(ZENIT Noticias / Washinton, 01.10.2026).- En un momento en que las tasas de matrimonio están disminuyendo, la práctica religiosa se reduce y muchos estadounidenses reportan una creciente soledad, un nuevo estudio ha identificado una sorprendente tendencia contraria: los católicos que asisten regularmente a misa reportan niveles sustancialmente más altos de felicidad conyugal y satisfacción sexual que los católicos que practican su fe con menos frecuencia.

El informe, titulado «La diferencia de la devoción: religión, calidad matrimonial y sexualidad entre los estadounidenses», fue publicado el 25 de septiembre por el Instituto de Estudios Familiares (IFS). Con base en datos de la Encuesta Social General, la Encuesta sobre Religión y Familia del IFS de 2026, CARA, YouGov, Pew Research y otras fuentes, el estudio examina cómo la práctica religiosa se asocia con el matrimonio, la vida familiar, la estabilidad matrimonial y las relaciones sexuales.
Su principal conclusión no es simplemente que las personas religiosas se casan con más frecuencia, sino que, entre los estadounidenses casados, la práctica religiosa activa se asocia con una experiencia matrimonial diferente.

Aproximadamente el 79% de los católicos practicantes describen sus matrimonios como muy felices, en comparación con el 66% de los matrimonios no religiosos. Entre los protestantes practicantes, la cifra asciende al 74%. Los investigadores definen la asistencia a la iglesia como la asistencia a misa o servicios religiosos al menos dos o tres veces al mes.
La diferencia también se observa antes del matrimonio. Los adultos que asisten regularmente a la iglesia tienen un 39% más de probabilidades de estar casados que quienes no lo hacen. Entre los estadounidenses de 20 a 54 años, el 57% de los católicos practicantes están casados, en comparación con el 47% de los católicos que asisten a misa menos de dos veces al mes.
El informe describe esto como una «paradoja entre fe y familia». Tanto la religión como el matrimonio han perdido terreno en la sociedad estadounidense desde la década de 1970; sin embargo, quienes continúan practicando su fe tienen más probabilidades de casarse, tener hijos y mantener una vida familiar.

La magnitud del declive religioso es considerable. El informe indica que la asistencia frecuente a servicios religiosos entre los estadounidenses disminuyó del 49 % en 1972 al 32 % en 2024. Entre quienes se identifican como católicos, la asistencia semanal a misa ha caído del 44 % en la década de 1970 a aproximadamente el 18 % en la actualidad. Las bodas católicas han disminuido de 415.000 en 1970 a 109.000 en 2024, lo que representa un descenso del 74 %.
Sin embargo, el estudio sugiere que el compromiso religioso puede ser más importante que la mera identificación religiosa. Los católicos nominales no muestran la misma ventaja matrimonial que los católicos que participan regularmente en la vida parroquial. La oración también parece significativa: el 67 % de los católicos que rezan diariamente reportan matrimonios estables, en comparación con el 60 % de quienes no rezan a diario.
Los hallazgos resultan particularmente notables cuando los investigadores examinan las relaciones sexuales, un ámbito donde a menudo se asume que la religión impone restricciones a expensas de la satisfacción.

Los datos apuntan en la dirección opuesta. El 69% de los católicos practicantes afirma tener relaciones sexuales al menos semanalmente, en comparación con el 60% de los católicos nominales y el 47% de los estadounidenses sin afiliación religiosa. En cuanto a la satisfacción sexual, el 55% de los católicos practicantes describe su vida sexual como «excelente» o «muy buena», frente al 45% de los católicos nominales y el 40% de las personas sin afiliación religiosa.
Los investigadores también descubrieron que las creencias sobre el matrimonio son importantes. Entre los católicos que consideran el matrimonio un compromiso permanente, el 60% afirma tener satisfacción sexual, en comparación con el 46% de los católicos que no comparten esa convicción.
Brad Wilcox, uno de los autores del informe y director de la iniciativa matrimonial del Instituto de Estudios Familiares, sostiene que estos hallazgos cuestionan la suposición de que las creencias religiosas tradicionales necesariamente socavan la satisfacción matrimonial o sexual. Según el estudio, las convicciones compartidas sobre el matrimonio, los roles familiares, los hijos y el futuro se asocian con relaciones más sólidas.

Sin embargo, el informe no presenta un panorama uniforme de familias católicas saludables. Uno de cada cuatro esposos católicos practicantes declara ver pornografía al menos mensualmente, en comparación con el 35 % de los esposos que rara vez o nunca asisten a la iglesia. Los investigadores también encontraron que los padres en familias católicas con tres o más hijos reportan menor felicidad conyugal. Wilcox señala la falta de apoyo de las comunidades parroquiales como un posible factor: solo el 46 % de los padres católicos practicantes afirma recibir al menos «algo de ayuda» de su parroquia.
El estudio también examinó a 1219 ex participantes del programa FOCUS y encontró que este grupo tenía más probabilidades de casarse y reportar matrimonios estables y felices que otros católicos, a la vez que mostraba menores niveles de satisfacción sexual. Los autores relacionan estos resultados con una práctica religiosa más constante y una mayor adhesión a las enseñanzas católicas tradicionales, si bien la muestra del estudio FOCUS representa a una población específica y no a todos los católicos.

El informe plantea, en última instancia, un argumento más amplio sobre lo que sucede cuando la creencia religiosa se convierte en una práctica comunitaria vivida, en lugar de ser simplemente una identidad. Entre sus recomendaciones se incluyen una preparación más intencionada para el matrimonio, un mayor apoyo parroquial a las familias y la formación en la fe para adolescentes y jóvenes adultos.
Las cifras sugieren que la fe comprometida y la vida familiar siguen estando estrechamente vinculadas para muchos católicos. Sin embargo, también indican que pertenecer a una parroquia no crea automáticamente un entorno familiar de apoyo.
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