquellos que la Iglesia ha reconocido como tales y también a tantos que no lo han sido, pero que Dios conoce. Como nos recuerda el Evangelio de hoy (Mt 5,1-12), se trata de pobres de espíritu, pero ricos en el amor de Dios. Tienen rostros surcados por las lágrimas, pero consolados en la oración. Son mansos frente a la violencia y recompensados por el Padre. Hambrientos de justicia y saciados en lo más profundo de su conciencia. Dispuestos al perdón y abrazados por la misericordia. Desarmados en el corazón, pero protegidos por Dios. Constructores de paz, a quienes Dios llama por su nombre. Perseguidos y ofendidos, pero fuertes en la fe y en la caridad.

Es totalmente cierto que resulta imposible “contar” la multitud de estos hermanos y hermanas, y no solo en términos numéricos: la santidad, de hecho, no se puede reducir a ningún cálculo, porque así es el bien que todos los santos han difundido a su alrededor en el mundo. Al contemplarlos con admiración, nos preguntamos: estas personas, con la gracia de Dios, ¿qué hicieron? Esencialmente, gestos y decisiones de amor, que superan los cálculos de la codicia y la prepotencia del mal que a veces parece prevalecer. Los santos y las santas son el signo más hermoso y más fuerte del Reino de Dios que viene; es más —como enseña Jesús—, que ya está entre nosotros (cf. Lc 17,20-21). Además, esta multitud bienaventurada abarca los más variados orígenes, culturas y situaciones de vida: la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal que nos interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos. Este es el mensaje lleno de esperanza de la fiesta de hoy: Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros no conocemos, llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso.

Que la Virgen María, bienaventurada por haber creído en la palabra del Señor, acompañe nuestros pasos en el camino de la santidad, para que no nos cansemos de construir la paz, tanto en los hechos más importantes como en los más sencillos de la vida cotidiana.

Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.

Share this Entry

Redacción Zenit

Apoya ZENIT

Si este artículo le ha gustado puede apoyar a ZENIT con una donación

@media only screen and (max-width: 600px) { .printfriendly { display: none !important; } }