En 2025, 4.486 personas fallecieron mediante suicidio asistido o eutanasia, lo que representa el 4% del total de muertes en el país Foto: Ciper Chile

La eutanasia representa el 4% de causas de muerte en Bélgica, según informe

Las cifras de Bélgica para 2025 revelan, en última instancia, no solo un aumento en el número de casos, sino una redefinición del contexto en el que se generan

Share this Entry

(ZENIT Noticias / Bruselas, 09.04.2026).- Las últimas cifras sobre eutanasia en Bélgica marcan un punto de inflexión que va más allá del crecimiento estadístico y se adentra en el ámbito de la transformación cultural. En 2025, 4.486 personas fallecieron mediante suicidio asistido o eutanasia, lo que representa el 4% del total de muertes en el país y un aumento del 12,4% con respecto al año anterior. Más de dos décadas después de su legalización, lo que antes se consideraba un recurso médico excepcional ahora parece estar cada vez más integrado en la toma de decisiones al final de la vida.

La evolución resulta impactante si se la sitúa en perspectiva histórica. En 2003, el primer año completo tras la legalización de la eutanasia en Bélgica, se registraron 235 casos. Desde entonces, las cifras han aumentado de forma constante, superando los 4.000 casos anuales y elevando el total acumulado a más de 42.000 muertes. Esta trayectoria sugiere no solo una aceptación gradual, sino un proceso de normalización en el que la práctica se ha expandido tanto cuantitativamente como, lo que es más importante, en su alcance.

Uno de los aspectos más debatidos de los datos de 2025 se refiere a la condición médica de quienes solicitaron la eutanasia. Casi una de cada cuatro personas (el 24,9 %) no tenía previsto fallecer a corto plazo por causas naturales. Estos casos incluían a personas que padecían afecciones como depresión, trastorno de estrés postraumático o discapacidades sensoriales como la ceguera, en lugar de enfermedades terminales. Este detalle es crucial, ya que pone de manifiesto un cambio: la eutanasia pasó de ser una respuesta a la muerte inminente a una interpretación más amplia, vinculada al sufrimiento en un sentido más subjetivo o crónico.

Esta tendencia se acentúa aún más al examinar los casos relacionados con trastornos psiquiátricos o cognitivos. En 2025, 151 personas con estas afecciones como diagnóstico principal fallecieron mediante eutanasia, lo que representa un aumento del 36 % con respecto al año anterior. Más del 92 % de estos pacientes no padecían una enfermedad terminal, un patrón que coincide con los datos desde 2018, donde más del 90 % de los casos de eutanasia por motivos psiquiátricos correspondían a personas que no se encontraban en fase terminal.

El marco legal belga ayuda a explicar esta expansión. A diferencia de muchas otras jurisdicciones, la ley no exige que un paciente padezca una enfermedad terminal para poder optar a la eutanasia. Desde 2014, la eliminación de las restricciones de edad ha ampliado aún más la elegibilidad, permitiendo que los menores considerados capaces de discernir soliciten el procedimiento. En 2025, al menos un menor falleció bajo estas disposiciones: un caso excepcional pero de gran significado simbólico que subraya la amplitud de la legislación.

Estos acontecimientos han reavivado el debate ético y político, tanto en Bélgica como a nivel internacional. Organizaciones como Right to Life UK argumentan que los datos revelan un sistema que se desvía de sus salvaguardias originales. Sus representantes señalan, en particular, el creciente número de casos no terminales y psiquiátricos como prueba de que los límites de la ley se interpretan con creciente flexibilidad.

En el centro de la controversia reside una cuestión fundamental: si la expansión de la eutanasia refleja una respuesta compasiva al sufrimiento humano o un cambio social en la valoración del sufrimiento mismo. Los críticos advierten de una «pendiente resbaladiza», donde los criterios de elegibilidad se amplían gradualmente, mientras que los defensores sostienen que la ley respeta la autonomía individual y proporciona alivio en los casos en que el sufrimiento se considera insoportable.

Desde una perspectiva católica, el tema tiene una marcada carga moral. La Iglesia se ha opuesto sistemáticamente a la eutanasia, considerándola no solo una violación de la santidad de la vida, sino también una falta de atención, acompañamiento y solidaridad adecuados para quienes sufren. El debate, por lo tanto, no se limita a los ámbitos jurídico o médico, sino que se extiende a una visión antropológica más amplia de la dignidad, la vulnerabilidad y el papel de la comunidad.

Las cifras de Bélgica para 2025 revelan, en última instancia, no solo un aumento en el número de casos, sino una redefinición del contexto en el que se generan. El país ha pasado de regular casos excepcionales en los márgenes de la vida a gestionar un sistema donde la eutanasia se entrelaza cada vez más con la salud mental, las enfermedades crónicas e incluso la juventud.

En ese sentido, la experiencia belga se ha convertido en un punto de referencia —ya sea como modelo o como advertencia— para otras naciones que consideran una legislación similar. La pregunta que plantea ya no es hipotética: una vez legalizada, ¿hasta dónde puede extenderse esta práctica antes de que su justificación original se vea fundamentalmente alterada?

Gracias por leer nuestros contenidos. Si deseas recibir el mail diario con las noticias de ZENIT puedes suscribirte gratuitamente a través de este enlace.

 

Share this Entry

Redacción Zenit

Apoya ZENIT

Si este artículo le ha gustado puede apoyar a ZENIT con una donación

@media only screen and (max-width: 600px) { .printfriendly { display: none !important; } }